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TRADICIONES

Santa Leticia, patrona de Ayerbe

Portada del libro dedicado a Santa Leticia, patrona de Ayerbe.



Por María Cruz PALACÍN ZUERAS
16/05/2004

Allá por el mes de noviembre, arreglando los libros de casa, fue sorpresa encontrar la “Oración Panegírica que en la anual festividad dedica a su Patrona Santa Leticia (cuya cabeza posee), compañera de Santa Úrsula, y una de las Once Mil Vírgenes” que la Noble Villa de Ayerbe le dedica.

Dicha Oración Panegírica fue pronunciada por el Dr. Don Manuel Silvestre Alcay y Díaz de Pedrosa, natural de Zaragoza, Regente de Cátedras en la Universidad de Huesca y después Cura Propio de la Villa de Ayerbe, que él mismo mandó imprimir el año 1736 en Zaragoza.

En un momento del sermón, el orador dice: “... A Vos, Piedra Imán de Corazones; Luna bella de Inglaterra; Sol benigno de Aragón; Prodigio hermoso de estos Valles; Deidad de sus Aldeas. A Vos, Heroína ínclita y Mártir Leticia...”.

Hemos consultado varios autores sobre la leyenda:

1.- LEYENDA DE LAS ONCE MIL VÍRGENES

Tiene su origen en una inscripción latina del siglo IV, en la que dice que Clematio, “varon clarísimo”, vino de Oriente y reedificó la Basílica de Colonia donde se veneraban “las santas vírgenes que derramaron su sangre por Cristo”, aunque nada afirma sobre su número y fecha del martirio.

Durante muchos años aparecen frecuentes testimonios del culto a estas vírgenes, destacando Santa Úrsula en el siglo X.

Las santas vírgenes, que inicialmente fueron once, se transformaron en once mil, siendo preciso dotarlas de un fundamento histórico, y así surge la leyenda de su origen, que se va enriqueciendo poco a poco con la aportación de supuestas revelaciones y de la necesidad de justificar la presencia de restos de varones y niños, que lógicamente van apareciendo en las excavaciones del antiguo cementerio romano sobre el que se asienta la Basílica de Colonia. Así surge la leyenda:

En tiempos remotos hubo en Bretaña un rey cristiano llamado Noto, y según otros, Mauro, que tenía una hija famosa por su belleza y discreción, llamada Úrsula. El monarca que reinaba en Inglaterra, poderosísimo, tenía un solo hijo, Etéreo, que conocía las prendas de la joven, manifestando a su padre que quería casarse con ella.

El rey de Inglaterra envió a Bretaña sus emisarios a pedir a Mauro la mano de su hija, ofreciéndoles mercedes si realizaban la misión con éxito.

Mauro recibió a los emisarios; mas al oír la petición que éstos le hicieron, quedó muy preocupado por tres razones: porque no quería casar a su hija con un pagano; porque estaba seguro de que Úrsula no accedería a casarse con un príncipe pagano; y porque sabiendo que el rey de Inglaterra era un hombre feroz, temía su enemistad, en la que incurriría sin remedio si le negaba la mano de su hija.

Úrsula tranquilizó a su padre diciéndole:

-Comunica al rey de Inglaterra que aceptas su petición, siempre que él, a su vez, acepte estas condiciones: primera, que de acuerdo él y tú, me proporcionéis diez doncellas selectas como amigas; segunda, que nos procuréis otras once mil doncellas más, para que mis amigas y yo dispongamos de mil azafatas cada una para nuestro personal servicio; tercera, que se ponga a disposición de este ejército femenino una flota de naves bien equipada y surtida de todo lo necesario, para que nosotras y las once mil sirvientas podamos hacer a la mar, y viajar durante tres años por donde quisiéramos, pues yo, antes de casarme quiero conservar tres años más mi virginidad; cuarta, que el príncipe Etéreo aproveche este trienio de plazo para prepararse y recibir en su día el bautismo.

Etéreo aceptó las cuatro condiciones y convenció a su padre para que también las aceptara; se hizo bautizar inmediatamente; procuró que a toda prisa se reclutaran las doncellas y se equipararan las naves con abundancia. El rey de Bretaña por su parte, en cuanto supo que los navíos estaban a punto, mandó reclutar marineros y hombres de servicio encargados de la seguridad de las embarcaciones y de los miles de mujeres que iban a emprender tan insólita aventura.

Cuando se extendió la noticia de que se estaba organizando la extraña expedición y de que se buscaba miles de doncellas y abundante leva de hombres, afluyeron a ambas cortes, procedentes de diferentes países, caravanas de mujeres y hombres para participar en la empresa. Incluso Obispos se brindaron para atender espiritualmente a las expedicionarias; algunos fueron aceptados, entre ellos el de Basilea, San Pántulo, que con las vírgenes fue a Roma y con ellas, al regreso, recibió el martirio.

Embarcados todos los que iban a tomar parte en la expedición, las naves levaron anclas, y empujadas por vientos favorables, en un solo día llegaron a Tiel, puerto de las Galias. Desde Tiel los navíos, por el Rin, se dirigieron a Colonia, desde allí a Basilea donde desembarcaron, continuando su peregrinación a pie hasta Roma, donde el Papa Ciriaco, que era de Bretaña, y emparentado con algunas de las jóvenes experimentó gran alegría y les dispensó un honroso recibimiento con toda la clerecía romana. Bautizó a las doncellas que aún no habían recibido el sacramento del Bautismo; después renunció al Papado para acompañarlas a su regreso a Colonia, en donde todos sufrieron el martirio a manos de los hunos, pueblo bárbaro del Asia Central, que invadió Europa, llamado “el azote de Dios”, y que acababa de sitiar Colonia en este año 452 en que ocurren los hechos narrados. Con ferocidad mataron a los componentes de la caravana: a puñaladas, degollándolos, clavándoles flechas en el corazón, etcétera... Leticia fue degollada.

La “Leyenda Aurea” escrita en 1264 por Fray Jacobo Voragine, recogió este relato como tantos otros y se difundió rápidamnte, siendo numerosas las solicitudes que llegaban a la sede de Colonia para que les fueran enviadas reliquias de las santas mártires. Muchas de ellas fueron obtenidas por la Orden del Cister y a través de ella llegan a España, en el siglo XIII, las primeras reliquias.

Como fue muy difícil identificar los restos se hizo de las siguientes maneras: a partir del nombre que figuraba en la correspondiente lauda sepulcral; recurriendo a visiones o al procedimiento de la insaculación.

Tras el descubrimiento de América, la necrópolis de Colonia se convirtió en manantial inagotable de las reliquias que eran necesarias para la fundación de las numerosas iglesias americanas.

En la época de la Contrarreforma es cuando más restos de las Once Mil Vírgenes llegan hasta tierras de la monarquía española, pues Felipe II fue un entusiasta receptor de reliquias y especialmente de aquellas que sufrían la furia iconoclasta de los protestantes. Los jesuitas colaboraron con entusiasmo en esta tarea.

2.- ORÍGENES DE LAS FIESTAS DE SANTA LETICIA EN AYERBE

“Tras fallecer D. Hugo de Urries, señor temporal de la Baronía de Ayerbe, su viuda, doña Greida de Lanuza, el 2 de septiembre de 1549 hizo donación de la reliquia del cráneo de Santa Leticia, que había traído de Bruselas, al Capítulo eclesiástico de la Colegiata de San Pedro de Ayerbe, proclamándola a continuación Patrona de Ayerbe y sus aldeas. Este hecho histórico quedó reflejado en un acta notarial que levantó el oscense Jaime Gistau, aunque ésta no se ha podido localizar, por estar casualmente incompleto el protocolo de este Notario correspondiente a ese año.

Desde 1549, la festividad litúrgica de Santa Leticia se celebra en Ayerbe el día 9 de septiembre, pese a que en el siglo XVIII se aseguraba que en realidad ésta era el 21 de octubre, día de su glorioso Triunfo.

Desde entonces Ayerbe celebra sus fiestas patronales de Santa Leticia a principios del mes de septiembre. Antaño comenzaban el día 8 y terminaban el 11. Ahora se programan según venga el calendario pero siempre respetando el día 9, aunque éste tenga que ser el último día de las fiestas.

Hasta 1549 la Patrona de Ayerbe había sido Santa Bárbara, por eso en la procesión todavía sale un busto de madera plateada representándola.

Para honrar la memoria de Santa Leticia, Ayerbe siempre ha organizado una serie de actividades, comprendidas desde principios del siglo XX en un programa oficial que resumimos.

3.- ACTOS RELIGIOSOS

A) Siglo XVIII. En esta centuria los actos de este carácter celebrados en honor a Santa Leticia consistían en una novena que daba comienzo el día 8 de septiembre en la que se decían o cantaban diariamente los Gozos de la Santa, cuyo estribillo es el siguiente: Pues de Ayerbe sois blasón/ y patrona prodigiosa/ dadnos Leticia gloriosa/ consuelo en toda aflicción.

Igualmente había procesión y misa solemne, así como otros cultos. Con anterioridad a 1579 ya salía la procesión en la que en sendas peanas llevaban los bustos de plata de Santa Leticia y San Pedro. El de la Santa desapareció a principios del siglo XIX.

B) Siglo XX. Día 8.- A principios de este siglo los actos religiosos daban comienzo con el Canto de Completas al anochecer del día 8, terminadas la cuales se daba a besar la reliquia. Cuando éstas se suprimieron, estos actos empezaban con la Misa Vespertina del día 8, en la que se exponía a la veneración la reliquia de la Santa, que permanecía junto al altar mayor hasta finalizar la fiesta, en que era recogida en un lugar seguro de la sacristía.

Día 9.- Por la mañana se iniciaba en el coro Tercia. Luego se iniciaba la procesión, procesionando la imagen de Santa Leticia, que hoy en día está en su capilla; la de Santa Bárbara y el busto de plata de San Pedro. Seguidamente venía la denominada en aragonés, Misa de tres en ringla, o Misa de terno solemne, con sermón, costeado por el Ayuntamiento.

Hoy día los actos religiosos han cambiado poco, sólo añadir que el Grupo local “Os Barfulaires” con sus dulzainas van interpretando a lo largo de la procesión la música del himno a la Santa, escrito y compuesto por el sacerdote José María Aso Buen.

4.- ACTOS PROFANOS

Ya en el siglo XVIII se llevaban a cabo por las calles vítores, disparo de armas, iluminaciones, hogueras, etcétera.

Llegado el siglo XX, una comisión creada en el seno del Ayuntamiento se encargaba de organizar las fiestas. En 1814 ya se confeccionó un programa de festejos, recogido en un folleto.

Quizás algún día Ayerbe sea visitada por el Príncipe Felipe de Borbón y doña Letizia, que contraen matrimonio el próximo sábado y a los que deseamos bendiga en todo momento la Patrona de esta Noble y Fidelísima Villa.