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ALTO ARAGÓN - #CONTRALADESPOBLACIÓN

La conquista del desierto

Las primeras colonas de San Jorge, Mártires Visús y Brigi Barrios, con la vecina María Elena Alagón.
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Quince pueblos de colonización se crearon entre los años 40 y 60. Cientos de familias vivían sin agua y sin luz en medio de la nada



ELENA PUÉRTOLAS
24/03/2018

HUESCA.- Llegaron con el sueño de una vida mejor a parajes inhóspitos con casas por construir y terrenos yermos con los que tenían que sobrevivir. Los primeros colonos se asentaron en 1945 en Paridera Baja, un conjunto de casas y corrales próximo a lo que después sería El Temple, el primer pueblo de colonización en el municipio de Gurrea de Gállego, que inauguró el Caudillo en 1953. Comenzó allí, en medio de la nada, el desarrollo del proyecto del Instituto Nacional de Colonización que construyó 14 núcleos más con la idea de repoblar el territorio y extender los regadíos, un proyecto hidráulico de principios del XX. Cientos de familias conquistaron el desierto del que sus nietos no se quieren ir.

Después se creó San Jorge, Artasona del Llano, Valsalada, Frula, Montesusín, Sodeto, Curbe, San Lorenzo del Flumen, Valfonda de Santa Ana, Cantalobos, Vencillón, Orillena, Cartuja de Monegros y San Juan de Flumen, que fue el último en fundarse cerca ya de 1970. Aquellos primeros pobladores llegaron a lugares sin agua y sin luz en los que debían convertir las tierras áridas en vergeles. Por ese esfuerzo, han recibido el Galardón Félix de Azara, otorgado por la Diputación Provincial de Huesca. Si algo comparten estos pueblos, que se han unido en una asociación, es un sentimiento de comunidad que se forjó frente a las dificultades.

"Éramos todos uno", resalta Beatriz Barrios, "Brigi", de 93 años, de las primeras colonas, originaria de Almudévar, que sigue viviendo desde 1956 en San Jorge, localidad de 119 habitantes. "Cuando llegué solo había siete casas, el resto estaba en construcción y como había muchos hombres trabajando, a los ocho días abrí una tienda en una habitación de casa", recuerda. Es una muestra del espíritu emprendedor de Brigi, que tuvo que cerrar a petición del Instituto de Colonización, que sacaba a concesión tienda y bar (a veces con cine) en los pueblos. Hoy en San Jorge ya no hay tienda pero cada día, a las 10.15, Brigi sale a coger el pan que les lleva el panadero de Tardienta y, allí en la plaza, se encuentra con Mártires Visús, que llegó al año siguiente, en 1957, cuando se habitó por completo.

No tenían nada. "Ya tenía a mi tercer hijo cuando llegó la luz", recuerda Mártires, de 82 años. Las tierras del lote de ocho hectáreas ni siquiera les daban para sobrevivir en esos primeros años, por lo que sus maridos tenían que salir a ganarse un jornal de forma clandestina, porque solo podían trabajar en su tierra. Una vivienda, un mulo para labrar, una vaca para leche y 8 o 10 hectáreas de terreno fueron los lotes iniciales que recibieron. Años después, sin animales. Ah, y la primera cría la tenían que entregar como pago a Colonización, que la daba a otro colono. Después de un periodo de tutela de cinco años, tuvieron que pagar las casas durante 40 años y las tierras durante 20, según detalla José María Alagón, doctor en Historia y autor de una tesis sobre este proceso. "Nadie les regaló nada. Lo pagaron todo con creces", comenta. Además, es vecino de San Jorge, y a sus 30 años es la tercera generación allí por parte de su padre y la cuarta de El Temple por parte de su madre.

También se ha quedado en el pueblo su hermana María Elena, de 38 años, que apuesta "por recuperar la iniciativa de antes, porque había mucha unión". Mártires explica que muchos domingos después de misa se juntaban en una casa con lo que tenían todos para comer y lo compartían. Ahora, María Elena colabora para mejorar el local social, en el que, por ejemplo, los jueves hace un taller de memoria de la Comarca de la Hoya, que sirve como punto de reunión. No se cansaría nunca de escuchar sus historias. Es más, "la tesis de mi hermano salió de las faldas de su abuela", dice. "Miro por la ventana que siempre quiso mirar mi abuela", apunta, mientras no puede evitar soltar unas lágrimas, ya adquirió una casa que le gustaba a su abuela por las vistas a la yesera. Pero no se quiere quedar con la nostalgia y muestra sus ganas de "revitalizar San Jorge, para que no se convierta en dormitorio o de fin de semana".

En el entorno de La Violada se construyeron también Artasona del Llano (hoy, 82 vecinos) y Valsalada (103 hab.), que estrenó ayer la carretera de unión con San Jorge. De ahí es el alcalde Antonio Labarta, adonde fueron de colonos desde Almudévar sus padres y de donde recuerda los juegos infantiles en los pinares que rodean a todos los pueblos de colonización para protegerlos del cierzo. En la entrada, cada día se reúnen bajo un platanero varios amigos y, en el banco que ha colocado Jesús, hablan de la vida del pueblo. Son núcleos que quieren crecer y atraer a más vecinos, como El Temple (422 hab.), donde se han desarrollado parcelas para nuevas viviendas, según su alcalde pedáneo, Raúl Martínez. Pero "mi pueblo es el mejor del mundo", asegura Brigi, y al final todos piensan lo mismo. Es el fruto de su esfuerzo.