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Despoblación y ciudadanía


POR ENRIQUE SATUÉ
08/09/2018

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Respondo a la invitación para opinar sobre la despoblación y lo hago consciente de que no poseo conocimientos ni poder. En todo caso, puedo intentarlo como observador y partícipe del fenómeno, desde mi vida familiar, y mis trabajos etnográficos a través de la asociación cultural Amigos de Serrablo.

Las reflexiones que voy a hacer tienen un largo recorrido y, por ser obvias, seguramente por eso, no las he visto escritas. Dichas consideraciones, brotan de dos hechos anecdóticos que me han animado a escribir. El primero, el encuentro con un amigo de la infancia que emigró en su juventud a la "España periférica" y que ahora no comprende cómo su pueblo natal, bastante envejecido, recibe servicios que él entiende deberían destinarse al área urbana donde vive ahora. Y el segundo, el acompañamiento a un artista a un pueblo abandonado, donde quería realizar una intervención creativa, hecho que, tras una larga conversación, me llevó a sugerirle que meditase las relaciones que existen entre el fenómeno de la "España vacía" y los nacionalismos periféricos actuales.

Cómo observador me pregunto a qué se debe el espasmo que nos ha llevado a hablar de forma masiva de la despoblación, cuando hace décadas que antropólogos, sociólogos, geógrafos y educadores se ocupan del tema. ¿Ha sido el libro de Sergio del Molino, "La España vacía", la causa? Si las cosas importantes funcionan así, aleatoriamente, habrá que crear libros o canciones para que haya propuestas en la sociedad.

El hecho es que en los últimos años se ha hecho bastante para paliar la despoblación pero tampoco hay que ocultar que lo que se ha producido, fundamentalmente, es literatura. El éxito literario del tema parte de las ensoñaciones que se ejercen desde el mundo urbano hacia el de sus ancestros rurales en el marco de una "sociedad líquida". A este respecto recomiendo mi libro "Ainielle, la memoria amarilla", en el que trabajé sobre las proyecciones mentales que dejaban plasmadas los visitantes a la antigua aldea en cuadernos que depositaba y recogía regularmente.

Dicho esto, los resultados de esta campaña masiva sobre la despoblación los ignoro, al tiempo que la motivación me parece bien intencionada y lícita.

Pero detallemos un poco esta introducción. De libro escolar es que la industria llama a la industria y que ésta lo hace a la población y a los servicios. Este principio económico se ha desarrollado en todo el mundo y cosmovisiones políticas. En todo caso, mientras no triunfen terceras vías, sólo cabrán medidas correctoras, como las que ahora se persiguen.

El desequilibrio demográfico en España rápidamente nos lleva a vincularlo con el concepto "ciudadanía" (aquellos valores políticos que parten de la Revolución Francesa, se asientan en la Declaración de Derechos Humanos y se proyectan sobre las constituciones democráticas escogidas). Este desequilibrio puede asimilarse al de un árbol con fronda (periferia), tronco y raíces (centro nutriente del país). A lo largo de la historia los distintos poderes han propiciado que la periferia se nutriera y creciera a expensas de descompensar el territorio y trasvasar gentes, materias y energía del interior. Todo iba bien hasta que la crisis ha agitado el plano identitario de modo que en la periferia se cuestionan o niegan los vínculos con el tronco y las raíces ("la España vacía"). Esta visión que es injusta en lo histórico y peligrosa en lo humano porque, así, de no hacer un alto en el camino, el árbol lleva camino de secarse.

Al mismo tiempo preocupa la constatación de que la descentralización autonómica creada, entre otras cosas, para equilibrar los territorios y propiciar la ciudadanía universal, rinda culto desmedido a las cuestiones diferenciadoras. Y en el plano que nos ocupa -la despoblación- mal estaría que el marco autonómico nos privase de una visión transversal, universal y equilibradora; el hecho de sentirnos parte de una comunidad no declarada pero que existe, cuyo himno se me ocurre que puede titularse "Un minuto de silencio" (ya se sabe: Huesca, Teruel, Soria, Zamora, Lugo...) "En este país" (España) la inmensa mayoría tenemos los pies hundidos en el surco porque o la generación última o la anterior a la nuestra arañaron para sobrevivir solanos y umbrías. Sin embargo, es cierto que se ha producido un fenómeno de fagocitación y ninguneo del campo desde el medio urbano. Los grupos de poder sustrajeron los mitos del mundo rural, su patrimonio, sus lenguas y dialectos y las recrearon a su modo, no en beneficio del mundo rural. Aquí estriba ya un problema, el etnocentrismo de la periferia hacia la España interior y, dentro de ésta, de la ciudad hacia el mundo rural. El tratamiento del patrimonio material, el inmaterial, y el medio ambiente bebe muchas veces de esta visión supremacista y ajena, alejada del mundo rural que se despuebla. Muchas veces el ecologismo no escucha al mayor ecologista que hay, el pastor.

Medidas se han visto muchas en los últimos años. El esfuerzo en educación, comunicaciones y servicios sociales son notorios. Es por eso por lo que no comprendo propuestas, en provincias como la de Huesca, para disolver las diputaciones.

Es evidente que para que la despoblación se palie, entre otras cosas, es necesario que la periferia se sienta copartícipe de la España vacía, y viceversa. Y, claro, este deseo llega en el peor momento. Si la política no se da cuenta que se gobierna sobre un ecosistema interrelacionado no hay nada que hacer. El problema sería, una vez que se lograra la autocrítica, cómo desmontar el mensaje educativo insolidario proyectado durante décadas por unas élites periféricas especulativas.

Por todas estas razones se comprenderá por qué el ecosistema de un país tiene tanto que ver con la política y el ejercicio universal de la ciudadanía. Las élites periféricas y del interior deben dar la mayoría de edad a la "España vacía", darle voz, y hacer pedagogía sobre la interdependencia respetuosa entre la fronda, por un lado, y el tronco y la raíz, por otro. Ahora sólo parece que se genera pedagogía desde la fronda y, evidentemente, esta es segregadora.

Finalmente, si hablamos de despoblación y envejecimiento, ¿por qué no, mientras se soluciona el tema, se mejoran los apoyos a las personas mayores en toda la geografía de la "España vacía" .



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