
María Jesús Luna presentó ayer en Huesca diversas propuestas para mejorar la convivencia escolar. | VÍCTOR IBÁÑEZ
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María Jesús Luna analizó la convivencia escolar
"Debemos conocer realmente qué es lo que está pasando en las aulas y plantear propuestas en el sentido de que cada uno de los centros analice cuáles son los problemas de convivencia concretos que se dan en él y en función de ese análisis, comenzar a actuar". Este fue el mensaje lanzado ayer por María Jesús Luna, profesora del IES Avempace de Zaragoza, durante las jornadas sobre "Convivencia en el ámbito educativo" que el Centro de Profesores y Recursos de Huesca y el Instituto de Estudios Altoaragoneses celebran esta semana en la capital oscense.
HUESCA.- La docente consideró que es necesario abordar esta problemática
porque "hay bastante alarma social y un nivel importante de preocupación
y sufrimiento por parte de los profesores, los chavales y las familias con respecto
a los temas de conflictos y convivencia", problemas donde una de las mayores
dificultades que encuentran los profesionales es la ausencia de un patrón aplicable
a todos los casos.
"No en todos los centros pasa lo mismo, y ni siquiera en el mismo centro todos
los años se dan las mismas situaciones. Cada curso hay elementos, problemas
o circunstancias especiales que hay que abordar", sin perder de vista "que
no van a ser las mismas siempre, que van cambiando. Por eso, mi planteamiento es
que en cada centro se analice en cada momento lo que está pasando para poder
actuar. Creo que las recetas o las medidas generales no son eficaces y, desde luego,
la clave de mi apuesta es que las soluciones no están fuera del centro, sino
dentro", apuntó Luna, quien subrayó la necesidad de que el profesorado,
en primer lugar, y el resto de agentes que participan en el proceso educativo, se
impliquen en la búsqueda de soluciones a los conflictos que pueden generarse
en el aula, y que pueden ir desde una pelea puntual entre dos alumnos hasta un caso
de acoso escolar.
Para ello, Luna apostó por la creación en cada centro de "grupos de
trabajo sobre convivencia y conflictos que estén pendientes de lo que pasa",
porque lo importante, subrayó, es "dar respuesta cuanto antes" a estas
situaciones.
"No se trata de crear una Comisión de Convivencia, que es algo mucho más
formal, sino un grupo en donde la gente que quiera trabajar y que esté preocupada
por este tema", pueda hacerlo y "en el que se escuche la voz de todas las
personas, todos los grupos que estamos dentro de un centro de enseñanza, por
supuesto de los profesores, de los tutores, de los miembros de los equipos directivos,
pero también de los alumnos, de los conserjes y por supuesto de los padres".
En definitiva, de todo aquel que quiera ser parte de la solución.
"El segundo paso -continuó Luna- es la realización del diagnóstico,
haciendo un estudio, no una cosa ni larga ni complicada, sino un análisis de
la situación rápido" que permita "intervenir pronto" para
solventar el conflicto.
En este sentido, la docente apostó por "métodos de obtención
de la información rápidos" como la entrevista o lo grupos de discusión,
para poder ponerse "tomar las decisiones necesarias sobre qué es lo que
se va a hacer, qué recursos se van a utilizar" y sobre todo, plantear soluciones
"que sean viables y realistas, es decir, que seamos capaces de mantener y llevar
a cabo".
"Si de aquí a fin de curso nos podemos plantear hacer cinco cosas y no
veinte, hacemos esas cinco y empezamos a dar respuesta y alternativa a las dificultades
que haya" con propuestas que pueden ir "desde acciones más preventivas
como campañas de sensibilización empleando publicidad donde los propios
alumnos elaboran los anuncios", actividad de carácter preventivo, hasta
"trabajar con los alumnos en las tutorías habilidades de comunicación",
una faceta que Luna consideró fundamental.
"Hay una parte muy importante de los conflictos que hay que tienen su origen
en las dificultades de comunicación que tienen los alumnos, hay mucho grito,
mucho insulto. Todo lo que es trabajar habilidades sociales en general, de comunicación,
de resolución de conflictos, de empatía", resulta beneficioso, apuntó.
Una vez que se ha producido el conflicto, la mediación se convierte en una
herramienta fundamental, "un recurso" desde su punto de vista "muy valioso
y muy útil porque obliga a los alumnos, no al director ni al tutor, a escucharse
los unos a los otros, y también a proponer soluciones al problema que tienen
y responsabilizarse de esas soluciones. Educativamente tiene un mayor potencial
respecto a otras medidas", consideró Luna.
Estas propuestas cobran un especial sentido en casos como los de acoso, donde lo
principal es "una detección precoz" y vencer la "invisibilidad"
de las víctimas.
"Cuando generas en un centro de enseñanza la cultura de que los temas de
convivencia son importantes, es más fácil que el que se entera de que
hay un compañero pasándolo mal de alguna manera te lo haga llegar",
comentó la docente, y se pueda actuar de forma inmediata, tanto con la víctima,
a través de grupos de apoyo, como con el acosador, "alumnos que para divertirse
machacan a un compañero y que tienen importantes problemas emocionales, psicológicos,
que también hay que atender" con la ayuda y la colaboración de las
familias. Y es que la convivencia, al final, es cosa de todos.
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