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TRIBUNA ALTOARAGONESA

Vivencias




CARLOS GARCÍA MARTÍNEZ
11/07/2019

Asistí, durante mi bachillerato, entre los nueve y los dieciséis años, primero en los Maristas de Burgos y después en el colegio jesuita de San José de Valladolid, a clases controladas por la Iglesia católica. En el primero, formábamos cada día para cantar el "Cara al sol" y cantábamos a la Virgen todo su mes: "Con flores a María, que Madre nuestra es". Del otro colegio, con exalumnos ilustres como el entonces ministro Girón -precedente de Jesús Gil en Marbella- , recuerdo las misas diarias, el encanto de la Virgen que presidía el altar y la tenebrosa semana de los "Ejercicios espirituales", toda silencios y crespones. "Imaginad una montaña formada por los huesos de los muertos desde el principio de los tiempos, y repetid conmigo: "Por culpa del pecado original". Amén, que es creer lo que no vimos. En una visita del dictador vistieron a varias clases de falangistas, pero no me tocó. El que tal vez lo pretendía era uno de los padres al convocarme a su estudio, pero no pasó nada. El curso siguiente, ni él ni otro cura estaban en el colegio y sospechamos el por qué.

Después supe que lo que entonces embutían en nuestras mentes era pura pederastia mental, montajes que favorecían el control eclesiástico- conservador, y pensé que tal vez la independencia de mi pensamiento podía tener que ver con mi escuela, primaria y casera, con un catedrático represaliado y sin recursos. Era amigo de mi padre, quien me aseguró después que las clases se desarrollaron sin contaminación ideológica alguna. Debió de ser su discurrir racional, libre de ataduras dogmáticas, el que dejó en mí su semilla. Así que cuando fui percibiendo el contraste entre la moral de mi padre y su familia y mi madre y la suya, fui haciendo mía la paterna, cristiana al modo que dicen evangélico y contrapuesta a la parte materna, clasista e insolidaria, a la que hoy llamaría "derechona", con muchos de cuyos ejemplares he convivido muchos años. "Carlos, no se lo digas a tu madre, pero he votado a los socialistas", me dijo mi padre, tras las elecciones de 1983. En las primeras elecciones democráticas votó a Ruiz Giménez, un demócrata cristiano, militante en su juventud en círculos católicos, que fue embajador ante la Santa Sede y ministro de Educación en la dictadura y después Defensor del Pueblo.

Así es que ahora, cuando seguimos con la enseñanza católica subvencionada en centros públicos, a la que encubren con el adjetivo de concertada al incluir otra pequeña parte más neutral, va siendo hora de, con todos los respetos a su independencia, sacarla de la escuela pública y dejar de subvencionar su enseñanza. Se me dirá que aquellos colegios a los que asistí no se parecen a los de ahora. Cierto, pero también eran más inocentes al vivir en una sociedad mantenida en la ignorancia y sometida a una dictadura. Tras la Guerra Civil sólo quedaron en España 78 institutos de enseñanza media y veinte años después solo había 119 y hubo que contratar centros católicos mientras se desarrollaban los civiles. Pero ahí siguen.

Con el fin de la dictadura, se abrió el debate entre una educación pública y otra controlada por la Iglesia para asegurar la feligresía. Debate que va poniendo en evidencia que la Iglesia católica es el menos inocente de los poderes que nos condicionan y que con su moral maniquea es cómplice del mundo conservador. Aparte de lo catequístico, es de suponer que los relatos históricos y su interpretación, la elección de libros y las preferencias filosóficas excluyan o malinterpreten a autores eminentes. Luego está el Catecismo, el Credo, nada menos ¡qué palabra inhumana la palabra certeza! La catequesis sobre la Creación; la virginidad de María, que presupone el pecado de las demás madres; la resurrección de la carne. Hacía falta el pecado original ¿Es que su Dios lo tenía programado El último catecismo dice textualmente: "Jesucristo descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos… desde allí ha de venir a juzgar a vivos y a muertos". Cuando hablan a niños y niñas de eso y del Paraíso es más difícil que reculen. Para dar credibilidad al catequista, el catecismo resuelve: "Creo en la Santa Iglesia Católica". "La Iglesia está fuerte, es Dios el que anda flojillo", viñeteaba El Roto hace unos días.

La llamada Transición dejó fuera del debate muchas cosas, la más trascendente, a mi entender, el grado de intromisión de la Iglesia católica en el poder civil. Recientemente han parecido posibles acuerdos políticos que hacían posible solucionarlo entre los socialdemócratas y una derecha liberal, imposibles con una derecha-derecha tan corrupta. Pero mis esperanzas se han frustrado. Una enorme y esencial oportunidad perdida, de momento.