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EDITORIAL

Las pinturas murales de Sijena




Diario del Altoaragón
08/07/2018

C UANDO alguien eleva la incoherencia a eje central de su narrativa argumental, y la sostiene caiga quien caiga, en cualquier conflicto la otra parte debe percibir que la razón y el sentido común no se abrirán camino si no es con la aquiescencia y la consecuente aplicación de las instancias judiciales. La nueva consejera de Cultura de la Generalitat de Cataluña ha calificado de la manera más negativa la posibilidad de "arrancar" las pinturas murales de Sijena instaladas en el Museo Nacional de Arte de Cataluña por el riesgo de daños que revelan los informes sobre tal eventualidad a requisito de los tribunales, naturalmente documentos encargados y pagados de parte, esto es, de la administración catalana, que se contravienen con los que dispone Aragón. Sin entrar en las soluciones técnicas, las hay con absoluta seguridad, lo chocante es la naturalidad con la que Laura Borràs entiende la deslocalización en su tiempo de tales obras de su escena primigenia en el monumento sijenense, en una época en la que obviamente las condiciones de la tecnología y del conocimiento eran sustancialmente inferiores.

Existe una evidente consigna política y social en la comunidad vecina de negativa a cualquier aceptación de las sentencias judiciales y su correspondiente ejecución, con una lógica –ilógica- que apela a una historia compartida de ese patrimonio. Obviamente, ante ese rechazo de un concepto tan fundamental como es la propiedad, la realidad histórica y la identidad, no queda sino incidir en las reglas leales y legales de todo conflicto en un Estado de Derecho, que pasan por la concurrencia de la acción ante los jueces y la exigencia de acatamiento de las decisiones de este poder. Lo contrario es impropio de los responsables cuya obligación es aceptar las normas constitucionales que vertebran la democracia.