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CUADERNO DE VIAJE

De Escuer Bajo a Escuer Alto




Julio ALVIRA BANZO
21/10/2007

HUESCA.- La localidad de Escuer se encuentra junto a la carretera A-136, entre Sabiñánigo y Biescas, más cerca de esta última población. Pero esa no ha sido su localización habitual. De hecho, como está ahora, es una creación del siglo XX. Arriba, en lo alto, todavía se divisa la torre del castillo, el principal resto del pueblo del que salieron sus habitantes para fundar esta nueva población, pero manteniendo su nombre.

Adolfo Castán, en el libro “Huesca, de la A a la Z” (1990) editado por DIARIO DEL ALTOARAGÓN, explica que, a principios del siglo XX, el actual emplazamiento de esta localidad era conocido como Barrio de la Huerta de Escuer. Había un molino y varias bordas. “En busca de terreno llano y fácil comunicación”, explica Castán, los habitantes del núcleo primitivo “fueron descendiendo hacia la carretera general del valle de Tena, de forma acelerada en los años 1920-1930”. Un panel informativo que hay junto al castillo de Escuer Alto explica que este éxodo también fue fomentado por el maestro destinado en el pueblo.

Para llegar desde Escuer Bajo a Escuer Alto podemos utilizar nuestro vehículo, tras obtener en Biescas la llave de la cadena que cierra la pista de acceso. También podemos caminar y recorrer pista y sendas. Nos llevará más de una hora, pero es un gratificante paseo. Pascual Madoz, a mediados del siglo XIX, explicaba que esta población estaba situada “a la derecha del río Gállego, en el promedio de la cuesta que forma un monte de más de una legua de elevación”.

La vegetación ha engullido las casas de Escuer Alto. Solamente la torre de la parroquial sobresale como queriendo llamar la atención al visitante. Pertenece a un edificio que, según escribe José Luis Acín en el libro “Comarca del Alto Gállego”, era una “iglesia parroquial barroca de los siglos XVII y XVIII, compuesta por una nave culminada en ábside plano, techada con bóvedas de lunetos”. En la actualidad, solamente los muros del edificio se mantienen en pie.

José Cardús dedicó dos artículos a Escuer en Heraldo de Aragón. El 30 enero 1972 escribió que la iglesia parroquial fue quemada y el campanario volado en la última guerra civil. Añade que se intentó lo mismo con el castillo, pero que no funcionó el explosivo.

En el camino se observan restos de los edificios en que habitaron las gentes de Escuer, situados a los lados del camino que une iglesia y castillo. La fuente también ofrece su fresco caudal a quien se acerca a estas latitudes. Coronando todo lo que fue esta localidad, se encuentra el castillo.

Los autores que han escrito sobre este edificio coinciden en destacarlo por sus características constructivas y su ubicación. Colocado en la punta de un espolón rocoso supone un privilegiado observatorio del entorno. Consta de un pequeño recinto amurallado, la capilla adosada a dos de sus muros y la elevada torre.

Antonio Naval, en el libro “Las casas torreadas del Alto Aragón” (2007), afirma que “tiene el interés de ofrecer alguna de las soluciones que inspiraron las casas torreadas en el siglo XVI y siguientes”. En el muro sur se abre una gran aspillera en forma de cruz, coronada por un sillar de piedra en el que hay labrada una flor. Tuvo una galería de madera en el muro sur, de la que se observan los huecos para los troncos del suelo y los salientes para sujetar la cubierta.

Adolfo Castán, en “Torres y castillos del Alto Aragón” (2004), lo define como “una de las más interesantes fortalezas de los postreros años de la Edad Media altoaragonés, tanto por si tipología y empaque, como por la distribución de los espacios y vanos de su torre”. Debió tener cinco plantas en un principio, quedando en tres -las que se pueden ver o adivinar ahora- en una posterior reforma.

José María Estables Elduque, en la revista Serrablo (junio 1994), publicó un artículo sobre esta fortaleza. Explica que “debió erigirse en el siglo XV, pero posteriormente fue completamente cambiada en su estructura interior”. Estas obras se realizaron en el siglo XVI. Se perdieron plantas y se incluyeron bóvedas.

El paisaje del otoño en Escuer es el mejor envoltorio para disfrutar del castillo y soñar cómo pudo ser la vida de estas gentes aquí, en una altitud tan elevada, donde la vida tenía que ser especialmente dura en los meses de invierno. El sonido del agua en la fuente y los pájaros en los árboles nos devuelve a la realidad. Hay que bajar. Queda un buen trecho, pero la visita compensa.