
Sebastián Corona es expulsado ante las protestas de todo el equipo. | MIGUEL GARCÍA
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Un Huesca con diez, con un enorme esfuerzo y empujado por la afición, plantó cara al Numancia
Un punto de coraje fue lo que sumó el Huesca ante el Numancia. Los azulgranas se quedaron con diez cuando empezaban a ejercer el dominio del partido y habían neutralizado la fulgurante salida de los sorianos. Una errónea decisión "salomónica" del árbitro, que acarreó la expulsión de Corona, trastocó los planes de los oscenses, que tuvieron que cambiar de sistema y de plan para combatir la superioridad numantina.
Miguel Ángel BLASCO 11/10/2009
S.D. HUESCA 0
NUMANCIA 0
S.D. Huesca: Miguel, Robert, Corona, Dorado, Echaide, Helguera, Camacho, José
Végar (Juanma, minuto 72), Mikel Rico, Reinaldo (Iriome, minuto 74) y Moisés
(Rubiato, minuto 88).
Numancia: Eduardo, Javier Flaño, Balenziaga, Dimas, Vélez (Goiría,
minuto 54), Palacios, Del Pino, Mikel Alvaro (Mario, minuto 65), Jaio, Nano (Barkero,
minuto 79) y Pavón.
ÁRBITRO: Gil Manzano (Colegio Extremeño). Amonestó a Camacho, Echaide
y Corona (2, expulsado en el minuto 35) por el Huesca y a Balenziaga, Vélez,
Del Pino y Mikel Alvaro por el Numancia.
INCIDENCIAS: Tarde-noche fresca, con viento y buen ambiente en El Alcoraz, con unos
4.500 aficionados, de los cuales unos 250 seguidores del Numancia. Terreno de juego
bastante mejorado con respecto a jornadas anteriores. Una pancarta estratégicamente
situada en una de las torres de la luz, dedicada a Eduardo ("Edu, pequeño
portero, gran pesetero") "presidió" el partido.
HUESCA.- La afición, el mejor 12 que se puede echar a la espalda el
Huesca, apretó los dientes con los suyos y cabalgó desde la grada hasta
el final como en las mejores tardes. Fue una comunión perfecta. El equipo dejándose
el alma en el campo, echándole genio y furia, y la hinchada dando el do de
pecho desde todos los rincones. En un combate de boxeo, el Huesca habría ganado
con holgura a los puntos. Pero en el fútbol cuentan los goles y al Huesca le
faltaron ocasiones claras para ganar en esa última hora cargada de tensión,
con un ritmo notable y con coraje, mucho coraje. Frente a un Numancia que busca
el billete de regreso a la "liga de las estrellas" pero que ayer, francamente,
decepcionó a su paso por El Alcoraz. Si quitamos los cinco minutos iniciales,
los otros noventa que se jugaron fueron de fútbol rácano, contemporizador,
sin asumir ningún riesgo y dando por bueno un empate que se quedó corto
para sus aspiraciones y largo para su nula ambición.
Por si fuera poco, el Huesca tuvo que "lidiar" con un arbitraje de la llamada
línea dura. Condicionó el partido con la expulsión de Corona en una
acción en la que el central azulgrana cayó a la lona por un golpe del
ariete Vélez. Gil Manzano no lo vio, su asistente tampoco y la decisión
fue amonestar a los dos. Corona, que había visto diez minutos antes la primera
tarjeta, enfiló el camino de vestuarios. Antes no apreció nada en una
acción en la que Moisés fue arrollado en boca de gol, presto al remate,
y a lo largo del encuentro fue más permisivo con el Numancia y las faltas cometidas.
Y si hubiera sido un buen árbitro, algún jugador del Huesca habría
sido objeto de amonestación que no recibió.
El Numancia tomó la iniciativa en los primeros minutos. Pero el ímpetu
de los sorianos tuvo el efecto gaseosa. Después de un remate de Del Pino, que
remató al poste, el Numancia fue cediendo en la misma medida que el Huesca
fue nivelando las fuerzas y asomándose a la portería de Eduardo. No era
fácil penetrar en territorio soriano, donde había un entramado de efectivos
que ejercían una fuerte presión. Moisés, referencia ofensiva junto
con Reinaldo, mordía y volaba en busca de cada balón que le llegaba producto
del juego directo y se convertía en la principal pesadilla de los centrales
numantinos. José, en una entrada por banda derecha, acabó trompicado al
pisar el área. El Huesca, animado en su empuje, tuvo su mejor ocasión
por medio de Reinaldo, con un remate al que respondió Eduardo con un paradón
de los que no hace mucho brindó en El Alcoraz y que sirvió para mandar
el balón a córner. En ese mismo saque de esquina llegó el penalti
sobre Moisés ante el que el árbitro se hizo el sueco. Y en el colmo de
las desdichas, la expulsión de Corona que cambió el rumbo del partido.
Helguera retrasó su posición al centro de la defensa, Camacho y Rico compartieron
el medio centro, José pasó a la izquierda y Reinaldo apoyó más
por la derecha. La grada despidió el primer tiempo entre una ovación a
los suyos, por las ganas que le estaban echando, y una bronca monumental al árbitro.
En la reanudación el Huesca hizo lo posible y lo imposible por acercarse y
apretar. Los balones a Moisés eran como la búsqueda del tesoro. El veterano
ariete aparecía por todas partes con los centrales a sus espaldas o dándose
cabezazos con ellos en el juego aéreo. Se las tenía tiesas con Pavón
y Jaio, sí, pero ese trabajo inmenso del ariete no encontraba el complemento
de la oportunidad para asestar un golpe mortal.
El Huesca transmitía en el campo genio, carácter, corazón y una entrega
sin límites. Esa fe caló hondo en el ánimo de una hinchada que seguía
volcada, crecida con los suyos, orgullosa del trabajo que veía desplegar en
el campo, consciente también de las limitaciones con las que tenía que
combatir.
Los cambios que fue introduciendo Calderón fueron para no perder el afán
de victoria. El primero en entrar fue Juanma, con lo que Echaide pasó a compartir
el eje de la defensa con Dorado y Helguera dio un paso al frente, de nuevo en el
medio centro, escoltando a Mikel Rico y Camacho, con Reinaldo y Moisés por
delante. Poco después entró Iriome, para tratar de dar más velocidad
ante el cansancio de Reinaldo. Y a poco del final fue Rubiato quien tomó el
relevo de un Moisés que se llevó una enorme ovación y que poco antes
de despedirse había tenido otra escaramuza con Pavón, quien como último
defensa le obstaculizó y el árbitro castigó con falta, pero del delantero.
El Numancia estaba desaparecido en combate. En ningún momento decidió
tirar para arriba el cuadro soriano, cuyo ataque pasó desapercibido. No solo
por la seguridad defensiva del Huesca sino también por su nula vocación
ofensiva. Conformista hasta el aburrimiento, el equipo de Arconada expuso lo mínimo
y se limitó a aguantar sin contemplaciones, de forma ordenada y rocosa, el
cero en su portería.
Con un esfuerzo tan irreprochable como el que hizo ayer el Huesca, lo único
que se echó en falta fue el gol, que a fin de cuentas decide la suerte de los
partidos. Es el camino que está andando el Huesca para encontrarlo.
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