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HISTORIOGRAFIA

Aruej, otro pueblo que resurge del olvido

Rehabilitación de la iglesia románica



Por José BIBIÁN CARRERA
06/08/2006

Aruej, es un pequeño núcleo deshabitado del término de Villanúa, que ha dado los primeros pasos para volver a la vida. Antiguo señorío, con restos de una valiosa iglesia románica del siglo XII. La idea ha partido de una Consultora aragonesa promotora de esta clase de proyectos. El Ayuntamiento ha aprobado un plan especial para ARUEJ, contemplando la recuperación, en lo posible, de dos monumentos emblemáticos como son la iglesia románica con su torreón y de una casa señorial del siglo XIX, construyendo unas 80 viviendas, algunas si se puede rehabilitando las que se conservan en mejor estado. Los partidos políticos del concejo, PSOE y PP, respaldan la actuación de hacer un pueblo con identidad pública, dice Soledad Campo en un artículo publicado en la prensa aragonesa, que además se quiere que coexistan talleres de artesanos y oficios antiguos, asentando la población, no solamente durante el verano, sino durante todo el año. La Consultoría explica que habrá una calle principal y dos paralelas al norte y sur, fachadas de piedra, madera de la zona y cubiertas de teja plana de calor pardo, que sobresalgan o superen la altura del torreón, en donde podría habilitarse un establecimiento de hostelería.

Este antiguo señorío, de origen posiblemente visigodo, hoy propiedad particular, en la que destaca su iglesia o ermita que fueron objeto de denuncia años atrás -es bien protegido- al quedar sin cubierta, y en 2002 comenzó a derrumbarse la techumbre del altar mayor, el ábside tiene grandes grietas y la maleza se va apoderando de todo el conjunto. Esta ermita aparece en las Guías del Camino de Santiago, pues antaño formaba parte de la ruta jacobea, declarada de interés natural, ha sido objeto de un estudio muy documentado de la Catedrática de Historia Medieval María Isabel Falcón Pérez, que resumiré al final de este artículo.

Resulta curioso, pero Madoz, en su famoso diccionario, le llama Arnej y alguna otra persona, experta en temas pirenaicos le dice Errej. Donde sí coinciden es que Villanúa fue Ayuntamiento autónomo desde 1835 y diez años después se le une Aruej.

Alfonso Zapater se explaya al hablar de Villanúa y el valle del Aragón, “ .... El hombre siente una irresistible tentación de subir a las montañas, la ilusión por las cumbres viaja con cada vida”. Cierto es, sobre todo en este verano infernal de 2006, que nos invita a emboscarnos en los recónditos valles de nuestro Pirineo, e imitar con “sorna” a Jardiel Poncela con su frase “... ganarás el pan con el sudor del de enfrente”. Dice además el Sr. Zapater, “... Huesca corre con este pueblo a su encuentro con Francia”.

Con todos mis respetos, señor Zapater, “je ne comprends pas ce que vous dites”.  Su amor a la dulce Francia no cuadra muy bien con el trato que recibimos de nuestros vecinos. La historia entre Francia y España es una constante historia de engaños, y no sólo en materia de comunicaciones. Ahí están Carlos IV y Fernando VII, convertidos en títeres de Napoleón, para atestiguar el gran amor que siempre nos han tenido. Ya sé que esto no viene a cuento, pero me subleva cuando se citan estos temas, en los que siempre hemos sido los paganos.

Punto final, y me refiero al excelente trabajo de María Isabel Falcón. Dice que hasta el siglo XI, el camino desde el Bearn a Zaragoza que atravesaba el puerto del Palo, uniendo el valle de Hecho con Lescun, fue vía habitual a través del Pirineo aragonés.

En aquellos años, Jaca es el centro político y religioso, desplazando su catedral a la de San Pedro de Sirera, y el valle de Aruej resultaba la vía natural de paso para llegar a Jaca, de ahí su importancia en el camino de Santiago. Este pequeño tramo , o ramal, que  aún puede recorrerse desde Aruej, pasando por el desaparecido pueblo de Santiago, cuyas ruinas distan de aquél, poco más de un kilómetro, y que parece fue usado hasta que se hizo la actual carretera. Aruej, despoblado ahora, parece que pertenece a la familia Izuel-Abadía.

En el siglo XI, fue cabeza de valle l´ Arnés. En el XVII, se crea el Arciprestazgo del valle de Aruej, se añadieron a éste, los de Canfranc, Cenarbe y Santa Cristina de Summo Portu.

Durante el reinado de Sancho el Mayor de Navarra, hay una cesión de tierras del término de Aruej al Monasterio de San Juan de la Peña, según unos textos de D. Antonio Ubieto Arteta, en los que indica la concesión de la estiva  de Lecherín. En 1137, el censo de población indicaba los burgueses que juraron lealtad a Ramón Berenguer IV, y entre ellos el Sr. Ubieto señala 9 personas de los que 6 tenían apellido aragonés: Blasc, Necons, Garcés, Blasc, Enego y Gali Sanz.

El Valle de Aruej estaba dentro de la jurisdicción del Monasterio autónomo de San Adrián de Sasabe y era el 1202 cuando García de Gudal, obispo de Jaca y Huesca, hizo participación de bienes para asegurar la vida de la Catedral de Jaca y la remuneración de sus sacerdotes. La iglesia de Aruej se encuentra documentada a partir del siglo XIII, en que aparece como rectoría y en el Siglo XVI es Vicaría, según Durán Gudiol. A partir del siglo siguiente, los libros parroquiales de Aruej están en los archivos de la parroquia de Villanúa, a donde fueron trasladados.

Entre la maleza del suelo de la iglesia, a la altura de la puerta, dicen que hay una lápida con la inscripción: ESTA SEPULTURA ES DE JOSEPH MARCOS AZIN Y LOS SUIOS. ANNO MDCCLVI. María Isabel Falcón, deduce con lógica, que debajo hay una cripta sepulcral, con bóveda, sobre la cual estaría cimentada la Iglesia.

Dejamos Aruej, y nos vamos al Censo de 1991, Aragón figura con 1.180.000 habitantes, y una densidad de 24 habitantes por km2, la más baja de todas las Comunidades españolas, y constituye lo que ya he dicho alguna vez, un desierto demográfico. Bienvenidas sean cuantas iniciativas vengan a rehabilitar pueblos abandonados, aunque Aruej será un pueblo de nueva planta, con pocas casas a rehabilitar, dado el nivel de deterioro que presenta. Pero como dice el jaqués José Ramón Marcuello, quienes han visto las decenas de pueblos de Aragón en los que se apagaba para siempre el secular rescoldo del fogaril, como enmudecen las campanas, celebraremos con gozo, cuantas actuaciones públicas o privadas, vengan para asentar población en nuestros pueblos.

Finalizo con unas cuartetas del texto “Quien te cerrará los ojos” de Labordeta:

Al aire van los recuerdos
Y a los ríos las nostalgias,
A los barrancos hirientes
Van las piedras de tus casas.

En los muros crece yedra
Y en las plazas no hay solana,
Contra la lluvia y el viento
Se golpean las ventanas.