
Actuación de Proyecto Asiático del Ritmo, integrado por Chino y Ritmo 75. | MIGUEL GARCÍA
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La electrónica y el hip hop ambientaron el festival Artehurbano en Huesca
El festival Artehurbano volvió a demostrar por segundo año consecutivo que el arte urbano es eso: arte y no un vehículo para el vandalismo. La actuación de pintores, graffiteros y plantilleros sobre muros y fachadas (e incluso electrodomésticos) del Casco Antiguo de la Ciudad sirvió para embellecer y dar vida a nuestras calles y plazas en un bonito, aunque algo frío sábado preotoñal. Pero además de la labor de los artistas plásticos, Artehurbano volvió a contar también con la participación de músicos y dj´s que ambientaron la jornada y protagonizaron la noche del festival.
Un paso más allá de la primera edición, Artehurbano 09 contó
con una brillante selección musical, con mayor peso específico y conceptual
que el alcanzado el año pasado. Ya durante todo el día, en la Plaza de
los Fueros, los Armendáriz Brothers (Javier y Víctor) montaron su ya popular
cúpula geodésica, que se ha podido disfrutar en diferentes ediciones del
festival Okuparte, y ofrecieron una intensa y nada estridente sesión electrónica,
a base de techno, minimal y tech-house, muy agradable. Después, tras la sabrosa
paella del mediodía, tomaron el relevo dos de los miembros de la Cooperativa
Vi Vi Vivala: primero fue el turno de Ritmo 75, con su estimulante potaje de funk
y groove, y después Afro K Tek, que esta vez obvió su lado más tribal
para apostar por las épicas cuerdas del Detroit techno.
Y ya por la noche, el escenario musical se trasladó a la Plaza General Alsina,
y allí se pudo asistir a un excitante vaivén entre lo freak y el groove.
Lo freak fue la aportación foránea llegada al festival, y el groove lo
puso la selección oscense. Es una lástima que para mucha gente el vocablo
friki (o freak, en inglés) tenga únicamente connotaciones negativas, porque
en realidad designa lo raro, lo anormal, lo sorprendente, a veces también lo
ridículo, por qué no, pero en ningún caso lo cutre o lo malo, que
es la acepción más generalizada de este anglicismo en nuestro país,
por culpa, en gran parte del fenómeno del frikismo televisivo. Pero, en realidad,
freak es un término más bien entrañable. Bueno, a lo que íbamos.
El escenario fue tomado al comienzo de la noche por un freak aterrizado desde Barcelona.
Su nombre es Zortron y su objetivo: la dominación del mundo. Es broma. En realidad,
lo que pretende (y consigue) es hacer pasar al público un rato divertido. Embutido
en un traje de superhéroe de desguace, se dedicó en cuerpo y alma al electropop
serie Z, en esa línea feísta defendida por las huestes del festival F.E.A.,
respaldado por un productor/dj instalado en su misma estética futurista de
saldo. Zortron se atrevió incluso con una jota y alcanzó su mayor grado
de paroxismo con unos delirantes "encuentros sexuales en la Tercera Fase".
Y tras él, llegó la sorpresa oscense de la noche: Cris Buenacrema es la
primera chica surgida del underground del hip hop de Huesca, y hay que reconocer
que tiene madera de artista. Dotada de una muy buena voz (que tiene que acabar de
domar), salvando las lógicas distancias sería algo así como el equivalente
oscense de Missy Elliott, ya que canta y rapea por igual, fluctuando sin problema
entre el R&B y el hip hop. Acompañada por una DJ (¡segunda sorpresa
de la noche!) y respaldada por dos de los componentes del grupo Siervos del Rap,
ofreció una larga y animada actuación en la que demostró sus innegables
dotes. Habrá que seguirle la pista muy de cerca.
Si hasta entonces el público había ido llegando tímidamente a la
Plaza General Alsina, a partir de allí fue llegando en oleadas. Pero era un
público inesperado: eran los adolescentes adeptos al botellón que se suelen
concentrar en esa plaza. Lo cual acabó por crear un ambiente curioso, mixto
y un tanto raro. Los siguientes en aparecer sobre el escenario fueron Chino y Ritmo
75. O lo que es lo mismo, Proyecto Asiático del Ritmo. Un bajo y unos platos
fueron suficientes para desatar la máquina rítmica más groovy de
la escena oscense. Un combinado poderoso de hip hop, funk y rare grooves, que incluyó
también algún guiño a Led Zeppelin. Y tras ellos, vuelta a la onda
freak con los vallisoletanos Diploide, que comenzaron con una introducción
dislocada y llena de breaks y glitches para pasar después a rubricar una actuación
divertidísima, muy conectada a la estética provocadora de los catalanes
Meneo, y en la que fundieron sin rubor electro de pacotilla, hip hop bizarro, reggaetón
de mentirijillas, p-funk onda Zapp y pop marciano. Textos como "La felicidad
no gusta, la felicidad me asusta" son emblemáticos de un proyecto inusual,
que tuvo que luchar con la incomprensión de parte del público, que le
acusaba de "friki". En su acepción peyorativa, claro. Pero Diploide
supieron salir airosos del asunto. Excelentes para animar una fiesta, sin duda.
Y la noche se completó con el dj del colectivo al que pertenece Diploide en
Valladolid, Turtle Power Crew. Comenzó con skwee y funk fracturado, pero rápidamente
se pasó al hip hop más hedonista, de la vieja y la nueva escuela: De La
Soul, Beastie Boys, Run DMC, Jungle Kings, ... Cerró su sesión nada menos
que con el "Sgt Peppers" de los Beatles, y en el bis se despidió con
ese "Twist" versión hip hop que firmaron los divertidos Fat Boys hace
años. Buen final para una buena fiesta.
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