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La noche de los valientes


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El Verbo Odiado, Lucca, Pecker y Fongo Royo protagonizaron una gran noche de música oscense en el recinto exterior del Palacio de Congresos



LUIS LLES
14/08/2018

HUESCA.- El titular de esta crónica no es de quien firma estas líneas. Lo regaló el oscense Raúl Usieto, Pecker, al señalar durante su actuación del domingo en el exterior del Palacio de Congresos que ésa era la noche de los valientes. Y lo era porque había que ser valientes para desafiar a la tormenta y el frío de la noche para disfrutar de las actuaciones que protagonizaron cuatro artistas oscenses que han publicado disco en este 2018: El Verbo Odiado, Lucca, Pecker y Fongo Royo.

Cuatro concepciones musicales diferentes (indie, pop-rock, electropop y fusión) que dan una idea de la extremada variedad de la escena local. En todo caso, llama siempre la atención el escaso apoyo que el público oscense le presta a su propio panorama musical. Como suele suceder cada año en las fiestas de San Lorenzo, las actuaciones de los grupos oscenses suelen convocar un público reducido. Y de todas formas, es de agradecer la presencia de esos cientos de valientes que se acercaron a comprobar la buena salud de la escena local.

La noche, recién finiquitada la tormenta, comenzó con un público todavía escaso y bastante tímido, que recibió sobre el escenario al grupo El Verbo Odiado, artífice de un magnífico disco, Tú ganas, que fue la base de su concierto, aunque también incluyeron temas anteriores y algún otro nuevo, todavía sin título. Una de las canciones del álbum, Cazador, fue la encargada de abrir el fuego de una actuación que volvió a coronar a El Verbo Odiado como el gran grupo aragonés de eso que se conoce como shoegaze pop, caracterizado por sus atmósferas introspectivas y ensimismadas. Se sucedieron temas como No tienes nada, Tarantino o Tom y Jerry, y finalizaron con Tu casa y, como despedida, El odiado, una de sus perlas más brillantes, un largo tema-río que desemboca en pura catarsis, con la intensidad de la tormenta que había caído previamente. Parece ser que el prestigioso sello indie Subterfuge anda detrás de ellos.

Tomó el relevo Lucca, esa formación siempre cambiante que dirige con mano férrea Chema García y que parece haber encontrado, finalmente, el sonido que andaba buscando. O lo que es lo mismo, un pop-rock cromado, de aristas cortantes, tan cerca del power pop como del rock alternativo.

En su actuación laurentina se dedicaron a repasar casi al completo su reciente segundo álbum, Beautiful chemistry, comenzando por el tema Take me out y siguiendo con otros como Once upon a time, Broken glasses, Those things that we don"t have o Hasta la luna y volver, uno de los pocos temas cantados en castellano de su repertorio. Tras Satellites, retomaron una de sus canciones antiguas y una de las más emblemáticas, Green walls & empty songs, y se despidieron con otro de los temas más energéticos de su nuevo álbum, 500 años, que fue enlazado con un eufórico y electrizante Whole lotta love de Led Zeppelin, algo que rubrica su nueva orientación hacia terrenos más duros.

Llegó después el momento de escuchar a Pecker, que vino acompañado de un muy sólido grupo (guitarra, batería y teclados), que sonó brillante y contundente a un tiempo. Con su más reciente disco, El incendio perfecto, todavía caliente, Pecker volvió a dejar claro que tiene pocos rivales en su carrera hacia el trono del electropop nacional. Sus melodías son contagiosas, sus estribillos infecciosos y sus ritmos infalibles. Y sus letras, cada vez mejores.

Con una sencilla pero cuidada puesta en escena (que incluía el nombre de Pecker en letras luminosas en la batería), hizo un repaso por sus grandes éxitos, que a estas alturas son ya muchos, comenzando por uno de su más reciente disco, Seremos parte del huracán. A partir de ahí fue un no parar de corear las melodías de jitazos como Confort, No (todo lo que no), Encantadora lunática, Me quemas bastante o Calaveras y diamantes. El brutal technodisco de Bailas (o mueres), con ese guiño más que evidente a New Order, precedió a otros bombazos para la pista de baile como Acapulco, Supernova e Inédita. La despedida, como no podía ser de otra forma, se produjo con El azul y el grana, su particular homenaje al ascenso de la SD Huesca. ¡Sin reblar! Una actuación redonda.

Pero quizá el momento de mayor audiencia de la noche lo protagonizó la última banda programada, Fongo Royo, el grupo oscense que más entusiasmo genera actualmente entre el público local. Lo certifica el hecho de que en fechas recientes han actuado tres veces en Huesca: en el Open Mic, en el Reberde Fest y en esta noche de celebración de la música oscense. Muy próximos a otros grupos en su línea de fusión como La Raíz o La Pegatina (que también arrastran a numeroso público joven), han sabido encontrar la fórmula ideal para su combinado sonoro: una vigorosa y bien cocinada mezcla de reggae, rock, rap y ska, con unas gotitas de ritmos latinos y aromas balcánicos. ¡Y a saltar! En su actuación, en la que volvieron a mostrar su buena forma actual, repasaron al completo las canciones de su primer EP, Si lo cibes.

Tras poner a botar a todo el mundo con Barrenau y mostrarse más cadenciosos con Aire, leyeron un breve manifiesto contra las agresiones sexistas, que explicaba el por qué de ir vestidos de negro (en lugar de con el blanco y verde laurentino) y pidieron un minuto de silencio, que fue escrupulosamente respetado por los centenares de espectadores presentes. Y tras ese breve paréntesis, la alegría mezclada con compromiso volvió con otros temas como Luchemos compañeras (su tema más directamente político), Pan y circo y No es fácil. Una noche realmente completa que certifica la excelente salud del panorama musical oscense.