
Yoko Honaga, ayer durante la performance ofrecida en Huesca. | MIGUEL GARCÍA
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La japonesa Yoko Honaga presentó ayer una performance en el Centro Cultural del Matadero
La artista japonesa Yoko Honaga dejó ayer su particular impronta en la segunda sesión de Okuparte con una performance en la que se vale de un animal de peluche para unir distintas artes. La nipona comenzó su actuación acompañando al piano un vídeo en el que se muestra cómo este personaje va recorriendo distintos espacios de la ciudad de Huesca al tiempo que va relacionándose con distintos colectivos: desde niños hasta personas mayores que juegan con él.
HUESCA.- Esta historia cíclica toca a su fin cuando este particular
muñeco se encuentra con la autora, que lo recoge y lo lleva hasta el hogar
que comparten ambos.
La danza se deja entrever en esta primera parte de la performance, que poco a poco
se va decantando por el mundo del baile con una segunda parte en la que Honaga danza
con el muñeco a cuestas. En la tercera y última se desprende del peluche
para seguir danzando en solitario y recuperar después, como ocurría en
el vídeo, a su preciado peluche, que yacía escondido en el piano de cola.
La artista también participa este año en la décima edición de
Okuparte con una propuesta de vídeo-arte que puede visitarse junto al resto
de instalaciones en el Antiguo Seminario, en la que plasma su particular visión
sobre el proceso de amistad. "Bichito mágico" es el título de
esta obra en la que la artista se vale del mismo "peluche-animal" empleado
en su performance para plasmar en esta ocasión la sensación de la soledad.
Con una estética de inspiración nipona, en la que la imagen se presentaba
fragmentada y sin una continuidad total, Honaga juega a crear sensaciones en el
espectador, invitándole a sumarse como un niño más a este relato.
El protagonista, decidido a buscar nuevos amigos, pone rumbo a la ciudad. Poco a
poco este "bichito mágico" va encontrando nuevos amigos, lo que le
provoca una sensación de bienestar que comparte con los demás, con quienes
le rodean, a través de un divertido baile, una coreografía de movimientos
infantiles y sencillos con los que la autora consigue despertar más de una
sonrisa entre los espectadores.
"Al final encuentra un montón de amigos", explicó la japonesa
a este periódico, al tiempo que manifestó su satisfacción por poder
exponer en Huesca su trabajo. "Para mí es algo muy bueno, me gusta mucho
Huesca y su gente", añadió Honaga, para quien resulta fundamental
el hecho de que su trabajo pueda verse en distintos lugares. "Mi obra no necesita
hablar (ningún idioma)" ya que se trata únicamente de imagen y música,
lo que le permite construir un mensaje universal comprensible en cualquier punto
del planeta. "Se puede ver en Europa, Japón, Estados Unidos", y todos
podrán entenderlo, apuntó Honaga, quien también quiso destacar el
hecho de que en este vídeo queden fusionadas distintas disciplinas, desde el
vídeo-arte hasta la danza, un arte al que lanza un guiño al ser esta la
forma elegida por el protagonista para manifestar su alegría. De ahí que
la nipona haya elegido el calificativo de "mágico" para hablar de este
"bichito", un personaje poco frecuente pero con un mensaje muy global.
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