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CRÓNICAS Y MEMORIAS

Perdiguera

La iglesia de Perdiguera es una joya artística, no sólo por el mudéjar que la adorna exteriormente, también por los bienes muebles que contiene y que cubren un espectro temporal entre los siglos XV y XX.
El camino de Santiago a través de Monegros (14)



04/04/2004

Es el último tramo de la ruta jacobea en Monegros. El pueblo es de lo más curioso y guarda retazos de historia y arte que bien merecen un capítulo. Ya hablamos aquí de las ruinas de Asteruelas con su iglesia parroquial de Santa Engracia y el monasterio cisterciense de Santa Cruz, ambos de un gótico muy primitivo y desnudo. El paraje se enclava en plena sierra a los lados de un camino que une en un cómodo trayecto San Caprasio y Perdiguera.

Recorrer esta sierra es aleccionador. Por un lado la lucha del Hombre por atrapar el agua, guardarla para la sequía, una lucha que continua hoy y que se plasma con el mismo concepto pero con nuevos materiales. Encontramos viejos pozos de pretil hechos a cal y cantos yesosos, con brazos de sabina para sujetar la carrucha y el abrevadero a un lado; son varios los que salpican la sierra aunque hoy todos parecen abandonados, sin uso. Sí funcionan nuevas captaciones de agua en ladera, bien fraguadas y con verjas de hierro para evitar la entrada de animales salvajes y facilitar la de los rebaños domésticos. Hasta las filtraciones o desbordes de estas pequeñas balsas se colectan en la siguiente curva de nivel a través de un registro y un abrevador de aluminio. Todo un compendio de aprovechamientos hídricos.

En el pueblo otro tanto: primero tuvieron una balsa buena en la parte alta, pero el crecimiento demográfico del siglo XVI, obligó a colmatarla para ampliar el casco urbano. La alternativa la encontraron primero en la instalación de un pozo: Pozo del Lugar, en el camino del Cornero, que le abasteció durante siglos, hasta que un nuevo empuje poblacional, ahora en el XX, lo dejó insuficiente. Cerca de la Carretera de Zaragoza, construyeron en los años veinte unos depósitos de agua pluvial, ampliados sobradamente en los cincuenta. En 1977 llegó a Perdiguera el agua corriente y los aljibes se conservan como un elemento importante del acervo perdiguerano.

Por la Calle del Molino se puede llegar al reparado pozo de hielo y a la Balsa de la Pez, que no del pez. Este nombre quizá lo deba a la costumbre, no muy extendida por lo caro, de impermeabilizar el suelo de los acopios de agua para evitar su filtración. En esa calle, antes de salir del pueblo, está el afamado Pozo del Desengaño cuyas dimensiones y leyenda de la placa en la fachada nos dejan entrever su historia: “POZO DEL DESENGAÑO/ AGUA PARA EL ABASTECIMIENTO/ DE ESTA CASA Y DESENGAÑO DE/ LOS INCREDULOS/ JOSÉ MUÑOZ 15 DE ABRIL 1940”. Posguerra y pertinaz sequía, no ya para los campos sino para las bocas. Un aragonés empeñado en que por allí bajo pasaba agua, unos vecinos incrédulos que se reían de los intentos del pobre José que a pesar de todo no se desanimó: a pico y pala se adentró 36 metros en el globo terráqueo, los justos para llegar al acuífero.

Cerca del pueblo tiene Perdiguera coqueta y remozada ermita a San José con una techumbre abovedada donde hay yeserías tardomudéjares del XVII y neomudéjares de comienzos del XX. El mudéjar, reflejado en su historia y ubicación, plasmado en su bella iglesia, inspiró a los arquitectos modernistas a la hora de decorar la ermita o construir en el XIX una nueva casa consistorial.

La iglesia dedicada a la Ascensión, es obra del gótico con una nave de tres tramos rematada por ábside poligonal, una inscripción en la portada, guardada hoy por un atrio, nos revela que “ESTA IGLESIA SE AQUAVO EN EL AÑO DE 1496 POR MANOS DE MAESTRE ALONSO LESNES”. La torre es de época más tardía pero de interesante decoración. Todo el conjunto está perfectamente restaurado. Aunque la parroquia es de advocación mariana, el patrocinio de su fiesta mayor está dedicada a una santa italiana poco corriente en estos pagos: Beatriz. Su hagiografía relata el martirio de sus dos hermanos cuyos cadáveres fueron sepultados por ella. Luego buscó asilo en casa de una devota mujer, hasta que descubierta por un pariente que la quería heredar fue denunciada por cristianismo. Estrangulada en la misma celda, sus despojos fueron recogidos y enterrados con los de sus hermanos un 29 de julio, día de su festividad.

Perdiguera, en la última Guerra Civil, fue bastión nacionalista en la protección de Zaragoza, resistió embates y asaltos, propiciando la conservación de parte de los bienes inmuebles eclesiásticos. Guarda obras de diverso interés que van del XV al XIX: retablo e imagen de la Virgen del Pilar, retablo mayor de Martín Tapia (XVI), órgano barroco, retablos del Rosario, Santo Cristo, Santa Beatriz (2), San Antón, San Cristóbal, San Miguel, diversas tallas entre las que destaca el Cristo de Asteruelas del XV, cuadros, relicarios y diversa orfebrería... Una buena colección de artes muebles, inmuebles y etnográficos... Alguna historia de abuelas legendarias, de luchas contra la sequía... El Monte o Sierra, sin apenas visitantes que se extiende hasta Leciñena y Alcubierre. Todos estos alicientes hacen de Perdiguera un digno colofón a este tramo del Camino que ya encara Zaragoza.