
La mañana fue espléndida y el ambiente extraordinario. | I.C.
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Dos embarcaciones completaron el tramo entre Laspuña y Aínsa
Brillante y rápido descenso el que ayer protagonizaron dos navatas por las aguas del río Cinca, entre Laspuña y Aínsa, en el que emplearon apenas una hora en "arribar a puerto". Las dos embarcaciones, de tres tramos, eran conducidas cada una de ellas por tres pilotos, dos en la proa y uno en la popa.
Inmaculada CASASNOVAS 24/05/2010
LASPUÑA.- Hacia las 11,15 horas, tras los actos preliminares, las dos
embarcaciones iniciaron su periplo en una jornada estival y en la que el caudal
contribuyó al éxito de esta fiesta en su vigésimo sexta edición.
Dieciocho navateros, ocho en la primera navata –a bordo de la que viajaba el alcalde
de Puértolas, Ramiro Revestido– y nueve en la segunda, se emplearon a fondo
en el manejo de estas plataformas de madera.
Numero público siguió de cerca la evolución del descenso entre Laspuña
y Aínsa, acto al que se sumaron diversas autoridades, entre las que se encontraban
la consejera de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón, María
Victoria Broto, el presidente de la Diputación Provincial de Huesca, Antonio
Cosculluela o el diputado provincial de CHA, José Torralba. Tampoco faltaron
a esta cita los que fueran en su día navateros profesionales, Domingo Tomás,
de Laspuña, y los hermanos José y Mariano Pallaruelo, de Puyarruego, y
que todavía siguen apoyando a los remeros actuales.
Todos calificaron el descenso de "excelente" por la rapidez del mismo, en
el que invirtieron apenas una hora. "Subí por primera vez a una navata
a los 18 años; en mi familia no había tradición. Para mí fue
la oportunidad de salir a conocer otros lugares fuera de la zona antes de ir a la
mili", recordaba ayer Domingo Tomás, una idea que comparten José y
Mariano. Ellos sí que procedían de una familia navatera e iniciaron su
actividad con 17 y 16 años. Les gusta vivir el descenso pero "no sienten
morriña por este oficio, que abandonaron en 1949".
Domingo Tomás apunta que desde 1949 no volvió a subir a una navata hasta
1984, año del primer descenso, ya recuperado como un acto festivo y por diferentes
circunstancias, que le han impedido volver a subir a una navata entre Laspuña
y Aínsa. Sí que tuvo la ocasión de hacerlo hace varios años
en Xerta, a los 78 años, 60 años después de que se iniciara en este
oficio en un primer día que recuerda a la perfección. Su sapiencia la
transmiten a los navateros que les han sucedido a lo largo de estos años. "El
sábado se encontraban un poco inquietos por el nivel del caudal, menor que
días atrás que podía dificultar el descenso. Yo les comenté
que estuvieran tranquilos porque con el buen tiempo favorecería el deshielo
y se incrementaría el caudal, como así ha sido", señaló
Domingo Tomás.
Durante los doce kilómetros que separan Laspuña y Aínsa, numerosos
vecinos de la comarca y visitantes se congregaron en diferentes puntos por la A-138
y por la orilla del río Cinca, para ver cómo descendían las navatas,
a una velocidad muy rápida.
La fiesta comenzó con la celebración de la misa a orillas del río,
en el puente de Laspuña. Después, todos los asistentes disfrutaron del
tradicional almuerzo navatero y hacia las 11,15 horas salió la primera navata
y minutos después, la segunda.
De este modo, con los troncos atados exclusivamente con fibra vegetal, se transportaban
los maderos desde el Pirineo aragonés hasta Tortosa, donde eran vendidos en
las serrerías.
Este oficio ocupó a numerosos hombres de la comarca de Sobrarbe hasta que la
construcción de los embalses y la mejora de las comunicaciones por carretera
motivó el cambio de las navatas por los camiones para el transporte de la madera.
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