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CRÓNICAS Y MEMORIAS

Otros eremitorios serranos

Las descarnadas arcadas por la acción de la metralla, recuerdan el viejo cenobio.
El Camino de Santiago a través de Monegros (12)



Por Manuel BENITO
07/03/2004

La Sierra de Alcubierre con sus paisajes anfractuosos, escaseces y alejamiento de las urbes, se convirtió entre los siglos IV y V en una zona propicia para practicar el eremitismo. Apenas nos quedan unos topónimos y unos pequeños restos para reconstruir la geografía monástica de estas breñas: En Leciñena: San Onofre, en Perdiguera: Asteruelas, en Monegrillo: San Benito y en Alcubierre/Farlete: San Caprasio que ya vimos. La pérdida de los prístinos senderos los ha alejado pero, en realidad, no distaron más de dos horas entre ellos.

Para recorrerlos hay que hacer algunos desvíos, pero un sendero convenientemente señalizado podría volver a unirlos incluyendo los santuarios marianos que veremos en el próximo capítulo.

El único que, como tal cenobio, entró en la historia popular fue el de Asteruelas. Su topónimo podría estar relacionado con la cuestión estelar que en el Camino pirenaico se repite: Estós, Estatás, Tella, Astorito, Lizara... Aunque como fue poblado tampoco se puede desestimar la opción de un antropónimo para explicar su origen: Asterio. En 1168 la Almunia de Asteruelas es dada al convento del Salz (Zuera), de éste pasó a depender al de Juncerías (Villanueva de Gállego) y por último al monasterio cisterciense de Rueda.

Los viejos términos de Asteruelas pasaron al concejo de Perdiguera mediante compras y legados en 1414, aunque la tradición oral al no poder transmitir una historia compleja utilizó el mito de la abuela al que fue incorporando nuevos roles: En esencia la leyenda que nos cuenta y estudia, para este caso, Gonzalo Gavín responde al arquetipo ya conocido: peste llega a pueblo que se amorta sobreviviendo sólo una abuela, busca amparo en pueblos vecinos que no se lo dan por miedo al contagio hasta llegar al hospitalario que recibe a la muerte los términos del núcleo desaparecido en herencia agradecida.

En Asteruelas hay dos iglesias: la de Santa Engracia que corresponde a la parroquia del pueblo -y que se estaba recuperando cuando la visité hace un par de años- y la monástica de Santa Cruz. Ambas del gótico rural, orientadas y con arcos fajones apuntados que sostuvieron techumbre de madera. Santa Cruz tiene aún empaque, a pesar de la ruina secular, sobre el altar creó recordar la esvástica o rueda solar. Sus paredes estaban totalmente descarnadas al ser primera línea de fuego en la última Guerra Civil, por toda la ladera quedan innumerables restos de cerámica vieja entremezclados con metralla.

En San Onofre, cerca del santuario de Magallón (Leciñena) apenas queda el recuerdo de una ermita que formaría conjunto con los dispersos eremitorios construidos tardíamente. Sin embargo, la advocación nos encaja con lo que estamos narrando: Onofre fue un monje egipcio que en el siglo IV vivió en un monasterio de Tebas hasta que siguiendo la moda de la época se retiró en soledad. Un tal Pafnucio indagó en los desiertos para ver que suerte corrían los anacoretas y llegó hasta Onofre que le contó como habían transcurrido los sesenta años de desierto: ayunos, penitencias, visiones celestiales... La visita no le cogió de sorpresa, por una visión divina sabía que llegaría un hombre para enterrarlo. Dicho esto dio la bendición a Pafnucio y cayó muerto. San Onofre es celebrado por la Iglesia el 12 de junio.

La vida de los eremitas cayó en el abandono, muchos eran tenidos como santones y la gente les pedía milagros: curaciones, lluvias, cese de plagas... Vivían algo alejados del cristianismo, de la prístina intención. Por ello San Benito de Nursia decidió reformar y reconducir la vida de monasterios y eremitas, para ello sus discípulos llevaron la nueva regla por todo Occidente. De su advocación nos ha llegado una ermita en Monegrillo, justo en el camino que sube a San Caprasio. El edificio es similar al de Santa Cruz de Asteruelas, del gótico rural, y tiene un mas o casa adosado, antaño sirvió como vivienda del ermitaño y luego como albergue de romeros, teniendo hasta retretes para decoro de los asistentes.

La romería se celebra el Lunes de Pascua o festivo más cercano. Antaño se venía hasta aquí en las calamidades públicas y aún se guarda el recuerdo de algún rito curioso como el de dejar a los niños nacidos ese año en el altar para prevenirles de alferecías o epilepsias, o algún chistecillo irreverente pero no mal intencionado: San Benito fue a festejar a la Virgen de La Sabina y San Caprasio, celoso, le dio una pedrada que le dejó tuerto de un ojo, hecho que se constataba al ver la vieja imagen desaparecida. Como vimos en otros puntos de Monegros esta leyenda lo único que pretende es mantener unidos lugares que ya lo estuvieron en illo tempore.