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HISTORIA

El receptor Neutrodino

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Historia de la Radio en el Alto Aragón (6)



Por Bizén D`O RÍO MARTÍNEZ, de la Real Academia de la Historia
19/10/2008

¿Quién quiere la radio? Esto es lo que gritaba por las calles de Berlín un avispado vendedor ambulante, que, con su carrito de mano, exponía todos los chismes necesarios para componer un receptor de galena, al tiempo que con su antena captaba conciertos de las estaciones vecinas.

Esta noticia era incluida en la prensa altoaragonesa a mediados de 1925, añadiendo el reportero que acababa de llegar de Alemania, que era esta democratización absoluta del radioísmo lo que más influía en su difusión entre las masas, añadiendo que, si bien no era como el vendedor ambulante, era bien conocido el caso de un comerciante de los barrios bajos madrileños, que había hecho que la radioafición adquiriera extraordinario vigor gracias a sus tenderetes. Esto era debido a que las gentes sencillas rehuían los escaparates vistosos y se dejaban seducir por unas mesas revueltas de bornas, topes, plots, cazoletas de galena, bobinas, resistencias y auriculares, por esa tan heteróclita como primitiva paratología radiológica. Si a estos tenderetes se unía la disposición de unas pesetillas, nunca faltaba el amigo aficionado, el apóstol de la radio que, con su ejemplo, animaba a los demás, dando como resultado, que había más aparatos en el barrio de La Latina, que era donde vivían más familias, que en el resto de Madrid. Pero esto mismo ocurría en otras poblaciones españolas, donde se repetía el caso del amigo que le montaba a otro su receptor, o el del técnico y comerciante que vendía los componentes y explicaba mediante un esquema su montaje. Claro está que en estos momentos la radiofonía estaba dando un gran paso con la presencia en el comercio del aparato `Neutrodino`.

Este receptor regenerativo debe su nombre a que cuando la detección se lleva a cabo con un tubo, el componente de Radiofrecuencia se amplifica con la modulación, siendo precisamente cuando el receptor regenerativo se aprovecha de ese excedente devolviéndolo al transformador de antena, y este excedente refuerza la señal al sumarse a la entrante, a la vez que aumenta los cambios de voltaje y se vuelve a rectificar, dando como resultado una mayor potencia de salida de audiofrecuencia, precisamente en los audífonos.

Este receptor no radiativo se debe al Profesor Louis Alan Hazeltine, del Institute of Technology, de los Estados Unidos, quien desarrolló un circuito de una base puramente matemática teniendo en cuenta la válvula termiónica como un componente cuya ejecución debe calcularse, y no sólo utilizada de forma experimental. Esto lo lleva a cabo en unos momentos en los que la ciencia de la radio estaba todavía en su infancia, por lo que la aplicación de `neutrodos` en la sección de radiofrecuencia sintonizada como la amplificación de los filtros de audio, constituían el mejor anti-ruido o estabilizadores, logrando anular el ruido no deseado, o bien, aquellos silbidos causados por la oscilación de la válvula en el circuito.

Al profesor Hazeltine se le considera como uno de los grandes inventores dentro del mundo de la Radio, pues con tan sólo dos herramientas, un lápiz y una regla de cálculo, lograba el primer gran adelanto en la audición, es decir, convertir al receptor en inmune a los ruidos no deseados y silbidos que eran por aquel entonces tan frecuentes.

El término `Neutrodino` fue acuñado por Willis H. Taylor, hijo de uno de los socios del bufete `Pennie-Davis-Marvi-Edmond, asociados`, especializados en patentes. Término que por otra parte, fue tomado por el grupo independiente de los fabricantes de receptores de radio, que estuvo formado básicamente por: FAD Andrea ( FADA); Eisemann y Garod. Siendo usado igualmente como `marca` por FAIRY, y la también americana NAK (Neutrodyne Atwater Kent) y como modelo, por PHILCO (Neudrodyne Philco Plus) .

El `neutrodyne` como fue llamado en los Estados Unidos, fue el primer receptor comercial adaptado al público en general, teniendo tanta aceptación que desde 1923 año de su invención, hasta el año 1927, fueron diez millones de receptores los que se pusieron a disposición de los oyentes con esta nueva tecnología.

Tanto este adelanto tecnológico, como las cifras de su repercusión económica, despiertan el interés de un joven economista altoaragonés que, plantea tras un estudio, las posibilidades de la radio en un futuro próximo como industria, dando a conocer las cifras procedentes del país en donde el radioísmo se encuentra en apogeo, descubriendo con ello todos los vaticinios y cábalas que pudieran hacerse, puesto que aporta datos acerca de los Estados Unidos donde en 1923, el año que apareció el `neutrodyne`, se realizaron ventas de aparatos por valor de doscientos cincuenta millones de dólares, y en el año de 1924 ascendieron las ventas a cuatrocientos. Es por esto que guardando la proporción debida a la población de ambos países, plantea que, si el negocio de radio español, se hallase en las condiciones de disposición que está el americano, se venderían unos cuatrocientos millones de pesetas anuales y sería posible colocar hasta la total saturación del mercado cinco millones de aparatos.

El autor de este trabajo que fue reproducido por algunos periódicos nacionales, explicaba que, ciertamente, sería soñar con algo irrealizable alcanzar una cifra semejante en la radio afición española; pero que no era pedir imposibles, era simplemente aspirar al nivel que como nación culta debía alcanzar España, es decir, no quedándose en uno o dos millones de aparatos receptores y un centenar de estaciones transmisoras. Junto a los datos y cifras, realizaba un llamamiento pidiendo atención por parte de los Poderes públicos, primero por razón de conveniencia cultural y segundo, hasta por las no despreciables cifras fiscales, haciendo la siguiente pregunta en base al impuesto o canon que pagaban los receptores entonces. ¿Han sospechado lo que podría hacerse con un millón de `cánones` anuales de diez pesetas aplicados íntegra y honradamente a sostener una red de broadcasting?.