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PERSONAJES

Joaquín de la Pezuela, un artillero de Naval

Don Joaquín de la Pezuela y Sánchez, Teniente General de los Reales Ejércitos, Marqués de Viluma y Virrey del Perú.
Joaquín de la Pezuela y Sánchez, Teniente General de los Reales Ejércitos, Marqués de Viluma y Virrey del Perú



14/01/2007

Por Antonio CIPRÉS SUSÍN
Naturaleza
Don Joaquín de la Pezuela y Sánchez, Teniente General de los Reales Ejércitos, Marqués de Viluma y Virrey del Perú, nació en Naval, provincia de Huesca.
En su partida de Bautismo dice entre otros datos: ... a 22 días del mes de mayo de 1761... bauticé un niño, nació el día antecedente.. la fecha es de 21 de mayo de 1761. Sus padres fueron Don Juan Manuel de la Pezuela y Muñoz de Velasco, Alférez de Guardias Españolas, Caballero del Hábito de Santiago y de Doña Ana María Sánchez Capay...”. Llegó destinado como Comandante de Puesto, a la villa de Naval. Ignoramos el tiempo que duró el destino, pero debieron ser algunos años, porque como es normal, su familia de Entrambasaguas (Santander), vinieron a visitarles; entre ellos llegó su hermana doña Catalina que se casó con don Francisco Torres. Por este casamiento la familia Pezuela quedó emparentada con la de Torres, quedando para siempre vinculada a la villa de Naval.

MILICIA

Da comienzo su Hoja de Servicios con la Calidad de Noble, por lo que a los 14 años de edad ingresó como Caballero Cadete en el Real Cuerpo de Artillería, el 11 de julio de 1775 en el Colegio de Artillería de Segovia donde siguió sus estudios (3 años), siendo ascendido a Subteniente, y a Teniente graduado del Real Cuerpo de Artillería (a partir de ahora se pondrá R.C.A.). Y el 13 de agosto de 1791 a Capitán del R.C.A. Estos años participó  en el bloqueo y sitio de Gibraltar, hizo sus servicios de construcción de baterías y fuego cuando correspondió en el apostadero de Cañones Violentos de La Línea.

Antes de la guerra de la Convención contra los franceses, ya estaba a las órdenes del también altoaragonés General Ricardos, que éste ponía al día al Ministro Godoy, -era el tiempo de la Revolución Francesa. Las noticias eran siempre malas.

Del 22 de abril de 1793 hasta el 3 de febrero de 1794 pasó por los sitios de mayor cantidad de fuego, mandó todas las baterías del frente, donde el ataque era más fuerte y peligroso por el enemigo. Cinco meses, antes de finalizar la guerra fue nombrado Comandante del Parque provisional de Artillería de Tafalla. La extraordinaria conducta en estos hechos le mereció el grado de Teniente Coronel que lo concedió S.M. y fueron tan distinguidos sus servicios que mereció el grado de Coronel de Infantería a Jefe de Brigada y Teniente Coronel R.C.A.

ULTRAMAR

En 1803 es destinado a Lima y coincidiendo su ascenso a Brigadier, nombrado Subinspector de Artillería en ese Departamento, con una misión concreta. Organizar la Artillería en el Perú, bajo las órdenes del Virrey Abascal. Don Joaquín, quien padre ya de familia numerosa, en principio vaciló ante el nuevo destino, pero los sueldo en Indias eran muy elevados y su vocación de artillero auténtica.

Le acompañaron en el viaje su esposa doña Ángeles Caballes y Olarría y sus dos hijas menores, Joaquina y Carmen, dejando en España dos hijos varones. Llegado al destino, con la aprobación del Virrey hizo un Parque de Artillería, fundía cañones y pólvoras socorriendo a América del Sur y mandando algunos misiles de quintales a la península.

Diez años más tarde, en 1813, la Junta Militar de Lima le encarga el mando de los desanimados restos del Ejército del Alto Perú. Lapezuela, con sus tropas, llega a Arequipa y Pimo disipando a los rebeldes. Después de una marcha penosísima por los Andes gana la batalla del Vilcapugio, el Virrey Abascal lo asciende a Mariscal de Campo.

Restablecido el orden en el Alto Perú, tiene noticias de la rendición de Montevideo, sublevación de Cuzco. Llegó la osadía de un Coronel sublevar al ejército e intimar al General Lapezuela a entregar armas y dinero y el traidor pagó su delito en el patíbulo.

La Pezuela se retira victorioso, batiendo al enemigo en más de 18 acciones. Sus valientes maniobras fueron premiadas con el ascenso a Teniente General, el 30 de mayo de 1815. En este año el 29 de noviembre, se dio la última batalla en Viluma y de resulta de ella, volvió a ocupar a reducir a la obediencia del Rey las cuatro provincias del Alto Perú.

El Rey Fernando VII, reconocidas las victorias alcanzadas condecora al General La Pezuela con las Grandes Cruces de la Orden de San Fernando y de Isabel La Católica.
Política

En julio de 1816 tomó el mando del Virreinato del Perú, encontró entre las tres armas 2.830 hombres, un solo Bergantín de 18 cañones, y el erario después de siete años de guerra en el empeño de 1.300.000 pesos fuertes, de los cuales la mitad de ellos esta cantidad la alcanza la Tropa por los atrasos de la Tropa, que unos días antes de tomar el mando se sublevaron, reclamando lo que se les debía.

Ayudó a la recuperación de Chile a la Gobernadora de Concepción mandando una expedición de 3.600 hombres surtidos de todo lo necesario para que unidos a los que en Concepción y Talcaguato habían resistido, pudieran recuperar Chile. Esa expedición le costó casi los 1.300.000 pesos fuertes. A la vez formó un Cuerpo de Reserva de 2.500 hombres, para cubrir la costa desde Arequipa hasta Guayaquil e impedir cualquier agresión y solicitó a S.M. dos navíos de guerra para guardar sus costas. El navío “Alejandro” por averías volvió a su base de Cádiz y el “San Telmo” naufragó en el Cabo de Hornos, naufragó con sus Oficiales y tripulación, entre aquellos su hijo mayor Juan Manuel, Oficial de la Real Armada.

Su Majestad satisfecho de sus servicios, le honra en su Real Orden de 26 de junio de 1823, con las expresiones más gratas para un antiguo militara.

REGRESO A LA PENÍNSULA

Le fue difícil salir hacia España. Los jefes sediciosos lo impedían y hasta un atardecer se encontró de improviso con el General San Martín. Le dijo: “... que no podía dejar salir al Virrey, creerían que San Martín había sido sobornado”. Al no poder ir ningún militar en este barco, se preparó un ardid al cabo de unos días se obtuvo la salida de la “Brun”, pero con pasajeros paisanos. Se buscó el puerto de los Chorriles y desde allí en canoas empujadas por los indios llegaron a la Corbeta “Brun” a 10 días a Río de Janeiro y el 18 de febrero de 1822 llegaron a Lisboa. El 9 de abril de 1821 se decidió que su señora y familia partieran para España.

El Virrey se quedó mientras su yerno el Coronel Ceballos va a Madrid a pedir permiso a Su Majestad el Rey Fernando VII para venir a la Corte. Fue recibido con mucho agrado por el Rey y por R. Orden de 28 de marzo de 1825, tuvo a bien S.M. declararle Purificado. El 17 de junio de 1823 se dignó S.M. nombrarle Gobernador y Capitán General de la provincia de Castilla la Nueva. El 16 de septiembre de 1830 entregó su alma a Dios, a los 69 años de edad, después de haber servido 55 años a S.M. el Rey.

SEMBLANZA

El Virrey Pezuela era bondadoso, modesto, inteligente, valiente lleno de elevados sentimientos, leal hasta la muerte y lo que es más, hasta la deshonra, de espada limpia y temible.

Su carácter serio y a la vez bondadoso le hacía tender a la conciliación por el diálogo y esto lo hacía aun a costa del sacrificio de algo muy íntimo.

En diferentes épocas en que el erario se hallaba en los mayores apuros por falta de dinero, con que socorrer a la Tropa su rancho del día, entregó veinte mil duros que tenía en dinero y toda la plata labrada de su uso que envió a las Cajas Reales e importó 8.000 que la cantidad prestada al Rey fue de 28.000 duros, sin interés ninguno, y es la misma que hoy se le debe, acreditando con este servicio cuanto pueden acreditar en favor de su Soberano un decidido Militar, que postpone su numerosa familia -diez hijos-, la empobrece y da ejemplo de ser el primer Virrey que ha servido su mesa con barro.

Ricardo de la Cierva dice del XXXIX Virrey del Perú, don Joaquín de la Pezuela Sánchez: “... cabeza de una dinastía militar española que llenó el siglo XIX, era un soldado de gran capacidad, energía y sentido político...”.