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AIRE LIBRE

Morillo de Sampietro, un ‘tesoro oculto’

Un momento del acto celebrado ayer en Morillo de Sampietro.
La restauración de la iglesia de San Lorenzo saca a la luz unas valiosas pinturas de la época del románico y del francogótico

En el valle del río Yesa, acomodado sobre un cerro escalonado por bancales desde el que se aprecian impresionantes panorámicas sobre algunas de las cimas más representativas del Pirineo oscense, descansa Morillo de Sampietro, un pequeño núcleo del municipio de Boltaña donde hace sólo unos días se celebraba la recuperación de su iglesia parroquial de San Lorenzo.



Myriam MARTÍNEZ
21/03/2004

MORILLO DE SAMPIETRO.- De las inmediaciones de Boltaña, nace una pista forestal, de unos diez kilómetros, que avanza sobre un terreno escarpado. Dadas las condiciones de este antiguo camino de herradura, por el que se accedía hasta Puyarruego y el Valle de Vió, para salvar el recorrido con vehículo es necesario un todoterreno, con el que se tardan aproximadamente 40 minutos en cubrir todo el itinerario.

El casco urbano de Morillo de Sampietro, que se sitúa a una altitud de 984 metros y sólo tiene una calle, reúne las características específicas de la arquitectura tradicional de la comarca del Sobrarbe, como sus peculiares chimeneas, sus muros y tejados o símbolos protectores, como las garras de gallina que aparecen en las puertas de algunas casas.

Las primeras referencias históricas retroceden hasta la Edad Media y su evolución demográfica alcanza un punto de inflexión en los años 50 del siglo pasado, cuando sufre un fuerte proceso de despoblación. En 1991, residen en el pueblo sólo siete habitantes y, a finales de esa década, se trasladan a Boltaña los últimos moradores oriundos. En la actualidad, Morillo de Sampietro cuenta con un vecino que vive en el núcleo durante todo el año, y otro que lo hace esporádicamente.

En época estival, su magnífico emplazamiento atrae a numerosos visitantes. Desde diversos puntos de la colina donde se asienta el pueblo, se observa con claridad Mondarruego, las Tres Sorores (el Cilindro de Marboré, Monte Perdido y Soum de Ramond o Pico Añisclo), Sestrales, Castillo Mayor, Punta Suelza, Punta Llerga, la Peña Montañesa y en la lejanía hasta Cotiella, entre otros accidentes geográficos destacados y algunos pueblos diseminados en la llanura, como las ruinas del pueblo de Sampietro, Gallisué, Vió o Laspuña.

El pasado 10 de marzo, responsables de la CAI, que han patrocinado las obras de restauración de la iglesia de San Lorenzo, y de la empresa PRAMES, que las ha llevado a cabo, celebraron un acto de inauguración, al que no faltaron tampoco otros profesionales que han contribuido a su recuperación. Estuvo presente el director de la Obra Social y Cultural de la CAI, Francisco Río, y el director provincial de la entidad en Huesca, Jesús Ruiz. Por parte de Prames, asistió su gerente, Modesto Pascau, y el responsable de la obra, Benjamín Oca.

El acto contó, además, con la participación de Enrique Calvera, delegado de Patrimonio Cultural de la Diócesis Barbastro-Monzón, y del párroco de Boltaña, Miguel Ángel Chicharro, así como del etnólogo y escritor José Luis Acín, experto en la cultura pirenaica, el arquitecto que redactó el proyecto de rehabilitación, José Miguel Ferrando, y las restauradoras que han recuperado las pinturas, Rosa Abadía y Elena Aquilué.

IGLESIA PARROQUIAL DE SAN LORENZO

La iglesia parroquial de San Lorenzo es una construcción de finales del siglo XII, que sufrió posteriores reformas. Como es habitual en los pequeños templos del románico, su estructura es de nave de cañón, culminada por un ábside semicircular y una bóveda de horno.

Se accede al templo por una puerta de arco de medio punto decorado con un baquetón, que fue rehecha en el siglo XVI. La nave está construida en dos fases distintas: la más primitiva, de finales del siglo XII y principios del XIII, comprende desde el hemiciclo al ábside hasta el tramo que llega a la puerta, incluyendo la zona presbiterial; el resto, se llevó a cabo entre los siglos XVI y XVII, cuando se levantó el final de la nave y se abrió una capilla en el lado sur, sobre cuya bóveda se eleva el campanario. El conjunto, como se ha referido, queda cubierto con bóveda de medio cañón, salvo el espacio del semicírculo del ábside, donde se cierra con bóveda de horno.

A la segunda fase constructiva pertenece la torre, de principios de la Edad Moderna y accesible desde el exterior por unas escaleras.

Todo el edificio está construido en mampostería a partir de sillares irregulares, salvo el basamento del ábside.

La parte medieval es un ejemplo del románico muy sencillo, pero muy bien elaborado. Casi no tiene decoraciones, sólo unos canetes. El ábside, semicircular, está orientado como es habitual, pero conserva un gran interés por sus pinturas murales.

El arquitecto oscense José Miguel Ferrando explica la actuación que se ha acometido en el edificio y que se llevó a cabo el año pasado. En primer lugar, se midió la iglesia, ya que se encontraba insertada dentro del volumen de lo que fue en su día la abadía, y que estaba completamente hundida. Su estado ruinoso impedía ver desde el exterior hasta dónde llegaba el templo. Desde el interior, sí se apreciaba, porque tenía su acceso independiente.

Se retiraron los restos de la casa abacial hasta dejar únicamente su perímetro y algún detalle como un retrete, y se puso al descubierto el cuerpo de la iglesia. A continuación, se desmontó la cubierta para consolidar la bóveda, que se reconstruyó y se impermeabilizó. También se restauraron las fachadas, varios muretes de piedra, se rehabilitó el forjado y se recuperó la bóveda del interior de la torre.

En el interior, se desmontó el coro, dado su escaso valor artístico, lo que permitió ganar espacio. Además, se reconstruyó el altar y se rehabilitó el pavimento. En opinión de José Miguel Ferrando, “el trabajo ha sido sencillo y los resultados buenos. La recuperación de las pinturas le da calidad”.

“El problema de este tipo de trabajos (en lugares aislados y de difícil acceso) es más de logística y de encontrar a gente que quiera venir aquí a trabajar”, agrega.
Para evitar posibles daños, la edificación permanecerá cerrada y las llaves se encuentran en poder del párroco de Boltaña, Miguel Ángel Chicharro. No obstante, se ha dejado una reja por la que, además de entrar luz en el templo, se permite a los visitantes contemplar desde el exterior la parte fundamental de las pinturas.

CONJUNTO PICTÓRICO

Las pinturas que alberga el templo son lo que le concede un especial valor a todo este conjunto patrimonial. José Luis Acín observa que la iglesia parroquial de San Lorenzo de Morillo de Sampietro “es uno de los pocos conjuntos que hay en el Sobrarbe con representación de finales del románico, en el ábside, y principios del gótico, en el arco del presbiterio, que además se conservan in situ. En el resto de la zona, hay muy pocos ejemplos y, además, se encuentran en el Museo de Barbastro o en el de Jaca”.

Antes de la intervención, las pinturas permanecían casi ocultas, ya que las tapaba un retablo, que ahora se encuentra en Boltaña, y porque durante algunas épocas, obedeciendo a las modas estéticas, se habían cubierto con yeso y cal.

Acín explica que se divisaban algunos fragmentos en la zona norte del arco del presbiterio, que es donde se superponía la abadía suprimida posteriormente durante la intervención por su escaso interés. Se habían caído muchas losas y el agua había lavado parte del encalado y sacado a la luz restos de algunos frescos. También había provocado que otros se perdieran.

El trabajo de recuperar las pinturas se encomendó a las restauradoras oscenses Elena Aquilué y Rosa Abadía. El pasado verano, durante tres meses ininterrumpidos, salvo los descansos de los fines de semana, se instalaron en Morillo de Sampietro y se afanaron en este cometido. Aseguran que fue una labor complicada y dura en algunos momentos, pero una experiencia muy bonita, en un marco de gran belleza. También expresan su agradecimiento a Carlos, el único vecino que reside todo el año en Morillo, que generosamente les cedió su casa. Elena Aquilué confirma las explicaciones de José Luis Acín. “Primero, sólo se veían escenas narrativas de la época francogótica, fruto de las escorrentías que habían lavado la cal que las cubría, en una zona del presbiterio”.

Estas dos profesionales dirigieron sus primeros trabajos a consolidar y fijar las pinturas, y procedieron a levantar las capas de cal y yeso que cubrían el resto de los frescos. Progresivamente, fueron destapando pinturas de varias épocas entremezcladas.

Con la restauración, se ha recuperado parte de la figura del pantócrator, donde se aprecia casi la mitad de la mandorla, la cabeza de Cristo, su torso y la mano en actitud de bendecir.

En la parte baja del ábside, hay tres medallones con unos motivos de carácter animal. José Luis Acín indica que, antes de la intervención y en función de lo que aparecía en las publicaciones, se pensaba que en uno de ellos figuraba un elefante alado. Sin embargo, los trabajos de restauración permitieron descubrir que eran dos especies de grifos, dos seres fantásticos, entrelazados. En otro, se aprecian también dos aves exóticas enfrentadas.

También se ha realzado una cenefa de influencia mudéjar de trazado geométrico que recorre el ábside y se ha recuperado un programa iconográfico en el arco presbiterial que consiste en unas pinturas del siglo XIII y finales del XIV, que se encontró en muy mal estado debido a las escorrentías. Son restos de gran valor histórico, porque son la primera entrada del gótico de influencia francesa en la pintura mural aragonesa.

Lo más complicado, concluye Elena, fue todo el trabajo de fijación y consolidación de los morteros a la piedra de base; y lo más laborioso, levantar todas las capas de yeso y cal con un bisturí, de forma manual, porque en algunas zonas había hasta siete superposiciones de capas.

Aunque parece que son muy pocos los restos pictóricos que se conservan, Rosa Abadía incide en la cantidad de información que proporcionan.

Una vez realizada la intervención, como hace notar Rosa, se puede contemplar ahora con claridad desde la presencia de un rey con su corona, señalando; una decoración geométrica; escenas perdidas sobre una cenefa mudéjar; reyes músicos; restos de un personaje sentado que se supone que es un evangelista; un ambiente que corresponde a un bautismo... Para que el visitante pueda conocer mejor el lugar en el que se encuentra y comprender los trabajos que se han realizado, se han instalado elementos interpretativos en el interior y en el exterior de la iglesia.

La restauración de la iglesia de San Lorenzo ha permitido sacar la luz un importante conjunto pictórico, que nos devuelve parte de la historia aragonesa. Pero, asimismo, la recuperación de este patrimonio otorga a la zona un aliciente más para visitar Morillo de Sampietro, lo que para muchos puede resultar el descubrimiento de un “tesoro oculto” en la bella comarca del Sobrarbe.