
Un agente busca a los montañeros con una sonda, ayer por la mañana. | S.E.
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Eran dos hermanos y su cuñado, vecinos de Pamplona, y fueron rescatados por la Benemérita
Tres montañeros vecinos de Pamplona, dos hermanos y su cuñado, murieron tras alcanzarles un alud cuando practicaban esquí de travesía el pasado sábado en Collarada, dentro del término municipal de Villanúa. Los fallecidos son U.P.I., de 38 años, D.E.M., de 39, y S.E.M, de 32, según los datos facilitados por la Subdelegación del Gobierno en Huesca. El primero de ellos era natural de Bilbao.
HUESCA.- El mismo sábado, sobre las cinco de la tarde, la mujer de uno
de los fallecidos y hermana a su vez de los otros dos montañeros, dio la voz
de alarma de que no habían regresado de hacer la actividad. Ese mismo día,
especialistas de la Guardia Civil de Montaña de Jaca se desplazaron hasta el
lugar; hallaron el vehículo de los montañeros en una pista situada en
la base de Collarada e inspeccionaron, sin éxito, la zona.
Ayer, en torno a las ocho y media de la mañana, se volvieron a reanudar las
labores de búsqueda. El helicóptero UHEL-41 con base en Huesca desplazó
hasta la zona a seis agentes de Montaña de Jaca y otros tres de Panticosa,
uno de ellos un guía con dos perros especializados en la búsqueda de personas
sepultadas en avalanchas. Posteriormente, se unieron otros cuatro componentes del
Grupo de Montaña de Boltaña. El helicóptero, por su parte, también
realizó vuelos para detectar a los montañeros.
Finalmente, el aparato, en el que viajaban el piloto junto a dos de los socorristas,
detectó sobre las 15,20 horas en uno de los reconocimientos aéreos "un
corte en la nieve de unos cien metros de ancho y, por debajo, la clásica barrida
de una avalancha, con indicios de que había ocurrido algo", según
explicó a este periódico el sargento Miguel Domínguez, jefe del operativo
de rescate. El piloto dejó en esa zona a los dos especialistas, quienes hallaron
en la superficie de la nieve el cuerpo sin vida de uno de los montañeros que
se buscaban. Presentaba unas lesiones muy graves derivadas del arrastre del alud,
lo que hizo presuponer que había fallecido en el acto.
Posteriormente, a los otros dos montañeros se les localizó mediante la
utilización de un ARVA, un sistema de localización de víctimas de
avalanchas. Estos dos cuerpos habían quedado sepultados por la nieve; se encontraban,
de todas formas, muy cerca de la superficie, el más hondo a tan sólo un
metro. Los montañeros fueron localizados en la zona conocida como "Cubilar
de los Bueyes", en el macizo del pico Collarada, a unos 1.800 metros de desnivel.
Al parecer, el alud les sorprendió cuando ascendían a ese pico, puesto
que en algunos de los esquíes que se encontraron de los fallecidos todavía
llevaban puestas las pieles de foca que se emplean normalmente para subir.
El alud también arrastró, además de a los montañeros, piedras
y pinos que había en su trayectoria y los cuerpos presentaban graves lesiones.
"La avalancha tenía 400 metros de larga y unos 100-150 metros de ancho
y el corte, la fractura de la nieve que la desencadena, tenía unos 100 metros
de ancho también". Los especialistas trasladaron los tres cuerpos, primero
en camilla durante unos 200 metros, hasta un lugar donde el helicóptero los
pudo recoger y llevarlos hasta la Escuela Militar de Jaca. Desde ahí, un coche
funerario los condujo hasta el tanatorio de Jaca. Las labores de rescate finalizaron
en torno a las seis de la tarde.
Domínguez señaló que por la ropa y el equipo técnico que llevaban
los tres montañeros, así como el ARVA que portaban, hacía presuponer
que se trataba de "gente experimentada". Además eran miembros de la
Federación Navarra de Montaña y las personas que están federadas
"suelen ser gente de experiencia o que se suele mover bastante por la montaña",
apuntó. Los fallecidos pertenecían a una familia muy conocida de Pamplona.
Los hermanos eran ingenieros y el cuñado trabajaba en una empresa de construcción
como aparejador.
LABORES DE RIESGO
Las labores de rescate resultaron algo dificultosas por el estado del terreno. Además,
había un alto riesgo de avalanchas en la zona, con un nivel de 4-5. "Durante
el rato que hemos estado trabajando se escuchaba crujir la nieve y caían pequeñas
coladas, y la verdad es que no era un sitio para estar mucho tiempo", señaló
Domínguez.
La ladera en la que se encontraron los cuerpos era inclinada y "el riesgo de
producirse nuevas avalanchas era evidente". Se rompieron algunas placas estando
en la zona y los socorristas tuvieron que salir corriendo. "Teníamos un
vigía en la parte superior que nos avisaba", apuntó el sargento, que
recordó que antes de salir a la montaña es preciso "consultar los
boletines de riegos de avalancha, informarse bien". Remarcó que, en estos
momentos, la nieve está "muy suelta en el monte".
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