
Muchos oscenses visitaron ayer la muestra. | VÍCTOR IBÁÑEZ
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Una exposición explica el proyecto solidario que desarrolla Cruz Blanca con los menores de Tánger
Dos realidades alejadas por miles de kilómetros confluyen desde ayer en el Centro Cultural Ibercaja Huesca bajo un lema universal: Al basma, palabra que denomina en árabe la sonrisa que cada día llevan los Hermanos Franciscanos de la Casa Nazaret de Cruz Blanca en Tánger a las decenas de menores que atienden en el centro con el objetivo de acercarles "a un futuro mejor".
HUESCA.- De esta manera les muestran que es posible "otra forma de vida
en su propio país", según explicó a este periódico el director
y hermano superior de la casa Miguel Ángel Montero, quien estuvo acompañado
ayer durante la inauguración de la muestra por el concejal de Relaciones Institucionales
del Ayuntamiento de Huesca -patrocinador del proyecto-, Domingo Malo, la directora
del centro, Julia Lera, y del superior general de los hermanos franciscanos de Cruz
Blanca, Miguel Alberto López Nacarín. Este último fue quien explicó
los orígenes de este proyecto, "nacido de la historia de un niño que
se llamaba Abdul. Él se presentó una tarde en la Casa Nazaret porque tenía
hambre". En ese momento, añadió López Nacarín, se dieron
cuenta de que "se estaba haciendo algo mal".
"Abdul murió intentando entrar a España en los bajos de un camión".
Fue entonces cuando se pusieron los cimientos de este proyecto, con el objetivo
de "devolver la sonrisa a los niños a los que la vida se la ha quitado".
La exposición, que reunió ayer a numeroso público, trata de mostrar
la situación por la que atraviesan estos niños, rescatados en muchas ocasiones
de las calles, y llama la atención sobre las notables carencias que sufren
en ámbitos como el educativo o el sanitario.
"Faltan recursos, es un país que está creciendo y se está renovando
ahora", un momento de cambio que hace especialmente importante la ayuda que
se brinda desde esta entidad a los pequeños más desfavorecidos, apuntó
Miguel Ángel Montero. Gracias a este proyecto, se les saca "de la calle,
se les integra de nuevo en su familia, en su colegio, se les hace un seguimiento
escolar y también en las empresas en las que entran como aprendices para formarse,
siempre cuando tienen más de dieciséis años, y se les hace un seguimiento"
para evitar que "les exploten en el trabajo".
A través de cinco programas, "Calle", "Educación para la salud",
"Refuerzo escolar", "Familia" y "Aprendiendo", se trabaja
en la mejora de la calidad de vida de estos chicos de entre 9 y 18 años, "algunos
de los cuales ya conocen la calle porque viven en chabolas".
"Buscamos darles la oportunidad de ser niños, de jugar, de ser felices,
de ir al colegio, facilitarles el material para que lo hagan y que gracias a eso
puedan mejorar su futuro", subrayó el hermano Miguel Ángel Montero,
para quien resulta fundamental que los chicos se den cuenta de que su porvenir puede
estar también en su país.
"Estos menores siempre quieren estar como en España, es lo que ellos ven
por la televisión, buscan una vida mejor, y nosotros lo que hacemos es enseñarles
que allí, si se les ayuda y se está con ellos, lo pueden hacer también".
Por ello agradecen especialmente la colaboración de las instituciones y de
las familias marroquíes para sacar adelante este proyecto, que se puso en marcha
en el año 2007 y que permite atender en la Casa Nazaret actualmente a veinticinco
niños a los que se trata de "educar en valores, en el respeto a los demás,
a sus compañeros y a su entorno, que es muy hostil porque estamos en un barrio
marginal, es educarles en valores humanos".
"No se trata sólo de darles, sino de hacer que entre todos el proyecto
salga adelante", añadió el hermano franciscano, quien se mostró
muy satisfecho de que la ciudadanía oscense pueda conocer de primera mano la
realidad de este centro marroquí a través de una exposición que recorre,
a través de cuatro espacios, distintos aspectos del programa Al Basma.
Una jaima con un vídeo explicativo del proyecto da la bienvenida al visitante,
que "de allí -continuó el director de Casa Nazaret- pasa a una tela
de araña en la que se ve el contraste de cómo es un colegio o un hospital
en Huesca y en Tánger.
Un panel en el que los voluntarios explican sus experiencias y otro "en blanco
en el que cada niño, cada persona que se acerque a la exposición, puede
escribir un pensamiento, qué piensa y qué quiere para estos niños,
qué les quiere ofrecer, y lo que han sentido durante esta exposición"
completan este recorrido con el que además quieren agradecer la solidaridad
de la ciudadanía oscense con este proyecto.
A lo largo de la semana se han programado además diversas visitas guiadas con
los centros escolares de la ciudad para que los alumnos se acerquen y disfruten
de esta muestra, y que los chavales comprueben por sí mismos las realidades
que se vive en otros puntos del planeta, con menos recursos que su ciudad.
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