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ALTO ARAGÓN - COLABORAN: BANTIERRA Y DIPUTACIÓN DE HUESCA
#CONTRALADESPOBLACIÓN

Olivos centenarios para salvar un municipio en la Laponia turolense





ELENA PUÉRTOLAS
13/10/2018

HUESCA.- Unimos tecnología y medio rural, con unas gotas de aceite de Oliete (Teruel) para engrasar, y un pueblo entero vuelve a funcionar. "Apadrina un olivo" es una iniciativa de emprendimiento social con la que se han recuperado en cuatro años y medio 7.000 olivos abandonados de entre 100 y 500 años, se han creado ocho puestos de trabajo fijos con los que se ha evitado el cierre de la escuela y emplea de forma temporal a los usuarios de Atadi (Asociación turolense de ayuda a la discapacidad).

Con una aportación de 50 euros al año, padrinos de toda España e incluso de Nueva York, pueden conocer el estado de su olivo, a través de un código QR, o asistir a encuentros mensuales para verlo. Además, les entregan dos litros de aceite al año. Por ello, los visitantes en Oliete han crecido de forma exponencial, porque ya son 2.500 los asociados.

"El proyecto hace sentir al padrino que es parte actora y héroe del cambio, por lo que se genera un fuerte vínculo emocional". Así lo valora Alberto Alfonso, de Oliete, que miró un día a su alrededor y pensó que tenía que frenar el abandono de los olivares en torno a los que ha girado la historia de Oliete, cuyo origen etimológico habla de ello.

El detonante fue que en la Campus Party de Londres de 2013 se encontró con algunos de los cofundadores de este proyecto: José Alfredo y Adrián Martí, de Madrid, Pablo García de Valencia, y Sira Plana, también de Oliete, que participa en el programa "Laponias conectadas", que pone en contacto a emprendedores de Laponia y las zonas más despobladas.

Hoy, "somos un modelo a exportar para poner en valor los recursos naturales endógenos, porque cada pueblo tiene algo de lo que presumir. Nosotros aceite, otros miel, garbanzo, azafrán...", asegura Alberto. "La clave es darle un valor añadido como la agricultura orgánica, que trabajen personas especiales o que el propio producto o la historia que se cuente llame la atención".

Para ello, utilizan las nuevas tecnologías para "conectar emocionalmente el medio rural y el urbano" e implicar a la sociedad en un proyecto con tres fines: la conservación medioambiental, el desarrollo de personas en riesgo de exclusión social, laboral o con discapacidad; y trabajar en abrir vías de desarrollo rural sostenible en áreas despobladas con graves problemas de supervivencia.

Ahora, hay ocho personas contratadas todo el año y los usuarios de Atadi colaboran en momentos como la recogida. En 2017, saltó la alerta porque solo se iban a quedar cuatro niños en la escuela, a pesar de que hoy hay 357 empadronados, lo que da una idea del envejecimiento en una zona donde la densidad es de 3 habitantes por kilómetro cuadrado (en Sobrarbe 2,7). Entonces, lanzaron una oferta y llegó Raúl con su mujer, tres niños y otro en camino.

Y no fue el único. "Es la empresa del pueblo que más gente tiene contratada", asegura el alcalde, Ramiro Alfonso, que resalta cómo este proyecto ha cambiado el pueblo por la labor medioambiental, la recuperación de la escuela y la generación de empleo. En 2016, reabrieron la almazara, que también da servicio a productores del entorno.

Por todo ello, este mismo año han recibido el I Premio Aragonés al Emprendimiento Social así como el de Medio Ambiente. Además, obtuvieron el Premio Experiencia Turística de Aragón, el de Talento Solidario de la Fundación Botín o el de Emprendimiento Social de La Caixa. "Y seguimos adelante porque si podemos, hay que seguir creciendo.

Oliete tiene 86 kilómetros cuadrados y 100.000 olivos, la mayoría abandonados, por lo que tenemos tajo", apunta Alberto Alfonso. Ahora, han iniciado una línea de cosmética "Endógena", que se estrenó en el balneario de Ariño y, además de aceite, venden otros productos como anillos de madera de olivo en "miolivo.org".

Para aumentar la superficie, crearon los "contratos de custodia del territorio", por los que los propietarios ceden durante 5 años la finca para su recuperación y al sexto les dan el 10 % de la cosecha. Alberto Alfonso y otros cofundadores trabajan fuera y de la iniciativa solo cobran los empleados. Si algún día se disolviera, todo quedaría para el pueblo.

"Es para que la gente tome conciencia de que en el medio rural iniciativas originales y creativas son posibles. A veces, la solución está implícita en el problema", asegura Alberto.