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Antonio Fernández Alvira, premio Santa Isabel de Aragón


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La pieza "Elementos para un discurso" ha dado la victoria al artista oscense. La Diputación Provincial de Zaragoza concede el galardón, de 9.000 euros



S. C. O.
01/07/2018

HUESCA.- El artista oscense Antonio Fernández Alvira ha ganado el gran premio Santa Isabel de Aragón, Reina de Portugal 2018 con su instalación Elementos para un discurso.

Convocado por la Diputación Provincial de Zaragoza (DPZ), el galardón tiene una cuantía de 9.000 euros y es "uno de los más importantes de Aragón junto a la Beca Ramón Acín de la Diputación de Huesca", explicó el artista, que tiene en su haber ambos reconocimientos.

"Cuando me comunicaron que había ganado me llevé una sorpresa muy grande, porque cuando te presentas a un concurso sabes que es muy complicado llevarte el premio", confesó Antonio Fernández Alvira (Huesca, 1977) a este periódico.

Elementos para un discurso se impuso entre los 35 proyectos presentados porque, según el jurado, "es una obra conceptualmente bien elaborada y rotunda, con dominio del juego espacial, técnicamente bien resuelta y llena de elegancia y solidez".

Junto a estas cualidades, también se valoró "su punto historicista a la par que su carácter moderno y vanguardista. En definitiva, una obra con calidad técnica y un discurso relevante", añadió el jurado.

Gracias a los 9.000 euros del premio, Antonio Fernández Alvira podrá continuar su labor de artista, tan complicada para los profesionales que quieren vivir de su trabajo.

"Cuando son cantidades de este volumen te ayudan a seguir, ya que con este dinero puedo pagar el alquiler del estudio y producir trabajo, que es lo que a un artista más le preocupa", confirmó.

Con el gran premio Santa Isabel de Aragón, Reina de Portugal, al que se presentaba por segunda vez, su carrera también ganará en "posicionamiento y proyección", por lo que se mostró "satisfecho" con el resultado.

 

LA PIEZA

 

La pieza ganadora plantea "una investigación sobre los procesos de lectura, análisis e interpretación de las imágenes y de los discursos que estas plantean". Como estas, en función de cómo se muestren, "son legitimadas como reales, asentándose en el imaginario colectivo", explicó.

Para realizar este proceso se sirvió "del uso de mecanismos de exhibición empleados en los ámbitos arqueológico y museístico, unido al uso del "fake" y del engaño visual como herramientas plásticas", prosiguió.

Una serie de dispositivos, conformados por lo que parecen ser piedras o elementos de cemento, y dispuestos siguiendo un entramado y un orden cromático (de claro a oscuro) se muestran en la obra. "A primera vista, la disposición nos remite a lo que podrían ser unos restos arqueológicos de una trama urbana. Estos elementos, a la vez, están colocados sobre soportes de madera que los exhiben y acotan, dándoles forma, añadiéndoles en las esquinas unas piezas realizadas en material y apariencia diversa, pero que dan continuidad visual y de lectura, justificando esta disposición de los restos, siguiendo pautas de exhibición museísticas, que ayuden a su interpretación y promoviendo un modo de lectura de estas", dijo.

Aunque hasta aquí podría ser simplemente un dispositivo museístico, "toda la pieza es un "fake"", debido a que "son reproducciones en escayola de un pequeño fragmento encontrado de una moldura de madera, el cual al ser colocado en forma continuada, cambiando su disposición y material, jugando con la apariencia, varía totalmente de significado, dando pie a otra lectura ante nuestros ojos", especificó.

Se trata de una obra que, al descubrir el engaño, "se torna frágil y busca abrirnos los ojos al modo en que miramos y analizamos, y cómo cierta información y discursos se legitiman ante nuestros ojos simplemente por el hecho de ser presentados como reales", añadió.

La pieza podrá verse en el Palacio de Sástago de Zaragoza hasta el próximo mes de octubre junto a las obras finalistas y premiadas en el certamen.