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DOMINICAL

CUADERNOS ALTOARAGONESES

Compromiso entre sus señores y los habitantes de Ayerbe, sus aldeas y la honor de Marcuello (y 2)

Torre de San Pedro. Ayerbe
12

Por Santiago BROTO APARICIO
19/07/2009

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Por cuanto el tantas veces citado Concejo de Ayerbe y aldeas disponía de una Sentencia a su favor respecto al uso de los montes, leñas, pastos, aguas, caza y derechos a ellos referidos, no quedaba incluido en aquellos el monte llamado La Cuesta del Castillo, las leñas y caza en Saso y el Cuarto Bajo de la Pardina de Bardanés pertenecientes al Señor, pudiendo, no obstante, pacer los ganados gruesos de los vecinos en el primero de aquellos en los meses de julio y agosto.

Los vecinos y habitadores de la villa de Ayerbe y sus aldeas, como anteriormente lo acostumbraban a hacer, podrían seguir paciendo sus ganados gruesos y menudos, de día y de noche y en todo tiempo, libremente, en el carrascal llamado El Saso y extraer en él leñas, pero, para la mejor conservación del paraje llamado El Lecinar nadie podría cortar las carrascas de pie, salvo el Señor y éste solamente las que estuvieran secas.

Y como hasta entonces el Señor había tenido libre y pacíficamente, para apacentar sus ganados y los de las carnicerías, los cuartos de hierba denominados Debajo de Bardanés y San Julián, se establecía que, en adelante, quedaría para aquel el primero de ellos, siempre que tuviere animales para aprovecharlo y permitiendo no obstante la entrada de la dula vecinal, y el segundo para la Villa y aldeas, estableciendo que dichos ganados del Señor podrían pacer en los montes comunes del mismo modo que lo hacían los de los vecinos.

Considerando que la Universidad de Huesca como destinataria de los frutos decimales de la Villa y sus términos abonada al alcalde dos cahíces de trigo y otros dos de ordio, de annua renta; y el Concejo municipal nombrada, para conjurar los nublados desde la Ermita de San Miguel junto al Castillo, un sacerdote, sin que éste tuviera compensación alguna, se determinaba que se le entregara en adelante la mitad de lo que percibía dicho alcalde.

Desde antaño, respecto al riego del Cetiguelo, el Señor tomaba agua desde el inicio del domingo hasta el del lunes siguiente y el restante tiempo la usaban los de Ayerbe y aldeas, orden que seguiría inalterable, sancionándose a quien lo incumpliere con una multa de sesenta sueldos jaqueses, cuyo importe se dividiría en tres partes iguales, destinadas al Señor, el Concejo y los guardas.

Dados los grandes gastos que se ocasionaban a la Villa con la construcción y mantenimiento de la acequia de la pardina de Mondot, propia del Señor, se ordenaba que éste y sus arrendadores pudieran tomar agua de la misma para el riego de sus tierras desde la salida del sol del lunes hasta el mismo momento del martes siguiente, incurriendo los infractores en sanción de sesenta sueldos, distribuida luego como se indicaba en el apartado anterior.

Los vecinos de la villa de Ayerbe y sus aldeas quedarían exentos y libres de la obligación de pagar al Señor, al año, una carga de leña por cada casa de las personas de signo servicio que tuvieran mulas y de hilarle una libra de lino y otra de estopa todas ellas en general.

Por ninguna de las cosas contenidas en la presente Sentencia Arbitral podría causarse perjuicio alguno a los hidalgos que habitaren en la Villa y aldeas y lugares de Sarsa y Linás, ni tampoco en sus derechos de Infanzonía, libertades e inmunidades.

Los ganados que hubiere para las carnecerías de la Villa podrían sestear y parir en el verano, lo que se llamaba acalorar en la sombra, en las espaldas del Castillo situado en la Cuesta, si lo permitía libremente su Señor, como propietario de estos montes, sin que su uso accidental les otorgara luego derecho alguno.

Si se demostrase ser cierto cuanto afirmaban los vecinos de la Villa y aldeas, de que el impuesto de carneraje de Marcuello no lo pagaron anteriormente hasta que lo impuso su último Señor Hugo de Urries, quedarían aquellos exonerados de abonarlo, imponiéndose al actual sucesor de aquel, silencio perpetuo sobre este asunto.

Por lo consignado anteriormente, los Árbitros estimaban que, puesto que el Señor había renunciado a gran parte de su poder y bienes en favor del Concejo y universidad de vecinos de la Villa de Ayerbe y sus aldeas de Biscarrués, Piedramorrera, Losanglis y Fontellas, era lo justo que éstos le compensaran debidamente, tomando para ello como índice las rentas obtenidas por él en el último año, lo que arrojaba la cantidad total de veintiún mil sueldos jaqueses de renta anual, pagaderos en cuatro plazos iguales de cinco mil doscientos cincuenta sueldos, en los días primeros de enero, abril, julio y octubre de cada año comenzando en el uno de enero de 1615, entendiéndose que tal abono tendría la consideración de renta dominical, y que corresponderían al Señor el ejercicio de las acciones legales competentes en caso de que se produjeran, por el Concejo, dilaciones o atrasos en el pago de los plazos indicados.

Los lugares de Sarasa y Linás, entre cuatro y ocho días antes del de la extracción de oficios, elegirían los nombres de las personas aptas para desempeñar cada uno de aquellos, presentando las listas al Señor, para que éste se dignara designar al que ejercería el de Justicia por un año, y si así no lo hiciere, entonces se realizarían a la suerte o por tejuelo, y de esta última forma serían nombrados los servidores de los restantes cargos, jurando todos ellos ante el Señor.

Los Jurados y demás oficios de dichos lugares de la Honor de Marcuello se elegirían mediante insaculación en el día de San Miguel de septiembre, para ejercer su mandato durante el año siguiente, utilizando para cada uno bolsa distinta en las que figurarán papeletas con los nombres de los hidalgos, labradores y personas seleccionadas para ejercerlos. Así mismo los Jurados podrían prender a cualquiera de los vecinos que contravinieren los mandamientos, Ordinaciones y preceptos para el buen gobierno de las aguas, caminos, carnicerías, panaderías, hornos de pan cocer, mesones, tiendas, tabernas y otros asuntos relacionados con el bien común concernientes al Concejo, el cual estaría facultado para reunirse siempre que lo estimara conveniente sin precisar para ello permiso o licencia alguna, convocando a sus miembros en la forma acostumbrada e invitando al Justicia a presidir sus sesiones. También le correspondería designar al Notario o Escribano público.

Siendo Pedro de Urriés y Arbea, como Señor de la Honor de Marcuello, el Patrón de la Vicaría de los lugares de Sarsa y Linás, se le imponía que en el futuro, cuando dichos puestos eclesiásticos vacaren, deberían ser provistos por sacerdotes nacidos en dichas localidades, así como la cesión al Concejo de aquellas localidades, para que dispusiera de él a su libre voluntad, de la mitad de un campo suyo sito en la partida La Paúl, a la izquierda del Camino de Sarsa a Ayerbe, de siete cahíces.

Y en adelante continuaría en vigor, la condena dictada el referido Concejo y universidad de vecinos de Sarsa y Linás, en sus pasados litigios con el Señor, consistente en el abono a éste de doscientos sueldos jaqueses anuales de pecha ordinaria y dos perniles y seis pares de gallinas, en dos plazos, uno el primero de enero y otro el día de San Miguel.

Una vez aprobada esta Sentencia Arbitral los Concejos de la Villa de Ayerbe y sus aldeas y los de los lugares de la Honor de Marcuello, deberían apartarse, y solicitar del Abogado Fiscal de S.M. que igualmente lo hiciera, del proceso de Firmas, a su instancia iniciado, contra Pedro de Urriés y Arbea, que se hallaba pendiente en la Corte del Señor Justicia de Aragón; y así mismo que aquellos, en el futuro no podrían poner, mover o entablar pleito alguno al dicho Señor o sus sucesores en virtud, título o fuerza de la Carta de Gracia que pretendían tener, la cual quedaría definitivamente renunciada. Igualmente estaban obligados a abonar a su Señor la cantidad de ciento sesenta mil sueldos jaqueses en dinero de contado, de los cuales ciento veinte mil le corresponderían a él y los cuarenta mil restantes a los ejecutores del testamento de su antecesor Hugo de Urriés por la parte que les correspondía pagar por las annuas pensiones de los tres censales, de mil sueldos de pensión y veinte mil de propiedad, contraídos con Jerónimo y Miguel Cosida y herederos de Diego de Funes; así como los siguientes originalmente cargados por el Concejo: uno de las mismas cantidades citadas, a favor de los Lumineros de la iglesia parroquial de San Pablo de Zaragoza; otro de mil doscientos cincuenta sueldos jaqueses de pensión y veinticinco mil de propiedad, a favor de Ana de Urriés, hija de Felipe de Urriés y Leonor de Castro, mujer de Francisco Altarriba, Señor de Huerto; otro, de cuatrocientos sueldos de pensión y ocho mil de propiedad a favor del Dean y Canónigos de la Catedral de Huesca; otro, de cincuenta sueldos de pensión y mil sueldos de propiedad a favor del Beneficiario de San Mateo, de Huesca; otro, de cincuenta sueldos de pensión y mil sueldos de propiedad a favor de Beneficiario de San Mateo, de Huesca; y otro, de mil sueldos de pensión y veinte mil de propiedad a favor de Mosén Felipe de Urriés, todos los cuales sumaban seis mil setecientos sueldos de pensión anual y ciento treinta y cuatro mil de propiedad, y ello anulando la sentencia arbitral dictada en 10 de julio de 1594, en tiempo del Señor Hugo de Urriés.

En adelante al sucederse los Señores al frente de la Baronía de Ayerbe y sus aldeas y Honor de Marcuello, en su toma de posesión estarían obligados a loar y aprobar la presente Sentencia Arbitral, y mediante juramento prometer y obligarse a guardarla y cumplirla en todos sus apartados, pues de no ser así quedarían en suspenso las obligaciones impuestas a la otra parte.

Por ser la voluntad de los Árbitros y de las partes que esta Sentencia fuera loada y aprobada por el Rey Nuestro Señor y no de otra forma, se establecía que la misma comenzaría a regir y guardarse desde el día en que S.M. se dignara hacerlo; y aquellos se reservaban un plazo de cuatro años para corregir, enmendar, añadir o quitar, en todo o en parte, cuanto estimaren, sometiéndolo, en su caso, a nueva loación de las partes.

El anterior documento fue testificado por el Notario Diego Fecet, de la ciudad de Zaragoza y actuaron en calidad de testigos los vecinos de la misma Esteban Catalán y Pedro Ripa.



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