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GENTE DE AQUÍ

Pepe Bosch Claramunt: "Todos trabajamos duro y hoy Monzón es ciudad de músicos"


Lleva más de treinta años vinculado a la banda municipal La Lira de la capital ribereña



F. J. PORQUET
15/04/2019

DESPUÉS de más de treinta años vinculado a la banda municipal La Lira, siempre armado con su querido clarinete, Pepe Bosch, natural de Puzol (Valencia), es un montisonense de primera línea, de figura inconfundible cuando la formación musical desfila en fechas señaladas del calendario o sorprende a los vecinos en el auditorio San Francisco en los tradicionales conciertos de Santa Cecilia, Navidad, Primavera y San Mateo.

La historia de Pepe está ligada a la de Luis Díaz, el director de la banda, y resulta curiosa. Ambos son valencianos y coincidieron a primeros de los ochenta en la Banda de Música de la Academia General Militar de Zaragoza, a la que accedieron tras aprobar las oposiciones a cabo del Cuerpo del Músicas Militares.

El músico recuerda la infancia: "Mi abuelo me llevó a la banda del pueblo con siete años. En Valencia, rara es la localidad que no tiene agrupación musical. La tradición está muy arraigada. Con ocho años entré en el conservatorio de la capital, y de allí salí con el título de grado medio. Yo quería dedicarme a la música, y enseguida me di cuenta de que, con tanta competencia de buenos profesionales, tendría que espabilar y buscarme la vida".

La salida la encontró en el ejército. Se preparó las oposiciones a cabo del Cuerpo de Músicos Militares y las aprobó con el número dos de su promoción. En Valencia no había plazas y pidió Zaragoza, donde recaló en 1982. "Los primeros 18 meses nos contaban como mili -señala-. Una vez enrolado, renovabas cada dos años. La banda de la Academia General era muy potente. Estábamos alrededor de 60 músicos, siempre al servicio de los cadetes".

Un apunte anecdótico: en el repertorio figuraban los himnos de casi medio centenar de países. "Allí los teníamos por si venía un presidente, un ministro o un embajador. Cuando anunciaban una visita, ya sabías que esa semana habría ensayos del himno en cuestión a todas horas", recuerda. Luis Díaz, trompetista, llegó a Zaragoza un año después que Pepe. Se conocían de vista porque habían tocado juntos en la Federación Regional de Bandas de Música de Valencia. A primeros de 1986, Luis leyó en la prensa un escueto anuncio que solicitaba un director para dirigir la banda municipal de Monzón. Se animó y le dijo a su colega que le acompañara "a echar una ojeada".

El valenciano de Aldaya cayó bien y fichó, pero no sin antes informar de que el proyecto requería dos profesores: uno de metal, que era él, y otro de madera, puesto para el que recomendó a Pepe. Sin dejar la Academia, la pareja empezó en febrero a viajar a Monzón dos veces por semana. En diciembre, Luis abandonó el ejército y se dedicó en cuerpo y alma a La Lira, y Pepe compatibilizó la banda militar y la montisonense hasta 1991.

"Estamos muy satisfechos del camino recorrido -comenta-. En mi caso, me asenté en Monzón cuando finalizó el plazo máximo de diez años que te permiten ser cabo del cuerpo de músicos. Por cierto: entonces estabas exento de guardias y armamento. Aprobar las oposiciones a cabo primero era asunto muy complicado. En Monzón trabajé en un par de empresas, y en 2006 empecé a dar clases en la Escuela Municipal de Música de Binéfar".

A la vez que echa la mirada atrás, Pepe exclama espontáneamente que cuando llegaron a Monzón "no había nada". Para que nadie se ofenda se explica: "Quiero decir que no había nada en comparación con lo que yo había vivido en Valencia. Estaban los músicos de la vieja guardia, con su experiencia en conjuntos y orquestas de baile, y los pocos jóvenes que estudiaban donde fuera. O sea: nada que ver con la gran tradición musical del levante español".

"Todos trabajamos duro, cada uno en lo suyo, y hoy Monzón es ciudad de músicos, algunos de ellos muy reconocidos y encumbrados. Luis y yo lo hicimos como profesores, los fundadores de La Lira batallando como leones en el tema económico, el Ayuntamiento dando su apoyo y haciendo gestiones para consolidar el conservatorio de grado elemental y luego el medio y el profesional… Podemos sentirnos orgullosos".

Pepe confiesa que es feliz dando clases. Algunos alumnos actuales son hijos de los primeros "lirones" a los que enseñó los secretos del clarinete. ¿Le causa respeto la competencia del fútbol y los ordenadores? Relativamente. Lo resume así: "Aunque no faltan chavales con vocación, digamos que como norma los tres primeros años vienen por orden de los padres. Si pasan al cuarto, en el que eligen, ya has conseguido otro músico. Ya no hay marcha atrás". El altoaragonés valenciano tiene tres hijos, dos chicas y un chico en medio. Los tres pasaron por la escuela de educandos de La Lira, ellas con el clarinete y él con el trombón. A la pregunta de si recuerda un concierto especial, contesta con voz emocionada: "Sí: el de Santa Cecilia en el que con ocho años debutó mi hija Elena". La Academia perdió un cabo y Monzón ganó un capitán.