
Tremor sorprendió por su mixtura de elementos. | PABLO SEGURA
|
|
|
El Zizek Club de Buenos Aires dejó su huella en Huesca
Pedro J. GÁLLEGO 03/12/2009
HUESCA.- El mes de diciembre entraba en Huesca cargado de frío, nieve y vientos helados del norte, pero también de buena música del sur, con la presencia en el Centro Cultural del Matadero de una selección del Zizek Club, una agrupación de dj"s y músicos argentinos que unen folklore y electrónica reunidos en el entorno del club, del que surgió también el sello discográfico ZZK Records, y que, tras pasar por festivales de la talla del Coachella estadounidense y el Roskilde danés, cosechando grandes elogios en publicaciones como The Wire o el NME, debutaban en tierras españolas antes de poner rumbo a los Transmusicales de Rennes. Comparados con el Nortec Collective mexicano, por su filosofía de raíz popular, mestiza, hedonista y desprejuiciada, los bonaerenses dieron cancha a su exhuberante visión de la música, plasmada en el recopilatorio "ZZK Sound Vol. 1" y en los primeros discos de algunos de los artistas que acogen en su sello, repartiendo su actuación en cuatro tiempos, un "All-Star" capitaneado por los creadores del club, El G y Villa Diamante, y dos de los proyectos más interesantes de la casa, Tremor y Fauna, que nos presentaron una surtida carta de cócteles de electrónica latina, bien cargaditos, energéticos, revitalizantes, coloridos y chispeantes, con los ingredientes más variados. En su sesión El G se llevó con maestría esa mutación argentina de la cumbia, la denostada y barriobajera cumbia villera, hacia la abstracción y el minimalismo, ahogando poco a poco las voces y desnudando los ritmos antes de dar paso al folk del siglo XXI de los sensacionales Tremor. Con una original formación de trío, compuesta por charango, tambor y teclado, luego utilizan también guitarra eléctrica y melódica, y un flamante segundo disco bajo el brazo, "Viajante", Tremor sorprendieron con su perfecta mixtura de elementos, una música donde los ritmos tradicionales argentinos como la chacarera o el malambó, las secuencias ambient o las guitarras psicodélicas son células de un mismo organismo, un cuerpo que se mueve de manera armónica, donde todo resulta fluido y natural. El grueso de su actuación resultó ser una suerte de technno-free-folk-rock-psicodelia donde van engarzando distintas melodías en un mismo tema, las salpican con distorsionadas voces robóticas e incluso se asoman con gracia a los ritmos balcánicos. Todo un descubrimiento. Villa Diamante, por su parte ofreció un pequeño y sabroso set, volcado ya totalmente en la cumbia villera para enlazar, y hacer de dj para ellos, con la actuación de Fauna, un enloquecido dúo, vestidos con monos de chillones colores psicodélicos, que salió a buscar la parte más festiva de la noche. Con una interesante propuesta, como si trataran de ser a la cumbia villera lo que son los geniales Calle 13 al reggaeton, Fauna se muestran deslenguados, provocadores e ingeniosos, y parecen a punto de estallar, aunque en algunos momentos la teoría se imponga a la práctica, ya que no es fácil llevar una música tan callejera a un terreno, digamos, más de salón (de baile). Ofrecieron los momentos más divertidos de la velada y sirvieron de perfecto contrapunto lúdico al sonido más intelectual de Tremor. Al final se juntaron ambos grupos en el escenario para ofrecer unos cuantos temas y terminaron a lo grande, con Tremor soplando unas flautas andinas sobre secuencias techno y ritmos obsesivos, y Fauna rematando sus rimas con la frase "Esto es un mantra, lo tienes que sentir". Y vaya si se sintió.
|