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NUESTRAS RAÍZES

Cillas, un lugar abandonado en el Serrablo

Armas de los Albe



Por Santiago BROTO APARICIO
18/06/2006

Traemos hoy a estas páginas un recuerdo emocionado de este pueblo altoaragonés, hoy arruinado, invadido por la pujante vegetación pirenaica, con sus calles en silencio, sus muros caídos, sus carasoles solitarios, la iglesia sin rezos ni fieles, su entorno sin vida humana, sucediéndose los días rutinariamente sin que nadie registre su paso... Geográficamente este lugar -hoy propiedad de la entidad estatal denominada ICONA-, se sitúa en las estribaciones orientales del Puerto de Santa Orosia, bajo las cercanas eminencias de Oturia y San Loriende, a 1.380 metros de altitud, separado del lugar de Cortillas por el cauce de un barranco, en cuya valle también se encuentra Sasa. Su acceso se realiza por una pista que, partiendo junto a Oliván, transcurre contra corriente del barranco de este mismo nombre, a la falda de la Sierra del Serrablo, comunicando los lugares de Susín, Berbusa, Ainielle y Cortillas.

Tuvo Cillas larga historia desde su inicial mención en el año de 1041, según acreditan documentos relativos al reinado de Ramiro I de Aragón. Su último nombre, con las variantes de Ciellas, Ciliis y Cellas que tuvo a través de los tiempos, parece significar “sucesión de colinas”, acorde con su condición topográfica. Desde antiguo estuvo bajo el dominio de señorío eclesiástico que ejerció la Catedral oscense y desde 1571 la de Jaca, estando integrada su iglesia en el Priorato de Rava. Si se realiza un recorrido por el pueblo, se aprecia el templo parroquial en su zona inferior y la existencia, aún, de algunos interesantes elementos arquitectónicos, como el de un típico horno en los bajos de una vivienda, los canetes de piedra de un alero de otra, el cabezal de un vano en la antigua herrería con los instrumentos de ésta grabados en la piedra, un notable pasadizo con bóveda de cañón y el ábside románico de la ruidosa ermita de San Bartolomé.

Seis fuegos contaba en el censo de 1495, cuando en el lugar ostentaba la condición de Jurado Fortunyo de Bergua, siendo los cinco restantes propiedad de Ximeno de Allué, Johan de Latas, Pedro y García Escartín y Johan Arnal. En los sucesivos censos sus vecinos fueron evolucionando para pasar a 10 en 1609, descendiendo a 6 entre 1646 y 1713, tuvo 4 de 1717 a 1722, 9 en 1787, 13 en 1797, otra vez 9 en 1845, 113 habitantes en 1857 y quedar totalmente despoblado en 1960-70. Constituido en Ayuntamiento en 1834, se incorporó al de Cortillas en 1845, y con éste al de Yebra de Basa en la década de 1960-70. A mitad del siglo XIX Madoz describía a Cillas como pueblo de 20 casas, 9 vecinos y 36 almas, con libre ventilación y clima sano, situado en un llano, a la margen izquierda del Barranco de Forcos, que atravesaba su término en dirección oeste, regando sus aguas algunas de sus tierras.

Pascual Escartín, en calidad de fiel de Fechos, de orden del Ayuntamiento de Cillas certificaba en 22 de septiembre de 1787, que en el lugar eran y habían sido nominadas como pertenecientes a Infanzones e Hijosdalgo, por haber presentado los documentos correspondientes, las ocho casas de Juan Escartín, Miguel Arnal, Domingo Jal, Josef Sanromán, Domingo Luís, Josef Navarro, Josef Ramón y Juan Allué. En otro tiempo también residieron miembros del linaje Albe, siendo los datos genealógicos de todos ellos, los siguientes.

-ALBE.- Diversos Nobiliarios y especialmente el de J. Villa afirman que los de esta familia tuvieron su casa solar en la localidad de Cillas, sin que se faciliten otras noticias, salvo las de la composición de su escudo de Armas. Otros casales de este apellido hubo en las villas navarras de Isasondo y Tolosa, citando de esta segunda a Martín-García Albe, hijo de García Albe, que vivía en los años de 1346.

-ALLUÉ. Se considera que este antiguo apellido se originó en lo más profundo de los Pirineos aragoneses, en la alta cuenca del río Ara, en la comarca conocida como la Val de Broto, por cuyos poblados comenzó a extenderse en los inicios de la Edad Media, pasando luego de allí a distintos pueblos del Sobrepuerto, Serrablo y Somontano oscense. De esta época fueron los fundadores del casal en Cillas, de los cuales conocemos que Ximeno de Allué era su dueño en los años finales del siglo XV, del cual se sucedieron sin interrupción diferentes miembros hasta enlazar con Juan de Allué, que ostentaba la propiedad de los bienes familiares en 1787, quien había demostrado cumplidamente su condición de caballero Infanzón, en razón a su directo parentesco con los titulares de las Ejecutorias ganadas por Cosme de Allué, de Asín de Broto en 1651, por Juan y Miguel-Juan de Allué, de Torla, en 1687 y por Sebastián de Allué, de Sasa de Sobrepuerto en 1687.

-ARNAL.- Apellido extendido por toda la provincia en la que su existencia está registrada en cerca de cuarenta municipios, por lo que su estudio genealógico es tan amplio que se precisarían muchas páginas para relatarlo. En lo que respecta a los de Cillas, hemos de suponerles una antigüedad referida, al menos, a los principios del siglo XIV y de ellos conocemos a Johan Arnal que vivió en la segunda mitad del XV, apareciendo como titular de uno de los seis fuegos del lugar en el censo de 1495, posiblemente emparentado con Miguel Arnal, entonces domiciliado en Linás de Broto, con descendencia posterior en Fragen.

El linaje en Cillas permaneció en los siglos siguientes, aunque carecemos de noticias detalladas sobre sus miembros, representándole en 1788 Miguel Arnal, quien aportó al Concejo las pertinentes pruebas de su condición de Infanzón, que fueron estimadas como suficientes para empadronarle como tal.

-ESCARTÍN.- Se consideran originarios del lugar de este nombre en el Valle de Broto, donde tuvieron muy antiguo casal. Su antecedente más remoto se halla en la Salva de Infanzonía que Pedro Escartín, con casa solar familiar en Linás, obtuvo en diciembre de 1316, por concesión del rey aragonés Alfonso IV. Catorce años después, en 1630, García Escartín, procedente de Escartín y vecino de Isuala de Cuerbas, tras la prueba de su hidalguía conseguía nueva Salva, así como otro del mismo nombre sucesor suyo, ganaba otra Ejecutoria en 1391, reinando Juan I de Aragón.

En Cillas, los primeros de este linaje registrados fueron Pedro y García Escartín, censados en 1495 como dueños de dos casales. Ambos tuvieron descendencia, permaneciendo allí el apellido en los siglos siguientes, al menos hasta finales del siglo XVIII, en cuyo año de 1788 era reconocido por el Concejo Juan Escartín, dueño de una de las ocho casas consideradas y respetadas, según la documentación acreditativa exhibida por las mismas, como Infanzones de sangre y naturaleza.

-LUIS.- Se afirma que estuvo originado en Nocito en cuyo lugar tuvo casal durante siglos; de éste, posiblemente a finales del siglo XVI o mediados del XVII, uno de sus miembros pasó a casar al pueblo de Cillas, fundando allí nueva rama que estaba representada en 1787 por Domingo Luis, considerado como Infanzón por el Concejo a la vista de las pruebas documentales presentadas.

-JAL.- Únicamente conocemos respecto a este apellido, que Domingo Jal, residente en Cillas, obtuvo reconocimiento como Infanzón en 1788, habiendo exhibido las pruebas de tal condición.

-NAVARRO.- Los de este apellido eran originarios de El Pueyo de Jaca, en el Valle de Tena, donde existía, desde tiempos remotos, en la eminencia que domina el núcleo urbano, un casal o palacio a ellos perteneciente, quienes fueron siempre reputados como notarios Infanzones e Hijosdalgo. Desde allí se extendieron a muchas localidades de nuestra provincia, principalmente a las de Canfranc, Estadilla, Ansó, Panticosa, Castejón de Monegros, Escartín y Cillas, siendo en esta última reconocido como hijodalgo en 1787 Josef Navarro, en consecuencia con los documentos presentados por el mismo, en justificación de poseer tal condición.

-RAMÓN.- Es linaje originario de las montañas pirenaicas aragonesas, radicado en los lugares de Linás y Otal, en el Valle de Broto; en los de Espierre, Isín, Larrés, Cortillas y Cillas, en el Serrablo; en Guaso, en Sobrarbe; y en Liesa, Tierz, Alcubierre, y Abiego, en la Tierra Baja, así como en la ciudad de Huesca y otros lugares del territorio de Aragón. Hay constancia que de los del casal de Alcubierre, Cristóbal Ramón asistió a las Cortes celebradas en 1702 como hidalgo, y sus sucesores Jorge, Antonio y José Ramón promovieron demanda ante la Corte del Justicia de Aragón en 1718 y 1721 para el reconocimiento de su Infanzonía; y también inició idéntico proceso, en 1782, el vecino de Huesca Marco Ramón. En 1787, cumpliendo las órdenes del Real Acuerdo, el Concejo de Cillas manifestaba que José Ramón, dueño de una de las ocho casas hidalgas de este pueblo, había demostrado su Infanzonía reconociéndosele por tanto como tal.

-SANROMÁN.- Desde tiempos muy remotos radicó una familia de este apellido en el lugar de Abella -procedentes del pueblo de San Román de Basa, cuyo nombre tomaron- que siempre fueron estimados como Infanzones, ganando Ejecutoria en 26 de noviembre de 1687. De su noble casal salieron miembros a convolar a Sieso de Huesca, Belillas, Sieste, Berroy, Fanlillo y Cillas, y en este útlimo residía Joséf Sanromán en 1787, en que el Concejo declaraba reconocer su condición de Infanzón e Hijodalgo, en virtud de los documentos exhibidos por el mismo.

DOCUMENTACIÓN:

Archivo Histórico Prov. Zaragoza.- Padrones de Infanzones.