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ALTO ARAGÓN - COLABORAN: BANTIERRA Y DIPUTACIÓN DE HUESCA
El vecino de San Juan de Plan, cría terneros y ha montado una sala de despiece para reducir al mínimo la comercialización

Alberto Palacín: "A los ganaderos no se nos reconoce la labor de mantener los montes y pueblos"


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#CONTRALADESPOBLACIÓN



ELENA PUÉRTOLAS
10/11/2018

HUESCA.- De los montes del valle de Chistau directamente a la mesa, sin intermediarios. Esta es la ventaja competitiva de la ternera de "Chistau Natural. La ternera de las montañas", una forma de producir con un ciclo corto para evitar desplazamientos, demoras y mantener la calidad.

Pero sobre todo es la fórmula que ha encontrado Alberto Palacín, de San Juan de Plan, para hacer más rentable la ganadería de montaña. Con todo, el futuro de esta actividad tradicional y, por lo tanto, del mantenimiento de los pueblos de montaña, lo ve complicado.

La Asociación de Entidades Locales del Pirineo Aragonés (Adelpa), que inicialmente nació para reclamar una política hidráulica adecuada al territorio, ha solicitado en sucesivas ocasiones en los últimos años medidas de apoyo para la ganadería extensiva, porque también es clave para el Pirineo. Alertan de que solo en diez años han desaparecido 500 explotaciones.

Son los mismos datos con los que trabaja el Gobierno de Aragón. En ovino, de las 1.434 explotaciones que había en 2005 se ha pasado a 1.010 en 2017 en las zonas de montaña de Huesca y Teruel, de modo que se han perdido 424, lo que supone una reducción de casi el 30 %, según indica el director general de Alimentación y Fomento Agroalimentario, Enrique Novales.

En vacuno, de los 653 ganaderos de vacas nodrizas que las crían en extensivo, se ha pasado a 643. La reducción apenas ha supuesto un 1,53 %, lo que demuestra que el vacuno aguanta mejor.

"Veo muy complicado el mantenimiento de la ganadería de montaña sin apoyo", asegura el vecino de San Juan de Plan Alberto Palacín. A su juicio, "a los ganaderos no se nos reconoce la labor de mantener los montes y los pueblos".

Por ello, cree que la administración tendría que apoyarlos por "el trabajo de limpieza del monte para evitar los incendios o de los caminos para el turismo", explica.

Alberto Palacín es uno de la quincena de ganaderos que quedan en San Juan de Plan, aunque aún hay alguno más pequeño que está a punto de jubilarse u otros que complementan su renta con otra actividad, y que pertenecen a la Asociación de Ganaderos "Valle de Bielsa y Chistau".

El problema es el relevo generacional. "Hay algunos ganaderos jóvenes, pero no muchos, porque la ganadería en alta montaña es muy sacrificada y todo son dificultades. Pocos entran de nuevos", asegura.

Además, "con la compra del ganado, el hacer las naves... es una inversión difícil de sacar adelante porque la ganadería en alta montaña es muy muy poco rentable", indica. Por ello, incorporarse desde cero es "imposible", asegura. "Por muchas ayudas que les den, si no les viene de atrás, es imposible", comenta.

 

EL VALLE DE CHISTAU

 

En el valle de Chistau, no solo se pierden ganaderos sino también población. En San Juan de Plan, hay 142 habitantes, diez menos que a principios de este siglo.

No obstante, en Gistaín con el mismo número de empadronados la caída ha sido mayor porque iniciaron la centuria con 175. En Plan, frente a los 332 del año 2000, son ahora 287. Solo Saravillo ha pasado de 79 a 91 en este tiempo, aunque en 2014 llegó a alcanzar los 100, según el Instituto Nacional de Estadística.

Por ello, Alberto Palacín defiende la necesidad de mantener la ganadería, que ha sido el modo de vida tradicional. "El turismo está muy bien, pero muchos establecimiento no están abiertos todo el año. Los ganaderos somos los que estamos todo el año en el pueblo. Por ello, la ganadería es un sector muy importante para mantener los pueblos", concluye. Además, apunta que también hay gente que se dedica a la construcción y que residen allí todo el año.

En su caso, continuó con la tradición familiar de generaciones y asumió la explotación de vacas. Después de probar algún otro trabajo, a los 25 años tomó la decisión de dedicarse a la ganadería y, sobre todo, de modernizar.

Y no ha dejado de hacerlo hasta que en los últimos años ha apostado por cambiar el modelo de venta para que la carne llegue con una mayor calidad al plato del cliente.

Sus vacas, unas 70 nodrizas y hasta 120 con los terneros, se crían en los prados de altura del valle de Chistau, reconocidos por el Instituto Pirenaico de Ecología (IPE) por su valor nutritivo.

En verano, pastan en el puerto, a 2.700 metros de altitud, en la montaña de Gistaín o en la de San Juan de Plan. Ahora, con la llegada de los primeros fríos, ya están a 1.400 metros. "La base son los pastos de alta montaña porque la carne tiene diferente sabor y ternura", apunta.

Por esta razón, es también una ganadería "sostenible" porque en los prados no hay abonos, simplemente el estiércol de los animales que es natural porque no consumen piensos.

Con esta base, apostaron por poner en valor la calidad de la carne de los terneros que producía. Antes, como suele ser la práctica habitual en el sector, se vendían de pasteros (cuando tienen 5 o 6 meses) a cebaderos de otras zonas más bajas de la provincia.

Fue en el año 2000 cuando comenzaron a vender su carne directamente a carniceros de Zaragoza y Huesca. En 2014 dieron el paso definitivo, construir su propia sala de despiece en San Juan de Plan para preparar los paquetes de carne y enviarlos a domicilios particulares de toda España con servicio de transporte en frío. "Lo que no vendemos aquí lo vendemos en paquetes ya fileteado con todas las partes de la ternera. Nosotros vendemos toda la ternera y a la gente le llega a un buen precio.", detalla.

"Nos permite trabajar canal por canal y respetar el tiempo de maduración con la temperatura controlada para mantener la calidad", indica. "Se encarece y toda la calidad que producimos aquí se va perdiendo por el camino con los canales de comercialización", dice.

No pidieron ayudas Leader al emprendimiento en el medio rural porque ellos mismos se construyeron la sala y compraron el material de segunda mano, dada la gran inversión que conlleva. De hecho, Adecuara (la Asociación para el desarrollo de la Jacetania y el Alto Gállego) cuenta con una en Jaca, que utilizan varios productores, pero a Alberto le caía un poco a desmano.

Toda la cadena desde criar el ternero en el monte hasta que llega a la casa del cliente lo puede realizar porque su mujer también trabaja en el proyecto. Para todo este proceso, se formaron en carnicería. "Para el tiempo que llevamos con esto, nos funciona bien", asegura.

 

NI UN SOLO DESPERDICIO

 

Pero, además, uno de los pilares de sostenibilidad del proyecto es que los despojos que se generan en el matadero acaban en el comedero de aves necrófagas de Aínsa, que gestiona la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos.

Y los que se generan en su sala de despiece van al de Plandescún, en Plan. De este modo, que exista esta actividad en el valle permite alimentar a las aves necrófagas de la zona. "Contribuimos al mantenimiento del quebrantahuesos, el urogallo o los buitres.

De este modo, se cierra un ciclo y no hay ningún desperdicio, por eso decimos que es sostenible", asegura Alberto Palacín.