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ALTO ARAGÓN - #CONTRALADESPOBLACIÓN

Luis Casajús: "Vivir del ganado es duro, pero solo mirar el paisaje me llena"


Luis Casajús es un pastor trashumante de 22 años que ha apostado por vivir de las ovejas y en el futuro quiere formar una familia en Hecho. Seis de once amigos son ganaderos



ELENA PUÉRTOLAS
30/06/2018

HUESCA.- Luis Casajús solo tiene 22 años pero ya ha pasado cinco inviernos de pastor en Los Monegros con las ovejas. No solo se dedica a la ganadería extensiva sino que además es trashumante. El invierno lo pasa en Lanaja y el verano en Hecho, donde nació y donde quiere vivir. "Aunque me gusta estar en Los Monegros, reconozco que cuando llego aquí me parece que estoy de vacaciones. Aunque es un trabajo duro, solo mirar el paisaje de mi entorno me llena por dentro", señala. Sueña con vivir de sus ovejas y formar una familia en sus montañas.

Hace poco más de una semana que han llegado con el rebaño a casa desde los pastos de Lanaja, Orillena y Lalueza. Las lluvias torrenciales han complicado la travesía y dificultado el tránsito por los caminos, de modo que frente a los 10 u 11 días que tardaban han empleado un mes porque han aprovechado pastos en su recorrido.

Luis continúa con la tradición ganadera de generaciones, aunque lo de la trashumancia lo practican desde hace pocos años. Toma el relevo a su padre, Antonio, de 59 años, al que evita el mal trago que tenerlas que vender cuando se jubile. "El peor castigo que me podrían dar es tener que venderlas y ver cómo marchan de casa", indica Antonio Casajús. "Hay gente que disfruta en la playa y yo disfruto sentado en una piedra viendo comer a las ovejas", reconoce. "Nosotros no tenemos días de vacaciones, sino ratos para irnos fuera o a comprar a una feria dos esquilas. No aspiramos a más porque con lo que tenemos es suficiente y tenemos la vida llena", comenta satisfecho de contar con relevo.

Cuando a punto de cumplir los 16 años Luis tomó la decisión de quedarse en casa, Antonio tenía 400 ovejas. Fueron guardando corderas hasta llegar a 700 y al incorporarse, Luis compró 300 más. Ahora, se prepara para cuando su padre se retire. "Estoy modernizando, comprando maquinaria y haciendo infraestructuras para que sea más cómodo y poderme apañar solo con unas 700 ovejas, porque con menos no da para mantener una familia", indica. Ahora, tienen cerca de 1.100, y además en Lanaja cuidan casi otras 500 de dos ganaderos de Ansó.

Su plan de futuro es continuar con las ovejas, pero también tener una familia, palabra que aparece en reiteradas ocasiones en la conversación. "Quiero estar toda la vida con ovejas, pero nunca se sabe, porque lo que tengo muy claro es que el día de mañana quiero formar una familia y he visto a muchos que por estar con animales se han quedado estancados y mal", relata. El tema de la familia lo ve con preocupación. "Vivir aquí en verano es fácil, pero el invierno es más complicado. Las familias han cambiado y no es como antes que las mujeres estaban en casa, necesitan tener un trabajo y en estos valles no es tan fácil", indica. "Lo tengo que decir con la boca pequeña, pero hay gente que no está dispuesta a vivir aquí todo el año. De vez en cuando te encuentras a alguien que le encanta, pero al principio todo es de color", apunta Luis. "Cuando tienes una pareja, si te vas de madrugada al monte, llegas un cuarto de hora a comer y vuelves a las once de la noche con ganas de ducharte y dormir, la pareja te va a decir que está ahí", apunta. Su plan de modernización es también para poder conciliar su vida con el ganado y la familia que desea formar en un futuro.

Luis no es el único joven de Hecho que apuesta por quedarse con ganadería extensiva. En el valle, se ha incorporado al sector muchos en los últimos años. En 2016, comenzaron uno con vacas y tres con ovejas, entre ellos, Luis. En 2017, dos con vacas y uno con ovejas; y este año, tres del valle de Ansó quieren continuar con el ganado ovino. Todos tienen menos de 30 años. "En Hecho siempre ha habido alguna incorporación pero tantas y tan de golpe, no", indica. De los 11 amigos que están en su pueblo, todos menores de 24 años, se han incorporado seis. Estas cifras tan altas hablan del relevo generacional en la ganadería extensiva y, sobre todo, del futuro para estos valles.

 

EL TEMOR AL OSO

 

Las ayudas a la incorporación al sector dan un impulso para empezar en esta actividad, aunque admite que es complicado comenzar de cero si la familia no se dedica a esto. Sin embargo, "por un lado nos ayudan y por otro nos ponen palos en las ruedas con el oso o con el lobo. No estoy dispuesto a tener las ovejas en el monte y que me las estén matando. Hace dos años ya tuvimos una mala experiencia con un ataque", apunta.

¿Y por qué? "Lo hablábamos hace unos días con un amigo que se ha puesto vacas. Alguno nos dice que es por el agua que bebemos, que nos aturde, y nos hace ver maja esta vida", bromea. "Lo hemos visto en casa y nos ha gustado, pero esto al fin y al cabo es una empresa y hemos encontrado la motivación de llevar nuestro negocio adelante. Esta vida es dura, no voy a decir que es fácil. Tiene días muy complicados pero otros muy tranquilos en el monte que te recompensan. Además, tienes la libertad de ser tu propio jefe", comenta.

"Los inviernos los paso trabajando mucho en Los Monegros, pero tampoco lo cambiaría", indica. Desde hace menos de diez años su familia es trashumante y ha apreciado que producen más corderos, que "a las ovejas se les alarga la edad", detalla. Llegan a acuerdos con propietarios de campos para hacer los repasos y así se alimentan de una forma más económica que en la montaña, donde "a veces lo que ganas con una mano se lo tienes que dar con la otra". "Por lo que sale una oveja aquí arriba, en Monegros cuesta la mitad y además están más hartas", asegura que tiene comprobado su padre. Eso hace que la vida sea más dura, pero es la que Luis ha elegido en su apuesta por vivir y contribuir al mantenimiento del medio rural.