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ALTO ARAGÓN - #CONTRALADESPOBLACIÓN

"Internet es ahora un servicio básico para evitar que haya más despoblados"

El oscense Cristian Laglera, en una de sus visitas a pueblos deshabitados.
cristian laglera: Ha recorrido los 320 pueblos de Huesca deshabitados durante el siglo XX



ELENA PUÉRTOLAS
14/04/2018

HUESCA.- Cristian Laglera (Huesca, 1977) ha visitado y documentado los 320 núcleos que, cruzando los datos del nomenclátor y del censo, se despoblaron en la provincia de Huesca durante el siglo XX y el resultado lo ha plasmado tres libros de Editorial Pirineo: Despoblados de Ribagorza y La Litera; de Alto Gállego, Jacetania y Hoya de Huesca; y de Sobrarbe y Somontano. Ahora, vuelve sobre sus pasos para documentar los cientos de ermitas que se encontró en su camino.

¿Cómo surgió ese interés por los pueblos deshabitados—

Todo comenzó en 2004, cuando acompañé a mi tío Paco Gabás a su aldea natal: Puy de Cinca. Llevaba 40 años sin regresar, desde que el pueblo se deshabitó por la construcción del pantano de El Grado, que no dejó ninguna casa bajo el agua pero sí las tierras de cultivo, por lo que se quedaban sin medio de vida. Llevaba tiempo insistiéndome y no me apetecía mucho, pero como yo tenía todoterreno, accedí. Eso fue un cambio de rumbo a mi vida total, porque quedé tan impresionado que ahí nació mi curiosidad. El campanario estaba abierto y en las calles había que entrar con tijeras.

No todos se despoblaron por la construcción de pantanos. ¿Por qué tantos ¿Dónde se concentran más—

Tengo 320 documentados. Lo que hice fue coger los censos y los nomenclátores de entre 1900 y 2000 del Instituto Nacional de Estadística (INE) y son todos los núcleos que se quedaron sin censo durante el pasado siglo XX. Hay muchas aldeas, sobre todo en Ribagorza, de solo dos o tres casas. Comencé en 2004 y acabé en 2015 y ahora estoy inventariando todas las ermitas y capillas de la provincia, incluso de las que solo quedan vestigios y me saldrán unas 2.000.

¿Qué tienen en común ¿Qué factores influyeron en esta despoblación masiva—

Hay dos características comunes: más de 80 % están situados en zona de montaña y más del 80 % se deshabitaron en una corta horquilla de 30 años, entre 1930 y 1960. A lo mejor puede parecer que no es corta, pero son pueblos que en milenios no habían sufrido cambios. Por otro lado, uno de los factores más importantes es la industralización, que hizo que mucha gente joven abandonara el pueblo, y lo que era peor, la casa con lo que eso significaba, en busca de un futuro mejor. También hay casos por la construcción de pantanos y uno muy flagrante, como el del valle de la Garcipollera, que se despobló por un proyecto de replantación de pinos, para que no se colmatara el embalse de Yesa, a 70 u 80 kilómetros.

Se habla mucho de quienes fueron expulsados por los pantanos, pero menos de quienes se marcharon por pura necesidad. ¿Cómo influyó la falta de servicios básicos—

Al final la causa fundamental es la falta de servicios básicos. Lo dejaba para el final porque sin electricidad, sin agua corriente, sin acceso, sin médicos, sin escuela... se tuvieron que ir.

¿Cree que si hubiera un acceso o unos servicios básicos muchos podrían recuperarse—

En este tema no soy muy optimista, porque la mayoría de los pueblos están totalmente devastados y la inversión económica que habría que hacer es inmensa. Al no tener accesos, los pueblos se hunden. No sabría decir la cantidad, pero en un alto porcentaje sería como un sueño, porque algunos son montones de piedras. Hay pueblos que sí. El valle de la Solana con una carretera de asfalto, porque ahora te juegas el todoterreno, se podría recuperar, porque muchos de esos pueblos están dignos todavía.

Se habla de pueblos abandonados pero detrás, en muchos casos, hay antiguos habitantes que no los han olvidado.

Correcto. Ya no viven ahí en muchos casos desde hace décadas, pero muchos no han perdido el vínculo y lo siguen visitando sus hijos y sus nietos. Dentro de estos despoblados hay de diferentes tipos: algunos en ruina total y otros que están despoblados pero que incluso tienen alguna casa arreglada y los fines de semana te encuentras gente.

Y también hay despoblados que han vuelto a la vida.

Entre estos 320 también hay algunos que se están recuperando de distintas maneras. Los que mencionaba que no tienen censo pero que se recuperan para fines de semana como Revilla o Escuaín. Por otro lado, están los del turismo rural como Ligüerre de Cinca o Morillo de Tou. También hay otros recuperados por nuevos moradores que no tienen nada que ver con sus antiguos vecinos, como Mipanas, Bergua o Aineto. Además, están los pueblos ocupados como muchos del valle de la Solana en Sobrarbe.

¿Cree que tiene mérito vivir en alguno de estos—

Sí, sí, claro. Hay pueblos en la Solana que tienen pequeñas comunidades de gente muy joven, de 20 a 30 años, viviendo allí, como en Gere, que han levantado casas, tienen huertos...

¿Qué se podría hacer ahora contra la despoblación—

Se sigue perdiendo población, pero me parece impensable que pueda pasar lo del siglo XX. Solo del valle de La Solana se marcharon 1.500 personas. Hay que adoptar medidas de discriminación positiva para que la gente que viva en los pueblos, empezando por la reducción de impuestos y por que haya servicios básicos. Ahora, ya no son solo el acceso, la luz o agua sino también internet. Me encantaría vivir en un pueblo, pero sin conexión no me iría.

¿Y no le han dado ganas de irse ya a alguno despoblado—

Precisamente a uno de estos, no, pero sí me gustaría vivir en un pueblo pequeño por la zona de Graus. La Ribagorza me tiene enamorado.

Todos los políticos y las administraciones hablan ya de despoblación, ¿cree que es un signo de cambio—

Parece que todas se han volcado, pero habrá que esperar un poco más para ver cuáles son los resultados.

¿Qué es lo más curioso que se ha encontrado—

Lo más llamativo ha sido la pérdida de patrimonio. Iglesias de miles de años de antigüedad usadas como garajes de coches, con el ábside cortado, como cuadra de vacas...

¿Aún le sobrecoge el silencio de estos pueblos—

Las sensaciones que sentí el primer día en Puy de Cinca las sigo sintiendo ahora. La piel se me sigue poniendo de gallina y el sentimiento es el mismo. Pienso en cómo vivió esa gente que tuvo que abandonar sus pueblos, porque al final el sentimiento es común y muchos me lo han transmitido porque se han puesto en contacto conmigo a través de mi web (www.despobladosenhuesca.com).