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ALTO ARAGÓN

Antonio Casaus y Enrique Ramón: "Se pierden pastos y será un problema"


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Los ganaderos del valle de Broto alertan del cambio del paisaje



ELENA PUÉRTOLAS
18/08/2018

HUESCA.- "Desde que empecé a ir al monte hace 50 años, el bosque se ha comido ya el 50 % de lo que nosotros íbamos a pastar", asegura el ganadero del valle de Broto Antonio Casaus, de los dos que quedan en Fragen. "En los montes más bajos, a partir de 1.500 metros, ahora sube la maleza ya a 1.800 o 1.900, que casi es bosque", detalla. Eran otros tiempos, porque después de la Guerra Civil había 13 ganaderos en su pueblo y ahora solo quedan 25 vecinos.

Además, Antonio Casaus coincide con la conclusión de los científicos del Instituto Pirenaico de Ecología en que "el hecho de que haya solo un tipo de ganado influye mucho, porque los caballos y las mulas que había antes se comían un tipo de hierba que las vacas ni la tocan. Y las ovejas se comen los pinos cuando nacen, los arbustos... Ahora los erizones y los enebros lo invaden todo y, en medio, salen los pinos y ya está el bosque", dice. A esta conclusión ha llegado por observación, pero no difiere de la explicación de los investigadores.

También apunta que la prohibición de hacer quemas ha influido mucho en el cambio. En este ámbito, la doctora en Biología Sara Palacio, resalta que el fuego se propaga con mayor facilidad en el bosque mientras que en el paisaje mixto con pastos es más fácil de controlar.

"Somos menos ganaderos y el bosque está cubriendo el monte cada vez más. La vegetación le gana terreno al cultivo. Pronto va a ser un problema, porque no se toman medidas como fuegos controlados. Estamos perdiendo muchos pastos o campos que antes se trabajaban", destaca Enrique Ramón, ganadero de Linás de Broto ya jubilado, al que le ha tomado el relevo su hijo Alberto. "Antes había mulas que se criaban en el monte hasta que valían para trabajar y hacían un buen papel, También había muchas ovejas. Mi padre decía que solo en Linás había unas 14.000 y ahora en todo el valle igual hay 2.500, por lo que los montes estaban limpios o incluso el entorno de los pueblos. Ahora, en caso de incendio, es un peligro", detalla. Por otro lado, denuncia que a los problemas a los que se enfrenta la actividad hay que sumar la presencia del oso y el lobo con los que es "incompatible". "En el medio rural, cada vez quedamos menos y se nos escucha menos", critica.

Por suerte, a un año de la jubilación, la explotación de Antonio Casaus tiene relevo y trabaja ya con Dani Magallón, de 36 años, con el que suma 140 vacas. Este último vive en su localidad natal con su mujer y su hijo de tres años. Y excepto su madre y su pareja, aún están en activo, así como otra chica que tiene una casa de turismo rural, el resto son jubilados. De hecho, recientemente se ha retirado otro ganadero que ya ha vendido parte de la cabaña. Dani representa el futuro de la actividad y en sus manos queda el mantenimiento del paisaje.