print
 
NUESTRAS RAÍCES

Graus: José-Ignacio Ciordia Bozal, un poeta de nuestro tiempo

Armas de los Ciordia.



Por Santiago BROTO APARICIO
18/04/2004

Estas tierras ribagorzanas ribereñas del Ésera, en pleno estío, vieron el nacimiento, en 5 de julio de 1930, de este grausino que luego sería notable poeta. Se produjo el acontecimiento en la casa nº 14 de la calle de Salamero, y fueron sus padres Lamberto Ciordia Roldán y Margarita Bozal de San Ignacio, ambos de Tarazona (Zaragoza), el primero empleado, nacido el 19 de junio de 1893, llamándose sus abuelos paternos Lino Ciordia y María Roldán, tambien naturales de Tarazona y domiciliados en la calle de las Iglesias, 2, y sus segundos abuelos Eusebio Ciordia y Catalina Lázaro y Marcelino Roldán y Marcelina Tarazona, todos naturales también de la misma ciudad; y los abuelos maternos Pantaleón Bozal, de Calatayud y Juliana de San Ignacio, del lugar zaragozano de Torrellas.

El de Ciordia es un apellido de origen navarro, que tuvo su aparición en el lugar de este nombre sito en la merindad de Pamplona, cuyas ramas se extendieron más tarde al próximo pueblo de Urdiáin y a las villas de Desojo, Torralba del Río y Sesma y las localidades de Bargota y Peralta, de las merindades de Estella y Olite, de donde se trasladaron a otras poblaciones de las provincias de Guipuzcoa y Zaragoza. Los del casal de Desojo, donde tienen antiguo solar de notorios hijosdalgos, se consideran todos descendientes de Hernando de Ciordia, marido de María Arcaya, cuyo hijo del mismo nombre, obtuvo de la Corte y Consejo de Navarra el reconocimiento de su hidalguía en 7 de octubre de 1596, expidiéndosele la correspondiente Ejecutoria de nobleza.

Tras sus estudios en su villa natal y en la capital aragonesa, José-Ignacio Ciordia desde la década de los años 1950, en plena juventud, empezó a frecuentar el Niké, que era un café zaragozano donde se reunían muchos apasionados por la poética, alrededor de la gran figura literaria de Miguel Labordeta, además de otros grupos de artistas y personas de toda condición. En esa tertulia se creó la llamada Oficina Poética Internacional y se organizó la aparición de la revista titulada Orejudín, en 1958, en la que Ciordia colaboró asiduamente junto con J. A. Labordeta Subías, A. Fernández Molina, E. Gastón, R- Tello, Julio A. Gómez, M. Pinillos, F- Ferreró y otros, así como en la colección poética del mismo nombre que se publicó entre 1958 y 1960. Su obra bajo el título Cafarnaúm fue impresa en Zaragoza en 1965.

Además de sus muchos trabajos en diversas publicaciones aragonesas, hemos de destacar especialmente su participación activa, en los años setenta, en la edición de Poemas, de la editorial así también denominada, que incluyó numerosos trabajos suyos, del que destacamos por su importancia y valía el llamado Estuario, en 1975.

Y es muy destacable su colaboración titulada LSD en el libro-disco Con la voz a cuestas de J. A. Labordeta, publicado en la serie “Los libros de la frontera- Colección de papeles literarios”, en 1985.

Pero mejor que una crítica o juicio sobre toda su labor, nos parece más acertado recoger alguna parte de ella y dejar que su poesía hable por sí misma y envíe su mensaje a cada lector:

Que para morir una vez más sólo es necesario/ pulsar el arpa del recuerdo, escuchar el/ sonido como en una noche de agua hasta/ las estrellas, su tiempo inmerso en una/ soledad vaporosa asaeteada suavemente por/ breves picaduras de insectos sexuales. No/ buscar el pasado como en una fotografía/ cristalizada que se convierte en ojo fósil.

No esperar. No olvidar. Huir hacia barriadas/ imposibles entre el esplendor del ocaso/ azul tembloroso de remordimientos y esperar/ la llegada de las aves nocturnas coronadas/ por el arco iris de un vino único.

(De su poema Parlamento).

Después de aquello/ cuando la niebla de polvo volcánico rodea las ciudades abandonadas/ y los hombres ya desaparecidos/ nubes eternas y ya sin nacimiento/ en la doliente oscuridad del planeta y las rosas del vidrio/ sin posible calor/ cosmódromos abandonados en el desamparo de los bares tardíos/ rostros enterrados, palomas submarinas,/ recuerdos atravesados por la muerte,/ libros descoyuntados y ya sin compradores,/ amantes y otras bagatelas nada más/ acero única nave a punto de partir/ el vacío infinito... musical... los espacios.

(De Estuario).

Olvidarás la sombra/ el no saber a qué doler,/ los cuentos de locos furiosos/ en cada encrucijada lunar/ adoradores del viento./ Antepasada juventud/ textos indolentes/ una labor callada pronta a la destrucción/ y los individuos se acuestan en forma auroral/ rozando la luz rosa de andrónicos vegetales./ La lucha de los amantes por olvidar el olvido,/ por olvidar los espejos que disolvieron tus imágenes/ el lecho de cintura dividida/ soles, amarga noche, difunta eternidad.

(De Estuario)

Estuviste aquí/ ardiendo en la vida que nació un solo milenio/ flores transparentes dialogaron en tu boca/ envenenada soledad cuando marchaste/ entre taxis nocturnos y luces mudas/ amaneciendo en ciudades destruídas,/ y tu increíble rostro/ símbolo del placer en la despiadada juventud/ volátiles miembros, dehonesta claridad,/ tu aroma perfecto éxtasis invadido/ para la noche infinitamente calculada/ sin amor./ Te conocí en la sombra/ devuélvete a tu sombra,/ las figuras enhebradas en el laberinto de los recuerdos/ como soñadas bagatelas levemente escuchadas/ y perdidas en rumores ya lejanos.

(Del poema Estancias).

DOCUMENTACIÓN:

Navalés, Ana María.- Antología de la Poesía Aragonesa contemporánea. Zaragoza, 1978. Blancas, Benedicto L. De.- Poetas aragoneses del grupo del Niké.- Zaragoza.