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ALTO ARAGÓN - #CONTRALADESPOBLACIÓN

"Pocas mujeres llevamos tractor, más por tabú que por una dificultad real"


Isabel Lisa, de 37 años, es viticultora y ganadera en Salas Altas, tras tomar las riendas de la explotación familiar. Defiende que la incorporación de la mujer es una revolución histórica



ELENA PUÉRTOLAS
16/06/2018

Lleva tres granjas de cerdos, poda las viñas o labra con el tractor. Isabel Lisa, de 37 años, continuó y engrandeció la explotación familiar de varias generaciones en Salas Altas, en la Comarca del Somontano, y defiende el trabajo de la mujer en el sector primario. Es más, se muestra convencida de que "la incorporación de la mujer es una de las grandes revoluciones que se han vivido en el campo en los últimos años. Es un cambio muy grande, pero como todavía somos pocas, no es muy visible. Hemos pasado de ayudar sin remuneración económica, a llevar las explotaciones".

Es madre de dos hijos de 4 y 2 años, por lo que la tentación es pensar en una "superwoman" o, mejor, una todoterreno. Isabel Lisa, responsable comarcal de Uaga Somontano, que fue además la primera mujer en la Ejecutiva de la organización agraria, quiere romper con los estereotipos de "macho-mula" porque, aunque no son muchas, pero sí "jóvenes y modernas". De un hombre agricultor quizá no se mencionaría que tiene hijos, pero Isabel sabe perfectamente lo que es conciliar, porque su marido trabajaba todo el día fuera. Ahora (y normalmente siempre es al revés), ha sido ella la que ha arrastrado a su marido al sector primario.

Isabel Lisa comenzó con las viñas de su padre, de las que vivieron varias generaciones de sus antepasados. "Decidí quedarme en casa y la verdad es que no se vio como algo raro, porque mi madre y mi abuela trabajaban en el campo, aunque mi padre ya pensaba que no tendría sucesión porque somos dos hermanas. Se sorprendió, pero no lo vio como una locura", explica. Por ello, cursó Formación Profesional en Huesca de la rama de Agricultura y después volvió al Somontano para empezar con su padre.

Unos cuatro años después de su incorporación a la agricultura, comenzaron con las granjas de porcino. Ahora, cuenta con tres de cebo que suman 3.120 plazas y tiene en proyecto una cuarta. "Como todo está muy mecanizado, llevo yo sola las tres granjas y me ocupa algo más de media jornada", indica. Al principio, su padre la sustituía algún día para que tuviera fiesta, pero ahora ya se ha jubilado. Por ello, este año se ha incorporado su marido, que trabajaba en la construcción. "Ahora, al trabajar todos en el campo llevaremos la explotación de una manera más cómoda y nos hemos dado cuenta de la importancia de la tradición familiar", apunta. Explica que los cultivos leñosos como la vid requieren mucha mano de obra, pero resalta que cada vez está más mecanizada y que para la poda ya no hace falta utilizar las tijeras manuales. La recolección también se hace ya con maquinaria. Aunque, en épocas puntuales, tienen que contratar mano de obra.

LA MUJER REPRESENTA EL 20 % DEL SECTOR PRIMARIO

La presencia de la mujer en el sector ha aumentado un 3 % en seis años. Con todo, en relación con la del hombre dista mucho de la equiparación y apenas representa el 20 %. En las Comarcas del Bajo Cinca y Cinca Medio es donde suponen un porcentaje mayor, el 22 %, frente al 78 % de hombres. Ligeramente por debajo están en Monegros y La Litera, con el 21 %; o el 20 % en el Alto Gállego. Jacetania es la zona donde el porcentaje de mujeres en el sector primario es menor y supone solo el 12 %. Estos son algunos de los datos del estudio elaborado por Vara y Coudo, para el Proyecto Concilia, en el que participan los seis Grupos Leader de la provincia de Huesca, que se presentó esta semana en Lanaja. Isabel Lisa participó en esta jornada en la que también se habló de que una de las principales conclusiones del estudio es que aunque aumenta tímidamente la presencia de la mujer, falta visibilizar su labor para acabar con los estereotipos.

Isabel Lisa defiende que el trabajo en el campo no es una cuestión de género. "El problema en el sector agrario son los precios y la falta de rentabilidad de las explotaciones, por eso no hay relevo. No es un problema de género, eso es una cuestión más social", comenta. Aunque en su caso tiene un valor sentimental, porque supone continuar con la labor de sus antepasados, "solo se mantendrá la empresa si funciona bien, porque al final es una empresa y tiene que salir rentable", indica.

Destaca que tiene "la suerte de no depender de la PAC". Por las 20 hectáreas de viña reciben 1.500 euros al año, frente a los 30.000 o 40.000 que cobran otros. "En realidad no son ayudas sino la compensación a la volatilidad de los precios de determinados productos que no son rentables. Además, es vergonzoso que algunos jóvenes no se puedan incorporar mientras otros que ya no cultivan las tierras cobran derechos históricos", denuncia Isabel Lisa.

Otro de los grandes problemas del sector es que "o venimos de una familia que se dedica a la agricultura o es prácticamente imposible empezar de cero si no tienes la tierra, maquinaria...", apunta, por lo que los principales problemas no son de género.

Por otro lado, "el trabajo en el campo nada tiene que ver con el esfuerzo físico que se hacía hace 30 años, porque está muy mecanizado. No hace falta excesiva fuerza y en algún caso te hace darle una vuelta a la cabeza para buscar otra solución", resalta. De hecho, Isabel Lisa ya no cuenta con el apoyo de su padre, ya retirado y con quien comenzó en el sector.

Según la investigación, para la que se encuestaron a más de cien mujeres vinculadas al mundo de la agricultura y ganadería de toda la provincia, solo el 8 % dijo manejar maquinaria pesada, por lo que una de las conclusiones es que todavía existe una brecha de género en este tipo de actividad, comentó la responsable de Vara y Coudo, Inés Artero. Isabel Lisa es una de ellas y por eso quiere visibilizar su labor para que otras se animen. "Pocas mujeres llevamos tractor, más por tabú que por una dificultad real, porque es más fácil que un coche. Prefiero dos horas con el tractor, que cualquier otro trabajo. Pero hoy por hoy no hay ninguno que sea duro, al margen de trabajar en julio bajo el sol".

FALTA DE SERVICIOS EN EL MEDIO RURAL

Pero le queda un sueño por cumplir y es volver a vivir en Salas Altas. Ahora, reside en Barbastro y hace el trayecto a diario hasta su explotación. "Una vez que te vas del pueblo, es difícil volver. Uno de los problemas del medio rural es la falta de vivienda y, en general, de servicios", denuncia. Al regresar de estudiar, era más fácil encontrar algo preparado para alquilar en Barbastro y ahí es donde vive. Aunque cuando iba a nacer su primer hijo se plantearon irse a Salas Altas, pero al no haber comedor escolar se echaron atrás. "La falta de servicios es un tema pendiente de resolver en los pueblos", indica. "Me considero una mujer del medio rural y vía Uaga quiero trabajar para que no haya más casos que se tengan que ir a vivir a la capital de la comarca", indica. "Tener una casa en Salas Altas me haría muy feliz y es una de las metas que tenemos", asegura.