
Luis Rasal. | PABLO SEGURA
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Luis Rasal, presidente del Colegio de Odontólogos de Aragón
Varios siglos antes de Cristo, los egipcios ya contaban con dentistas. Hesy-Ra fue el primero de ellos, al servicio del faraón Zoser, del que se tiene noticias a través de las inscripciones jeroglíficas en las pirámides. Después, marcaron la historia de la profesión Horace Wells, quien descubrió la anestesia, y Cayetano Triviño y Florestán Aguilár, que lograron la implantación de la titulación. Sobre la historia de esta profesión, su presente y futuro habló ayer en Huesca Luis Rasal.
HUESCA.- El presidente del Colegio Oficial de Odontólogos y Estomatólogos de Aragón, Luis Rasal, participó ayer en el acto académico del patrón de la Facultad de Ciencias de la Salud y del Deporte, del que depende el grado de Odontología que comenzó a impartirse en el campus oscense hace tres cursos. A sus alumnos dirigió un mensaje optimista y les animó a sumarse a las actividades del Colegio. "Aunque el futuro sea oscuro - presiones de la Administración, más denuncias y auge de la carrera universitaria- encenderemos bombillas". Esa fue la conclusión de la charla sobre "El dentista frente a la sociedad" que ofreció en el salón de actos de la Escuela de Estudios Empresariales. A la profesionalización del dentista contribuyeron personajes como Hesy-Ra (3000 a.C.), los etruscos y hasta los mayas. Entonces, las intervenciones consistían en calmar el dolor y punciones, mientras que en época romana comenzaron a fijar los dientes con hilo de oro. Pero no fue hasta 1530 cuando se redactó el primer libro sobre la materia, en una época en la que surgió la categoría "más ínfima" de dentistas, los barberos y charlatanes. No fue hasta 1846 cuando Horace Wells descubrió la anestesia con el óxido nitroso, pero fue su ayudante el que realizó una exitosa demostración de su uso. Hasta entonces, "el mejor dentista no era el más habilidoso, sino el más rápido". Cayetano Triviño y Florestán Aguilar fueron los impulsores de la titulación de cirujano dentista y odontólogo -ésta ya, universitaria- en una época en la que extraían muelas y reponían dientes de marfil de hipopótamo y porcelana. Posteriormente, en 1948, la titulación cambió de nombre por la de estomatólogo y en 1986 volvió a la anterior denominación. En su intervención, Rasal habló del papel del Colegio Oficial, creado en 1930 cuando los profesionales "vieron la necesidad de tener un ente para protegerse frente de situaciones raras". Desde entonces, quien obtenía la titulación podía montar su propia consulta o seguía los pasos en el negocio familiar y hoy en día las opciones han crecido, pueden asociarse con otros colegas, incrementar su formación o trabajar en policlínicas o franquicias. Respecto a éstas, Rasal alertó de que entre el 60 y 70 por ciento de las denuncias proceden de ellas. "No es que lo hagan peor o mejor, sino por el trato que dan" a los clientes, al tiempo que "no dejan carta libre" a los profesionales.
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