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ALTO ARAGÓN - #CONTRALADESPOBLACIÓN

La lucha por engrandecer lo que levantaron sus abuelos

Foto de familia de un buen número de vecinos de Cantalobos
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En los pueblos de monegros conviven tres generaciones de colonos



MARGA BRETOS
24/03/2018

SARIÑENA.- En La Cartuja de Monegros, pedanía de Sariñena, jóvenes como Javier Ballarín, de tan solo 23 años, deciden apostar por su pueblo. "Además de que no me gustaba estudiar y mi padre estaba en el paro, me encanta el campo y decidí quedarme a trabajar aquí", señala el joven horticultor que junto a su padre emprendieron una empresa de verduras y hortalizas.

"Soy de los primeros que llegaron aquí (La Cartuja) y también fui camionero", explica Ramón Pabán, que con 72 años confiesa ser de la segunda generación de colonos. "Pasé dos veces por la piedra de principiante. A los 14 años, llegué con mis padres a Sodeto y luego a La Cartuja, donde vivo muy bien, si no, me hubiera ido".

Muy cerca está San Juan del Flumen, también pedanía de Sariñena, donde vive Francisco Lizabe "El Chato", de 85 años, nacido en Medina de Aragón. Con casa, tierra y tractor, en poco tiempo tuvo 80 vacas y 30 terneros. Poco después regentó el bar y con 60 años volvió de pastor de ovejas. "Ahora tengo tierra propia y eso me da garantía", explica Lizabe, que empezó con 118 ovejas, compradas por 6.000 pesetas, y fue aumentando hasta llegar a más de 3.000. A sus 85 años y viendo a sus hijos y nietos con salud, su mayor ilusión es ganar al guiñote y, cuando puede, echar un vistazo al ganado y la tierra. "Y si los nietos no sacan carrera o no les gusta estudiar, pues a trabajar con el ganado y la tierra, que no está nada mal", dice "El Chato".

San Lorenzo del Flumen, en Lalueza, destaca por la ilusión y actividad de sus vecinos. "Gracias a ellos no paramos de realizar proyectos", afirma orgulloso el alcalde, Armando Sanjuan. De allí es la galardonada con el premio Gabardera 2018, Mary Tricas, una emprendedora nata. "Desde Peralta de Alcofea llegué a Sodeto a los 17 años a pasar unos días en casa de unos tíos y me enamore de la vida de un pueblo nuevo", comenta. En Sodeto vivió 9 meses esperando que les concedieran casa y lote, pero como no llegaba se trasladó a San Lorenzo del Flumen. "Y así empecé a vivir a mi aire", narra, aunque eran tiempos muy duros. Comienza su faceta de emprendedora, impulsando la apertura de una guardería y una ludoteca. En 1989, funda la Asociación de Amas de Casa y en 1996 decidieron construir la ermita de Santa Águeda. Uno de sus últimos proyectos es la construcción de la Casa-Hogar para mayores. "Es un gran sueño de todos los vecinos de San Lorenzo del Flumen", explica.

Por otro lado, Orillena pertenece a Lanaja y recibe su nombre de otro pueblo de cuya existencia hay constancia documental de 1104, en el "Cartulario de Montearagón". El antiguo núcleo se despobló por completo en 1873. Más de dos siglos después nos encontramos con un pueblo cuya construcción finalizó a mediados de 1959 con 117 viviendas, la mayoría de una planta, excepto la del médico, la tienda, el bar y el edificio de la administración que tenían dos.

Los primeros en llegar fueron las familias Sanmartín y Rami, de la zona de Castejón de Sos, en junio de 1951, un año después lo harían el resto. Vinieron muchas por planes de repoblación forestal, reducción de pastos para el ganado, expropiaciones a causa de obras hidráulicas o por haberse terminado los trabajos de transformación de algunas zonas, se vieron abocados a la emigración.

Cantalobos también es pedanía de Lanaja y Lorenzo Casaus, su representante, que explica que llegó con 3 años. "No había ni agua y teníamos un teléfono para todo el pueblo, nada que ver con lo que hay ahora", señala. Entonces, entraron pagando un alquiler con derecho a compra, "como se llamaría ahora", y les entregaban una yegua, un remolque y una vaca que luego iban pagando poco a poco. Ahora solo son 80 vecinos, hay una casa de alojamiento rural, Casa Genia, y han instalado un invernadero.