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NUESTRAS RAÍCES

Ballobar, junto a los ríos Cinca y Alcanadre

Armas municipales, Ballobar.



Por Santiago BROTO APARICIO
22/02/2004

El topónimo de Ballobar deriva, para Castillón Cortada, de una voz prerromana que significa río sobre río, en alusión quizá a los dos que allí juntan sus corrientes de aguas; para otros autores -Sallarullana, Pita Mercé, etcétera- equivale a Vallis Lupari o Valle del Lobo, nombre que aparece en diferentes documentos -Valleporaria, Vallem Luparia, Vallelobar, Valle Luparis, Valle Lobrera, Vallobar y otros- desde su primera cita documental en 1063.

Ballobar tiene un larga y densa historia. Restos de poblamientos prehistóricos se han hallado en las cuevas labradas en los macizos montañosos cercanos, situados en los cauces de los Barrancos de Valsalada, Valdragas o de las Hechiceras y en la partida de Potetas. Luego vino la ocupación romana -con la construcción de sus calzadas siguiendo los importantes cursos fluviales-, la cristianización y el dominio visigodo, en cuyo tiempo debió levantarse el primitivo castro. Con la posterior invasión musulmana, toda la comarca en que se sitúa Ballobar, tras un fuerte enfrentamiento, el año 890, entre familias rivales, quedó adscrita al régulo Al Tavil, que gobernaba el distrito de Huesca; y ya bajo el reinado de Pedro I, en los años de 1100, fue reconquistando el lugar por los ejércitos aragoneses, para ser recuperado por la morisma diez años después (1110) y ganado definitivamente en 1114, por las huestes de Alfonso I de Aragón, quien fijó su campamento entre Ballobar y Zaidín para la batalla por la conquista de Fraga en 17 de julio de 1134, en la que fue vencido, muriendo en 7-IX-1134.

A la desaparición de aquel monarca, casi todo el valle de Cinca quedó como pertenencia de la Orden del Temple, dependiendo de su Encomienda de Monzón, que ostentó allí su plena jurisdicción civil, criminal y religiosa; de los templarios quedan varios recuerdos, uno de ellos tan señalado como la concesión a los vecinos de Ballobar, en diciembre de 1232, a los vecinos de Ballobar por corto espacio de tiempo, en compensación de un préstamo económico, y el 25 de abril de 1265, Jaime I absolvió a los hombres residentes en aquella del homenaje, disponiendo que lo prestaran a favor de Álvaro de Cabrera, a quien había cedido el castillo; y el 4 de octubre de 1268, el mismo monarca vendió a Constanza, Condesa de Urgel, la villa y castillo de Ballobar, fortaleza que en 1269 pasó a manos de Fernán Sancho, que los retuvo hasta 1273 en que se hizo cargo Geraldo de Cabrera, que ejerció su señorío hasta 1277.

Bajo el reinado de Jaime II, en 7 de octubre de 1294, Ballobar, por concesión real, fue entregado a Guillén de Moncada, Señor de Fraga, con plena jurisdicción, mero y misto imperio e impuestos, hogares, hombres, posesiones, montes, cultivos, selvas, prados, pastos, aguas, rocas, fortalezas y todo lo allí criado y cultivado, el cual ejerció su dominio hasta 1330. Alrededor del año 1300 fue casi totalmente reconstruido el puente de Ballobar, sobre el Alcanadre, que era propiedad real y estaba administrado por una Cofradía que recaudaba el derecho de tránsito y se encargaba de su cuidado y reparaciones.

Como consecuencia de la abolición de la Orden del Temple, en el Concilio de Viena celebrado en 1312, se posesionó de sus bienes en Ballobar, la Orden Militar de San Juan de Jerusalén, la que estableció allí un priorato o abadiado, al que correspondían los diezmos, pertenecidno las primicias al Castellán de Amposta. De su presencia durante los siglos siguientes, han quedado en Ballobar escudos en piedra en la abadía y otras casas y lugares del pueblo, además del recuerdo de la pertenencia a aquella de los ballobarenses Martín de la Matina y Francisco-Leandro de Eril, ambos Caballeros Gran Cruz en los años 1566 y 1581; y de los Religiosos Fray Antonio Juseu (1553), Fray Pedro de Urrea (1576), y Fray Pedro de Camarasa y Fray Miguel Balaguer (1604).

A partir de 1330 y durante breve tiempo, la Villa de Ballobar, perteneció al patrimonio del Merinado de Barbastro, bajo el señorío del Tenente Ato de Foces, en 18 de febrero de 1331, el rey Alfonso IV, hallándose en Tarragona, otorgó a su mujer la reina Leonor, la posesión en plena propiedad, con los derechos, tributos y prestaciones a que estaban bienes a su hijo el infante y marqués de Tortosa, don Fernando, y de éste a su sobrino Pedro, Conde de Urgel, de quien lo heredó su hijo Juan, y al morir éste sin sucesión, retornaron al Infante Jaime de Aragón, el Desdichado. Juan I visitó Ballobar el 5 de mayo de 1388 y en 27 de julio de 1393 otortó a Pedro Benvibre el castillo y lugar de Ballobar, por mil florines.

En la guerra con Cataluña, la Villa de Ballobar quedó totalmente saqueada, expoliadas su iglesia parroquil y las ermitas, resultó con numerosos destrozos su puente, y varios vecinos fueron encarcelados o tuvieron que refugiarse en los montes. Y en la de Sucesión, en junio de 1700, las tierras de Ballobar fueron escenario de la reunión de un ejército al servicio de Felipe V, compuesto por 36 Batallones. En la de la Independencia, toda la comarca del Cinca se levantó contra la invasión francesa y algunos ballobarenses fueron asesinados en Lérida en 1812, por su valiente decisión en defensa de la Patria. En la civil de 1936, aparte de los sacerdotes y numerosos vecinos que perdieron la vida, la ocupación marxista destrozó todo el contenido de la parroquial, ermitas y varias casas, quemando imágenes, archivos y registros.

En los siglos siguientes al XIV y hasta finales del XVIII ejercieron Señorío en Ballobar diferentes familais: la de los Marqueses de Aytona (el título de Conde fue creado en 1523, y el de Marqués se otorgó en 1-X-1581 al II Conde Francisco de Moncada y Cardona, Conde de Ossona, Vozconde de Cabrera y Bas, Maestre y Gran Senescal de Cataluña y Virrey de Valencia, así como la Grandeza de España en 21-VII-de 1670 a sus sucesores. Vendieron el Señorío de Ballobar en 1575 a doña Leonor de Castro); los Marqueses de Ariño (título concedido el 28-V-1681 a Martín Pomar y Foncillas). A este linaje perteneció la famosa finca llamada Cuartos del Marqués, procedente de la herencia de doña Catalina de Aragón, nieta de Leonor de Castro, y de ellos fue heredada en 14-VII-1869 por María Luisa de Heras y Mergelina, Fernández de Vallespino y Gómez de Barreda, a quien se le confirió el título de Condesa de Ballobar en 10-I-1890: estaba casada con el General de los Reales Ejércitos Plácido de la Cierva y Nuevo, que le sucedió, a su muerte, por carta de 10-I-1913 y a éste su sobrino Antonio de la Cierva y Levita, Diplomático, esposo de Rafaela Osorio de Moscoso y López, Duquesa de Terranova, Marquesa de Poza y Condesa de Garciez, fallecido en 1971, siguiéndole su nieto Gonzalo de la Cierva y Moreno, Doctor en Derecho por la Universidad de Bonolia, que lo cedió a su hermano Alfonso en 23-I-1991, nacido en Madrid en 1962 y consorte de Teresa Ruiz-Jarabo).

De su aspecto monumental deben destacarse la Iglesia Parroquial, dedicada a la Asunción de la Virgen, de una nave, con arcos fajones, ábside y doble puerta románicos (siglo XII); fue reformada en el siglo XVII y restaurada en la decena de 1970 y cuenta con campanario de sillería, de finales del XVI. De las tres Ermitas: la de San Juan, situada sobre las lomas de las Ripas, -un excelente mirador del Valle del Cinca- es la más antigua y fue fortaleza romana, torreón árabe y bastión cristiano, debiendo su advocación a los Templarios -de su edificación románica sólo queda la puerta oriental; la de Santa María de Loreto, dentro del casco urbano, guarda una preciosa imagen de la Virgen, según tradición hallada en el río Alcanadre en el siglo XVIII, salvada milagrosamente de su destrucción en 1936; y la de San Roque, sita en pleno monte, con espadaña y portada románicas muy primitivas. Y el robusto e imponente puente sobre el río Alcanadre, que da acceso a la población, de origen romano, algo transformado a través de los tiempos, con cuatro grandes arcadas desde sus inicios, vial de doble pendiente y cubos de ensanchamiento, singular obra que bien merecería su declaración como Bien de Interés Artístico y Cultural.

El Concejo de Ballobar en 26 de agosto de 1733, por testimonio de su Secretario Francisco Sasot, manifestaba no existir en el lugar ningún hidalgo. Posteriormente, disponemos, a este respecto, de los siguientes datos:

SASOT.- Linaje con casa solar en Ballobar, vulgarmente llamada de Don Paco, de la que era titular en 1733 dicho Francisco Sasot y Navarro, que fue también quien arrendó los bienes que tenía en aquella Villa la Castellanía de Amposta de la Orden de San Juan de Jerusalén durante los años de 1773 -por 350 libras jaquesas- y de 1776 y 1787- por 420 libras jaquesas- y que compareció, con sus hijos, en 1786, ante el Fiscal de S.M., Ayuntamiento de la Villa y dueño temporal de la misma, para el reconocimiento de su Infanzonía, que le fue aceptada, expidiéndosele la correspondiente Ejecutoria por la Real Audiencia de Aragón. Estuvo casado con María Serés. En 1816 nació en Ballobar Francisco-Cosme Sasot y Nogueras que luchó en las tropas liberales contra las facciones carlistas y llegó al grado de Brigadier de los Reales Ejércitos, ganando valerosamente dos Cruces de San Fernando de primera clase, en las acciones de Catí y Villar del Canés (Cataluña) y la toma de Morella (Castellón). En 1862 era presidente de la Junta Revolucionaria de Ballobar y en 1868, cuando ostentaba el grado de Coronel, fue Gobernador Militar de Huesca. En 1936 fueron asesinados por los marxistas Miguel y Alfredo Sasot. Actualmente persiste el apellido en la localidad.

HERÁLDICA MUNICIPAL.-

No disponemos de ningún antecedente de que el Ayuntamiento de Ballobar haya usado en el pasado de un Escudo de Armas propio. Del estudio de su historia, puede deducirse que, entre otros destacados elementos representativos, resaltan por su importancia dos de ellos: el primero de carácter singular, antiguo y monumental como es su puente, presente en numerosos acontecimientos históricos, así como en la actividad laboral y relaciones sociales y afectivas de los vecinos, por ser elemento imprescindible para el acceso al núcleo urbano: el segundo, la larga vinculación de la Villa a la Orden de San Juan de Jerusalén, que ejerció allí su misión religiosa durante un espacio de tiempo muy prolongado, dejando varios motivos heráldicos en el templo, abadía y oros edificios locales. En consecuencia, estimamos que su Escudo municipal podría estar así formado: En campo de gles, un puente de oro de cuatro arcadas, sobre ondas de plata y azur, surmontado de una Cruz de Malta de plata. Al timbre corona real de España.

DOCUMENTACIÓN:

-Archivo Histórico Provincial Zaragoza-Padrones de Infanzones-

-Castillón Cortada, F.- Ballobar, su presencia en el valle del Cinca.- Huesca, 1975. Santa María de la Asunción, de Ballobar.- Diario del AltoAragón, 28-2-88.

-Labara Balletar, V.- Francisco Sasot Nogueras.- Diario del AltoAragón.- 27-6-93.