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"La Sección Femenina fue muy compleja y con contradicciones"

Ángela Cenarro, en la conferencia de ayer en el IEA.
La profesora Ángela Cenarro habló en el IEA del papel de la mujer en la Falange y el Franquismo

El ciclo de conferencias "La mujer en la posguerra española", que tiene lugar en el IEA de Huesca, abordó ayer el rol que jugaron las mujeres en la Sección Femenina de Falange y el Franquismo. Ángela Cenarro, profesora de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza, dio a conocer un fenómeno "muy complejo" y no exento de "contradicciones", puesto que por una parte las mujeres eran "activas políticamente y tenían proyección pública", mientras que por la otra "transmitían un modelo de mujer en el que no encajaban".



O. ISARRE
04/02/2009

HUESCA.- Pilar Primo de Rivera, hermana del fundador de Falange, es el mayor ejemplo de esa contradicción. Aunque enormemente conocida durante la dictadura, en la cual tuvo cargos de responsabilidad en la Sección Femenina, Primo de Rivera sin embargo siguió defendiendo una vez muerto Franco "los principios del 18 de julio", que abocaban a la mujer a ser "madre, esposa y transmisora en el hogar de los valores falangistas", explicó Cenarro en una conversación previa a la conferencia.

Si bien la Sección Femenina acabó siendo un "lastre" al final de la dictadura al ir "por detrás de las reformas impulsadas por otras mujeres conservadoras" y de la "mayoría" de mujeres que tenían "aspiraciones más altas", su papel cambió enormemente junto a las circunstancias históricas de cada momento, coincidiendo su época de mayor número de actividades con la Guerra Civil. Durante esos tres años, las mujeres de la Sección Femenina desempeñaron labores de "asistencia social, propaganda y sanidad", entre otras, a la vez que tenían "el monopolio de la formación de las mujeres", además de ocuparse a labores de retaguardia, que durante la contienda tuvieron "un gran valor", subrayó Cenarro.

La educación femenina que impartía Falange tomaba cuerpo mediante "servicios sociales, escuelas de hogar o la publicación de manuales de economía doméstica", que eran de obligado estudio para las mujeres de la época, apuntó Cenarro. La educación de la mujer quedaba así "dentro del ideario fascista de esposa y mujer, de transmisora de esos ideales en la familia". La profesora universitaria subrayó que "el ideal emancipatorio no estaba detrás de esta educación, algo que sí ocurría en la educación femenina de los republicanos". Al finalizar la contienda civil, el número de mujeres que había en la Sección Femenina cayó drásticamente. "De 600.000 mujeres durante la Guerra Civil pasó a tener 200.000 durante toda la dictadura", afirmó Cenarro, que apuntó a que ya "no existía necesidad de algunos trabajos" que realizó la Sección Femenina durante la guerra.

En diciembre de 1939, se aprobó un decreto que regulaba las funciones de la Sección Femenina, que quedaba limitada a ser "mujer y esposa", aunque desde los años 50, detalló Cenarro, hubo actividad para introducir "reformas" sobre el papel de la mujer en el Franquismo.

En esta tarea destacó Mercedes Fornica, "educada, culta y abogada". Cenarro explicó que Fornica "se distanció de Primo de Rivera y del núcleo de la Sección Femenina".

En 1953 comenzó una campaña para modificar algunas disposiciones del código legal referentes a las mujeres. El empeño fructificaría a medias cinco años más tarde, cuando una ley "introdujo modificaciones muy pequeñas" en la legislación aplicable a las mujeres. Cenarro destacó este hecho al ser "la única" de estas reformas durante toda la dictadura.

Ya en 1960, Pilar Primo de Rivero aceptó "a regañadientes" una ley de promoción de derechos políticos y profesionales femeninos. Sin embargo, Cenarro calificó a la Sección Femenina como "un lastre" durante los últimos años de la dictadura, ya que siempre estuvo detrás de cualquier intento, por tímido que fuera, de reforma de la situación de las mujeres.