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OPINIÓN

Francisco jugó a la ruleta rusa y la bala no salió


La alineación del Huesca ante el Eibar tuvo un cierto punto de temeridad o desesperación



JAVIER GARCÍA ANTÓN
24/04/2019

Tengo para mí que Francisco jugó a la ruleta rusa. Si me pusiera nostálgico, diría que a la vieja usanza, como cuando me inicié en el disfrute de este apasionante deporte y la táctica era un 3-2-5, si bien los interiores de arriba apoyaban en defensa.

Ayer (por este martes), dijera lo que dijera la televisión, fue un 4-2-4 (con maldad incluso apuntaría un 4-1,5-4) que es como colocarte el revólver en la sien, no por cobardía sino por un cierto punto de temeridad o desesperación.

Es difícil imaginar a Cucho, Ferreiro o Chimy como mediocampistas, aunque ayuden. Ver el banquillo antes del pitido inicial suscitaba un indisimulado debate porque, más allá de cuestiones disciplinarias, gran parte del talento de nuestro Huesca se sentaba allí.

Como prefiero ser sincero, lo mismo que elogio cuando es menester al técnico almeriense, este martes ni el dibujo ni las decisiones me gustaron, pero... El primer tiempo fue un disparate, con decenas y decenas de errores acumulados de los nuestros y del Eibar. Aun con todo, las únicas opciones nítidas fueron a nuestro favor, sobre todo el remate de ese imperial cabeceador que es Etxeita.

Sin embargo, tocaba cara. Entre la camiseta con la Cruz de San Jorge, el dragón que colocamos en nuestra retransmisión de Twitter junto a los tonos azul y grana, y dos acciones espectaculares, los tres puntos nos permiten seguir soñando.

Antes el palo, ahora la zanahoria. Si a final de otoño pasado alguien dice que llegamos vivos a estas alturas, le hubiéramos llamado iluso... Nuevamente las cuentas del presidente, que ya advirtió que con el mercado de invierno esto cambiaba. Yo me las creo, como estos cuatro puntos que pidió ante Rayo y Eibar.

Los goles de Gallego -es un maestro del área y un profesional inmenso, su tacón fue prodigioso- y Chimy levantaron una losa que nos pesaba sobremanera, justo cuando los armeros se desperezaban para toparse con ese tranquilizante que es Roberto.

Una confesión: el argentino me exaspera 89 minutos por partido, pero luego me enamora. No tiene término medio, o las pifias más desesperantes o los tantos más espectaculares. Es así y así lo tenemos que querer.

Este 2-0 es oro puro, aunque la exigencia sigue siendo tan máxima como complejo el ratio de posibilidades. Hay vida, queda esperanza y, como ayer dijo Segurola, nuestro papel en esta Primera no sólo no ha sido testimonial, sino más que digno. Estamos de enhorabuena..