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MONEGROS - SECTOR VITÍCOLA

Fernado Mir "embotella" el paisaje de Monegros


El bodeguero de El Vino del Desierto quiere sacar al mercado nuevos caldos



MARGA BRETOS
23/05/2019

SARIÑENA.- Fernando Mir Casaus, nacido en Zaragoza el 30 de mayo de 1980 y de raíces monegrinas, es un enamorado de su tierra, de Los Monegros, donde hace casi 10 años comenzó su sueño, El Vino del Desierto, un pequeño-gran proyecto ubicado en Lanaja, en el corazón del árido Desierto Monegrino.

Decidió volver a sus orígenes e intentar triunfar en el medio rural y así crear su proyecto de vida.

Este viticultor, enólogo y propietario de la Bodega El Vino del Desierto siempre ha tenido muy claro que su tierra tenía mucho que decir y, siendo en la actualidad la única bodega de este territorio, lucha por poner en valor la cultura y fama vitícola que antaño existió en Los Monegros, hoy en día prácticamente desconocida. Con casi 6 hectáreas de viñedo elabora vinos únicos, diferentes, manteniendo la tipicidad de la estepa monegrina, vinos con una gran personalidad y que a nadie dejan indiferente. Su objetivo, embotellar el paisaje de Los Monegros.

Fernando Mir y su Bodega del Vino del Desierto han conseguido recuperar el patrimonio vitícola monegrino a la par que ha generado riqueza en él volviendo al medio rural.

"La filosofía de la bodega siempre ha sido el mimo y cariño por el cultivo de la vid y la elaboración de los vinos, donde prima la artesanía, el trabajo manual garantizando de esta manera una gran calidad y naturalidad de nuestros vinos", explica Mir, que a pesar de no poseer la certificación de vino ecológico, la filosofía de la bodega es la misma. "No utilizando productos de síntesis química, ningún abono químico, nada de herbicidas, siempre con el objetivo de conseguir un pleno equilibrio en nuestros viñedos, equilibrio en la naturaleza, logrando con ellos una gran calidad de nuestra materia prima, nuestra uva y por lo tanto en nuestros vinos".

Sus vinos actuales muestran perfectamente esa tipicidad monegrina, los llamados Sed y Duna, aunque Mir quiere ampliar su gama de vinos y en un futuro sacará al mercado otros, de pequeñas producciones y elaboraciones especiales que, seguro, "van a destacar".

Además, este emprendedor tiene muy claro que el servicio y la atención a sus clientes es primordial y siempre intenta transmitir a todos ellos su forma de vida, su filosofía. "El trato cercano desde la bodega es la clave de la fidelización de los clientes, vinotecas, restaurantes y por supuesto clientes finales", señala.

Así, Mir, además de cuidar sus viñedos, elaborar sus vinos y comercializarlos, abre las puerta de su bodega cada sábado con su EnoturisMonegros, poniendo en valor la cultura del vino para su explotación a través de las experiencias enoturísticas, lo que supone una revalorización del territorio, impulsando el desarrollo social y económico. "La cultura del vino no es sólo el eje temático de la actividad enoturística -indica-, sino que es su base y pilar esencial".

El Vino del Desierto forma parte del proyecto Vignerons de Huesca, iniciativa que nació en Aínsa de la mano de Javier Buil y que apuesta por vinos de calidad de bodegas pequeñas Kilómetro 0.

El sello agrupa a seis bodegas familiares de la provincia de Huesca. Promueve la diferenciación en restaurantes y tiendas con vinos de alta calidad que sorprendan al cliente. "Vignerons de Huesca" nace en Aínsa y potencia la triple A: agricultor, artesano, artista.

Cabe recordar que la explotación vitícola está ubicada en un paraje llamado La Sardiruela, al abrigo de la Sierra de Lanaja, a unos 450 metros de altura, donde antaño la gran mayoría de los campos eran viñedos.