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AIRE LIBRE

La Espelunga y San Úrbez, dos espectaculares santuarios rupestres en el Sobrarbe

Perfectamente integrados y casi mimetizados con la naturaleza, tienen un gran valor patrimonial

No son los únicos, pero sí los dos santuarios rupestres más significativos de los catalogados en la comarca de Sobrarbe y dedicados a dos de los santos más venerados en esta tierra: San Victorián y San Úrbez. Los dos están perfectamente integrados y casi mimetizados con la naturaleza, lo que los convierte en bienes de gran valor patrimonial.

Inmaculada CASASNOVAS
28/03/2010

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AÍNSA.- A La Espelunga se accede a pie por un sendero que parte del emblemático Monasterio de San Victorián, declarado Monumento Nacional y, según algunos expertos, el más antiguo de España. El camino hasta el eremitorio se completa en un tiempo aproximado de una hora y durante el recorrido se divisan unas magníficas vistas del valle de La Fueva.

Practicable en cualquier época del año y con un desnivel de 300 metros, el sendero conduce a uno de los santuarios rupestres más espectaculares de Aragón. La primera parte avanza entre matorral hasta alcanzar la abandonada ermita de San Antón, del siglo XVII. Bajo las paredes rocosas de Sierra Ferrera, el sendero se adentra en un bosque de pinos y carrascas que llevan a la fuente La Habanera y a la "Piedra de San Beturián", piedra que, al parecer, sirvió de asiento al santo, además de campana para anunciar su muerte.

Colgada de los riscos calizos de Sierra Ferrera, la ermita acogió a San Victorián hacia el año 522 cuando llegó en busca del monasterio de San Martín de Asán. El eremita italiano se asentó en la espelunga ("cueva" en aragonés) y pronto trascendió su fama de santón. De ahí que los monjes del monasterio le ofrecieran el abadiato. Con posterioridad a su muerte, el cenobio cambió el nombre en honor a San Victorián.

La construcción de mampostería que cierra la cueva, es obra del siglo XVII y obedeció al deseo del obispo de Barbastro Fray Íñigo Royo. La entrada bajo arco rebajado da paso a un primer tramo cubierto con una cúpula octogonal sobre pechinas. El coro se elevaba en esta zona y el muro de la derecha comunica con la arruinada casa del santero. Gran parte de la nave se adentra en la montaña. Un muro recto y una bóveda de cañón configuran la cabecera bajo una impresionante cúpula natural, formada por una campana de sima de 15 metros de altura. Detrás está la sacristía, a la que se accede por una galería lateral.

En la actualidad se está reconstruyendo La Espelunga, trabajo que corre a cargo de la empresa Prames, a la que el departamento de Obras Públicas, Urbanismo y Transportes del Gobierno de Aragón, a través de la dirección general de Vivienda y Rehabilitación, adjudicó los trabajos de consolidación y restauración de esta ermita, perteneciente al municipio de La Fueva y para la cual se destina una inversión de 226.640,28 euros.

La Espelunga es un testigo del mundo anacoreta en el que vivió San Victorián. En el siglo IV, al producirse la crisis del mundo romano, proliferaron los anacoretas o eremitas que buscaban las cuevas abandonadas para preservar la vida y para encontrar la soledad necesaria para la meditación.

Con el paso del tiempo, el mundo de los eremitas se transforma a favor del monaquismo y la convivencia de los monjes. Según explica Domingo J. Buesa en su libro "Los monasterios altoaragoneses en la Historia", "este proceso se detecta en tierras de Aragón en la zona de Sobrarbe, el escenario de la realización en la Península de este cambio del eremitismo al monaquismo. Y la persona que lo vio claro fue San Victorián que pasaría a ser el abad del Monasterio de Asán, en donde se llegaba a concentrar gran número de monjes, entre los que destacaban importantes obispos (Vicente y Audeberto de Huesca, Aquilino de Narbona, Tranquilino de Tarragona o Eufrónimo de Zaragoza) y algunos santos aragoneses, como San Gaudioso de Tarazona".

Por otra parte, hasta los años 50, los maquis encontraron refugio en esta privilegiada atalaya que domina las tierras de La Fueva.

TECHUMBRE NATURAL

San Úrbez -el pastor de la montaña o también conocido como "el Sol de la montaña"- es un santo muy venerado en el Alto Aragón y encuentra en la entrada al Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, un lugar de culto. Se trata del eremitorio de San Úrbez de Añisclo que, encastrado en una imponente pared rocosa, fue morada del santo durante su estancia en la zona. En esta construcción se aprovecha la techumbre natural de la oquedad sobre la que se asienta, por lo que sólo hubo que levantarse un muro de cierre lateral para crear el santo lugar al que acuden en romería los vecinos de la zona el 1 de mayo, el 14 de septiembre y el 15 de diciembre.

A la ermita de San Úrbez se accede nada más cruzar el puente del mismo nombre. Allí, tal y como describe el autor del libro "Los santuarios rupestres en Aragón", José María Fuixench, "una robusta escalera conduce hasta la verja del alargado edículo encastrado en la roca. Abajo se yergue un altar exterior y la Virgen de Lourdes que asoma desde una pequeña concavidad frente a la ermita, desde que fuera colocada en 1961". En su interior, el altar conserva la gran losa que, según cuenta la leyenda, sirvió de camastro al santo, considerado como el "abogado del agua".

Entre las leyendas que acompañan a San Úrbez, Ramón Violant i Simorra recordaba "la de la edificación milagrosa del puente de San Úrbez, en el valle de Vió, cerca de la cueva del mismo nombre, donde se refugió el santo cuando vino de Francia huyendo de las persecuciones". Aquí, en este eremitorio rupestre, es donde el joven pastor se refugiaba con su ganado. Dicen que "un buen día, una gran tormenta le sorprendió. Lejos del miedo y ayudado por la Divinidad amansó con su cayado las rugientes aguas del barranco, conduciendo su ganado a salvo".

El monasterio de San Martín de la Val d"Onsera, el santuario de Nocito y la cueva de San Úrbez de Cerésola se suman a la ermita de San Úrbez de Añisclo como lugares claves para recuperar la memoria de este pastor.

Hasta la ermita de San Úrbez de Añisclo se accede por la carretera que parte de la A-138 a la altura de Escalona en dirección a Puyarruego y que sigue el curso del desfiladero de Las Cambras. El coche se deja en el aparcamiento cercano al puente de San Úrbez y se llega a pie al eremitorio en un corto paseo de apenas cinco minutos.

Además de La Espelunga y de San Úrbez de Añisclo, en la comarca de Sobrarbe se reparten otros santuarios rupestres, como el de San Antón de Torla, emplazado en la antesala del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido; la Iglesieta de los Moros, en Bergua; San Visorio, en San Vicente de Labuerda; San Martín, en Lecina o San Lorenzo, en Revilla.



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