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AIRE LIBRE

El ángel guardián de Respomuso

Uni Abejo Martínez, guarda de refugio y montañero de raza.
Ursi Abajo Martínez, un montañero de pura raza que dirige el emblemático refugio del Circo de Piedrafita

Ursicinio Abajo Martínez, Ursi, tiene un carisma especial entre los montañeros como compañero experimentado que comparte una misma afición, como abnegado guardia de refugio y casi como “padre” de todos sus “huéspedes”. Y es que, aunque puertas afuera y puertas adentro de Respomuso no cree hacer más de lo que le exige su profesión, lo cierto es que ese “plus” de cariño que añade a su quehacer diario y al trato con la gente le ha hecho granjearse el afecto de muchos amantes de las cimas pirenaicas que realizan su actividad en la cabecera del Valle de Tena.



Myriam MARTÍNEZ
23/10/2005

HUESCA.- Nació hace más de 60 años en un pueblo de Zaragoza -prefiere no concretar su edad-, aunque pasó toda su niñez y juventud en la capital aragonesa.

Fue el entonces alcalde de la ciudad del Ebro, Ramón Sáinz de Varanda, quien le ofreció ir a trabajar en labores de mantenimiento a la estación de Formigal, que por aquel entonces se ponía en funcionamiento. Allí permaneció casi 29 años, hasta que la Federación Aragonesa de Montañismo le adjudicó a Ursi y a sus hijos David y Javier la explotación del Refugio de Respomuso, en el circo de Piedrafita, una instalación que es propiedad del Gobierno aragonés.

Aquellos primeros años contrató a Toni Martín, que había trabajado en otras instalaciones como Góriz. Hoy, Toni ya se ha jubilado, los hijos de Ursi se han hecho mayores y comparten las tareas con su padre y con sus esposas; Juani, la de David, y Sara, la de Javi, sin olvidar al otro gran pilar de la familia, María Dolores, que prefiere pasar desapercibida. “El conocido es él”, me dice señalando a su esposo.

“Este año se han producido bastantes accidentes, sobre todo porque había poquita nieve y hubo un invierno con mucho hielo. Entonces, el granito se rajó y después estaba más suelto. La mayoría de los accidentes se han producido por piedras sueltas”, explica el guarda de Respomuso, en mitad de una mañana soleada, al tiempo que añade: “Este año ha habido menos accidentes de camino”, en referencia a los turistas que salen a dar un paseo o a realizar actividades suaves de senderismo.

Mientras conversamos, trabajadores de Prames y el jefe de Obras de la empresa, Benjamín Oca, supervisan el trabajo que, como siempre con gran meticulosidad, realiza el piloto Santiago de Serret con su helicóptero, para acarrear los escombros que han dejado los trabajos llevados a cabo en la instalación montañera para adaptarlo al decreto sobre refugios y albergues del Gobierno aragonés. Sólo unos días después, Santiago de Serret sufrió un grave accidente, del que afortunadamente se está recuperando.

Ursi Abajo es una persona muy activa. Cuando el trabajo baja de intensidad, sale a marcar algún pico. Recuerda con satisfacción las rutas de Campo Plano, Piedrafita o su preferida, Llana Cantal. “Mira -dice señalando a su alrededor-, todos los picos son pirámides, ninguno es redondo”. Efectivamente, las cumbres que se alzan en torno al circo de Piedrafita parecen formas geométricas modeladas con toda intención y la panorámica que ofrecen es realmente fascinante. “En Llana Cantal, hay dos lagos, uno de ellos está hasta finales de agosto o primeros de septiembre con nieve o hielo, a unos 2.600 metros de altura. Es un pico precioso. Los montañeros deben saber que tienen otras alternativas a los picos de 3.000 metros, que además muchos días están llenos de gente o pueden ser peligrosos”. También afirma que puede darse el caso contrario, es decir, cimas que no llegan a esa altitud, pero que, sin embargo, pueden ser más complicadas que muchos tresmiles, como el Balaitus, la Gran Facha, Infiernos o Frondiellas.

Además de estar muy bien indicadas las rutas que se pueden realizar en el entorno del circo de Piedrafita, en el refugio se ofrece información continua en un video sobre cada una de ellas. Sin duda, no es habitual este tipo de equipamiento en una instalación montañera, como tampoco lo es la zona de recuperación de flores de alta montaña y animales pequeños que se ha habilitado junto a la casa, y de la que Ursi se siente muy orgulloso.

Su espíritu se mantiene muy joven. “Soy una persona normal -considera él-, con la cabeza sentada, si no, no podrías aguantar a partir de noviembre en el refugio, porque no viene nadie y con los pocos que vienen tienes que estar muy pendiente, cuidando de que suban y que bajen”, comenta Ursi. Le parece normal sentir esta preocupación por cada uno de los montañeros que pasan ante su puerta. “Lo peor es pasar el invierno pensando que está subiendo gente sin equipar y estando preocupado porque una actividad que debía costar cinco horas les cuesta diez o doce. Somos montañeros y todos debemos estar unidos para que no haya accidentes en la montaña, que es lo más importante”.

Como el cocinero que antes fue fraile, Ursi, antes que guarda de refugio, ha sido montañero. Y lo sigue siendo. El año pasado, estuvo en el Himalaya, en el campo base del Everest y subió a un pico de 6.500 metros. “Tenía muchas ganas de ir allí, porque nunca había estado. Cuando teníamos facultades para hacer 8.000 metros, no nos ayudaban o en Aragón no nos poníamos de acuerdo”, se lamenta.

Aunque aquella fue una entrañable experiencia para Ursi, el curtido montañero reconoce que donde más ha disfrutado fue abriendo una vía en Riglos, La Carnavalada, donde permaneció cinco días colgado con sus compañeros de cordada. En su opinión, “es una de las vías más bonitas” y se hizo en un momento en el que la escalada había sufrido un parón en Aragón, después de que se hubieran producido algunos graves accidentes. “Los amigos que se mataron nos enseñaron mucho y decidimos hacer una vía que fuera dura, para que el nombre de Aragón sonara en todo el mundo”, asevera.

Le apasiona la montaña. Ha hecho invernales en Francia, en Picos de Europa, en Telera... en infinidad de lugares. El momento más duro, precisamente, lo pasó en una invernal en el país galo, a más de 20 grados bajo cero, colgado dos noches, con tormenta. “Son momentos difíciles, pero también dan satisfacción, porque hicimos una escalada muy buena”. Y aclara que nunca ha sentido miedo, aunque sí ha palpado el peligro. “Los amigos que se mataron y los que viven, Nanín, Bescós, Pepe Díaz, Montaner, nos han enseñado a superarnos. Bueno, miedo..., quizá se pasaba un poco en Riglos cuando eras joven, porque ni estabas equipado ni tenías los medios que hay ahora”.Y es que la montaña le apasiona, porque, entre otras cosas, le da la oportunidad de conocer a gente muy diferente. “Aprendes mucho de las personas, de los pájaros y de las flores. Cuando haces amigos en la montaña, son amistades que las tienes ya para toda la vida”.

Cuando el refugio de Respomuso está cerrado (del 15 de diciembre al 15 de mayo), vive en Formigal y realiza frecuentes “escapadas” a Zaragoza para ver todos los jueves a sus amigos de toda la vida en Casa Antonio.

“Y una de las cosas más importantes -continúa Ursi- es que a mis hijos también les gusta y han hecho de ella su profesión. La juventud lleva mejor las cosas que los mayores y ellos llevan el refugio muy bien”, sentencia con devoción paterna.

Y es que, sin duda, sólo su familia arranca de Ursi una pasión todavía mayor que la montaña.