Diario del AltoAragón - Imágenes del Día
  
DIARIO DEL ALTOARAGÓN dispone de un sistema de gestión certificado de acuerdo a las normas ISO 9001: 2008 en calidad e ISO 14001:2004 en medio ambiente por SGS iCS
JUEVES
21
JUNIO
 
Establecer Diario del Altoaragon como página de inicio Añadir a favoritos   Buscar    B. Avanzada 

Cultura

José Antonio Labordeta, Miguel Servet y la libertad perdida

José Antonio Labordeta.
12
Sergio Baches reivindica la memoria de los "grandes de la tierra"

por Sergio BACHES OPI
09/10/2010

Vota 
Vota 1 de 5 Vota 2 de 5 Vota 3 de 5 Vota 4 de 5 Vota 5 de 5
 Resultado 
1 de 52 de 53 de 54 de 55 de 5 2 votos


Tuve ocasión de asistir hace cinco años a un concierto de José Antonio Labordeta en la Sala "Luz de Gas" de Barcelona. El auditorio estaba repleto y José Antonio, vestido de negro y acompañado sólo por su guitarra y un tenue punto de luz, nos regaló sus canciones durante una hora y media. Antes de empezar, nos comentó, con su inconfundible humor y como si de una premonición se tratase, que, a él, le quedaban pocos años en el convento. El repertorio incluía algunas nuevas canciones, pero casi todas las que interpretó, magistralmente por cierto, formaban parte de aquel género que algunos calificaron en tiempos como de "canción protesta"; expresión que hoy nada dice a los más jóvenes. Aquel hombre irradiaba optimismo, pero a la vez traslucía una seria nota de melancolía y desencanto, en la más pura línea de los grandes cantautores contemporáneos, como Jacques Brel o Leonard Cohen. Era como si presintiese que el tiempo se le acababa y que aquellos sueños de libertad y solidaridad se habían quedado en algo similar a un edificio inacabado y lleno de aristas incomprensibles. Al final, cuando iba a entonar "He puesto sobre mi mesa… todas las banderas rotas…", nos dijo que seguía siendo necesario cantar este tipo de canciones, infiriendo con ello que, en el fondo, poco habíamos avanzado desde aquellos años cándidos de la transición hacia la democracia, en los que un puñado de jóvenes creían que iban a poder cambiar el mundo, cuando, en realidad, fue el mundo quien los cambió a ellos.

Muchos años antes, el gran médico y teólogo aragonés, Miguel Servet, libró una batalla desigual con el "establishment" de su época, reclamando para sí y sus contemporáneos una esfera de libertad para poder opinar libremente sobre temas religiosos. Servet se hundió en su propia sabiduría como si fuera una piedra, incapaz de recabar la protección de ninguna ley para ejercer esa libertad que él tan justamente reclamaba. Como sabemos, murió solo y abandonado por todos.

Nos acercamos a dos seres humanos muy diferentes, pero unidos por una misma obsesión: la libertad; y un mismo desencanto: su búsqueda en una noche que parece no acabarse. Ambas experiencias vitales revelan que de nada sirven los grandes conceptos etéreos si no los anclamos firmemente a un conjunto normativo justo que garantice la libertad real de los ciudadanos. En la época que le tocó vivir a Labordeta, España pasó del tardofranquismo a una democracia parlamentaria, simple y llanamente porque los españoles dijeron que querían vivir en paz y en convivencia, superando viejos rencores y odios. Todas aquellas libertades fundamentales, que él tanto reclamó en sus conciertos, se plasmaron en el Título I, Capítulo II, Sección I de la Constitución Española de 1978. Aprendimos a redactar una Constitución para que fuera refrendada por la gran mayoría de los españoles, un mérito sin duda a la luz de la convulsa historia del constitucionalismo español, pero descuidamos que los derechos y libertades fundamentales se refuerzan y mantienen haciendo cumplir las leyes fundamentales en todo el territorio, interpretándolas con fidelidad al espíritu bajo el que fueron aprobadas por los ciudadanos, y garantizando su eficaz y eficiente aplicación a las situaciones reales de los individuos. Una vez más, el constitucionalismo americano nos da lecciones muy preclaras en este sentido.

En el caso de Servet, aquella libertad para disentir que él anheló y reclamó encontraba su sustrato jurídico en las formas y costumbres de los cristianos primitivos y en los escritos de los antiguos Padres de la Iglesia. Esa costumbre multisecular, verdadera columna vertebral de un "Estado de Derecho" canónico, fue, como muy bien nos enseña Servet en sus escritos, desvirtuada por códigos posteriores que penaban con la muerte la herejía y disensión.

Es cierto que la situación actual, en términos de consagración de los derechos y libertades fundamentales, difiere mucho de la época en la que vivió Miguel Servet, pero la deriva totalitaria, más o menos soterrada en obscenos ejercicios de ingeniería social y atentados contra las formas de vida más débiles, se percibe nítidamente a lo largo de la historia, llegando hasta nuestros días. Cuando el Estado de Derecho se quiebra, surge el desencanto, y los ciudadanos de a pie ven como sus derechos civiles empiezan a ser vulnerados por los propios poderes públicos. Por ello precisamente, todos deberíamos tener muy presente aquella reflexión del gran escritor judío Primo Levi en su libro "Si esto es un hombre", y actuar en consecuencia: En todo el mundo, en donde se empieza negando las libertades fundamentales del Hombre y la igualdad entre los hombres, se va hacia el sistema concentracionario, y es éste un camino en el que es difícil detenerse.

Aragón tiene una triste tradición que consiste en olvidar rápidamente a los "grandes de la tierra". Debemos ser capaces de revertir esa tendencia para que la memoria del gran cantautor aragonés permanezca en el recuerdo de todos los aragoneses y sea sin solución de continuidad objeto de difusión entre los más jóvenes. Y por ello mismo, cuando dentro de unas semanas el Gobierno de Aragón y el Instituto de Estudios Sijenenses "Miguel Servet" anuncien en rueda de prensa el programa oficial para el "Año Servet 2011", toda la sociedad aragonesa debe movilizarse y ser consciente de la importancia de esta efeméride para recordar que la libertad y los derechos fundamentales que la sostienen no son un don gratuito. Hay que refrendarlos cada día, como si de un plebiscito cotidiano se tratase, para de esa forma liberarnos de una sociedad de ciudadanos siervos e inconscientes.

Sergio Baches Opi. Abogado. Director del Instituto de Estudios Sijenenses "Miguel Servet"



Enviar a un amigo Enviar Imprimir Imprimir
 
Enviar a: Facebook Meneame Digg Wikio Del.icio.us Technorati Yahoo Fresqui


Enlace interno 6


Encuesta
¿Es acertada la destitución de Julen Lopetegui en vísperas del inicio del Mundial?
•  Sí, ha sido la decisión que se teníai que tomar.
•  No, debería seguir la frente de la Selección.
•  Me es indiferente.
•  No sabe, no contesta.

Redes Sociales

Enlace interno 5

Enlace interno 1

Imágenes del día
85 y 86 de 134

Enlace interno 4

X


 
SUSCRIPCION WEB PLUS
SUSCRÍBETE  
COMPRA DE BONOS
COMPRA TUS BONOS
COMPRA 1 DIA POR SMS
Envía DIARIO PAPEL al 25511
Para comprar la edición del día 20 de junio de 2009 envíe DIARIO PAPEL 20/06/2009 al 25511.
Coste del mensaje 1.45€ IVA Incl. Válido para España y todas las operadoras.
Código:  
COMPRA FOTOS EN HD
Envía DIARIO FOTO + código al 25511
Coste del mensaje 1.45€ IVA Incl. Válido para España y todas las operadoras.
Código:  

Política de privacidad y aviso legal
Acesso  WEB PLUS
 
 
Nuevo Usuario
Recordar Contraseña
Bolsa Trafico Sorteos Farmacias Cine Horoscopo Agenda Regístrese pulsando aquí