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¿QUIÉN SOY?

Pedro García, "defensa" del patrimonio


Evoca su infancia por las calles de Monzón



F. J. PORQUET
09/02/2019

Pedro García nació en la calle La Fuente de Monzón, a un paso de la plaza de San Juan y en territorio de la antigua judería. También cerca del camino La Costera que bordea la base del cerro del castillo y enlaza con el que lleva a la Fuente del Saso, lugar que recuerda como su paraje preferido para las correrías infantiles.

"La Fuente del Saso y Las Loberas era nuestros lugares de juego, y el entretenimiento más habitual, la construcción de casetas con cañas y lo que encontrásemos. También las hacíamos en las oquedades de dos grandes rocas de mallacán. En una hasta disponíamos de agua, pues había una surgencia", apunta.

Otro enclave inolvidable es "la era de Maurín", donde se disputaban reñidos partidos de fútbol, a veces incluso con los equipos uniformados con camisetas. De incursiones en el castillo, muy propias de los chavales que vivían a los pies del emblemático monumento, García no guarda memoria. "Yo siempre he entrado en la fortaleza de forma legal", dice.

Otra fotografía con diez o doce años: subir a la bicicleta, acercarse a los pies del cerro de la ermita de la Virgen de la Alegría y recoger restos de cerámica, que abundaban. "Iba porque sí. Me llamaba la atención y me servía para romper lo cotidiano y hacer algo diferente. Luego roturaron los campos y se acabó", señala.

Pedro estudió en el colegio Joaquín Costa ("entonces decíamos escuelas nacionales"), el IES Mor de Fuentes y el colegio salesiano. En este último cursó la FP, y después ingeniería de electricidad en la universidad. "Este itinerario formativo, con la FP en primer lugar, es el más recomendable", asegura.

Desde 1982 es socio del Centro de Estudios de Monzón y Cinca Medio (Cehimo). En la directiva ha estado "casi siempre", y un año atrás le cogió el testigo de la presidencia a Joaquín Sanz. "Al margen de mi carrera técnica -dice-, siempre he tenido inquietudes por la historia y el patrimonio cultural. Conservar el patrimonio me parece una obligación de cualquier sociedad. Si todo desaparece, nos quedamos sin referencias, sin vínculos".

Relata la siguiente anécdota: "En la plaza de San Juan había unos grandes plataneros y una fuente en el centro. Un verano me fui a la colonia de Rasal y a la vuelta me lo encontré todo plano, arrasado. Ni plataneros ni fuente. Tocaba urbanizar. Supongo que hay otra forma de hacer las cosas".