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ESCALADA

Dos buenas "chapas" invernales para Peña Guara en el Naranjo

Álvaro, Oscar y Unai, en la cumbre del Pilar del Cantábrico
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Repeticiones de vías potentes como Pilar del Cantábrico y Sueños de Invierno



M.A.B.
27/02/2009

HUESCA.- Si el pasado mes de enero los escaladores de Peña Guara Oscar Palacios y Álvaro Novellón, junto con el bilbaíno Unai, hicieron la cuarta repetición invernal a la vía Pilar del Cantábrico (8a+, 6b/A2+), en el oeste del Naranjo de Bulnes, este mismo lunes Álvaro Novellón y el catalán Ferrán Martínez culminaron con éxito la segunda repetición invernal de Sueños de Invierno, en el mismo escenario, con tan sólo seis vivacs en siete días, frente a los doce que necesitó un equipo ruso en 2001 y los 69 de los aperturistas en 1983.

Álvaro y Ferrán, "los hombres relámpago", no pudieron comunicar la buena nueva hasta la jornada de ayer debido a unos problemas técnicos con los móviles. El lunes, de acuerdo con las informaciones que transmitieron, decidieron hacer un intento en estilo alpino y después de subir dos largos que ya tenían fijados, hicieron cuatro más y llegaron a la cumbre a las doce de la noche. Tres horas más tarde llegaron a las hamacas y la jornada del martes la dedicaron a bajar y hacer algún porteo hasta el refugio. La mítica Sueños de Invierno está considerada como la vía más difícil del artificial de España (6a/A5, 500 metros) y una de las más complicadas de Europa y fue abierta en 1983 por los murcianos José Luis García Gallego y Miguel Ángel Díaz, tras 69 jornadas consecutivas en la pared, que sigue siendo récord mundial de permanencia, según recuerda la revista digital barrabes.com. En la misma edición se señala que en 2001, un equipo ruso fortísimo consiguió repetir la vía en 12 días, fechas que ahora Álvaro y Ferrán han bajado a la mitad.

PILAR DEL CANTÁBRICO

Álvaro Novellón ha redondeado un magnífico comienzo de año. Junto con Oscar Palacio, el bilbaíno Unai y el asturiano Mikel, realizaron entre el 25 de diciembre y el 3 de enero, en el Urriellu, la cuarta repetición invernal al Pilar del Cantábrico, ruta abierta en agosto de 1981.

La idea inicial era escalar dos vías en la oeste del Naranjo, objetivo que ahora se ha visto cumplido. Con unas condiciones meteorológicas muy adversas, por las fuertes nevadas, tuvieron que abrir huella durante tres días antes de comenzar la actividad de escalada. La retirada de Mikel, al no encontrarse bien, propició un cambio de planes y se incorporó Álvaro, que inicialmente se inclinaba por Sueños de Invierno. "Lo más duro fue la aproximación, había nevado mucho y tuvimos que abrir huella. Fueron tres días de porteo desde el pueblo de Sotres hasta el refurio de la Vega, en Urriellu", señala Oscar Palacios.

El día 29 comenzó la escalada, con los dos primeros largos a cargo de Oscar y Unai, mientras se juntaba con ellos Álvaro en el refugio. El día 30 completaron cuatro largos para instalarse en la pared, durmiendo dos noches en el primer vivac. El día de Año Nuevo montaron las hamacas en la séptima reunión y escalaron un largo más. El día 2 terminaron con los largos de artificial y el día 3 madrugaron para intentar la cumbre en compañía de buen tiempo. Para esa jornada final les quedaban pendientes cinco largos hasta la cima, dos del Pilar y la salida por la Rabadá Navarro. El primer largo dio algún problema y fue preciso escalar rápido dada la cortedad de los días. En un día perfecto hicieron cumbre. "Tuvimos mucha suerte con el tiempo, porque hizo bueno. Después de seis días de escalada y cinco en la pared, logramos el objetivo", comenta Oscar.

Después de bajar de la pared, ya en el refugio, se toparon con las dificultades para emprender el camino de regreso a casa. Durante los cinco días siguientes quedaron incomunicados en el refugio. El día 10 de enero fueron evacuados por un helicóptero. Agradecieron a Sergio, el guarda del refugio del Urriellu, todas las atenciones. Pero de vuelta a casa, y como usuarios, enviaron una carta a través de Peña Guara a la Federación Asturiana para expresar el malestar por las precarias condiciones de la instalación, sin unos mínimos y tan sólo con las dos horas diarias de luz que proporcionaban las placas solares y el butano para cocinar.

Sin embargo, el buen sabor que había dejado el trabajo en la pared deja a un lado las incomodidades. "Es una actividad bastante potente. Muy pocas cordadas hacen una invernal en el Naranjo, a lo sumo una al año. Y esta era una vía que muy poca gente había realizado en invierno", señala Oscar, que ha salido fortalecido en su ánimo para seguir haciendo más cosas. Para septiembre, ya apunta hacia Yosemite.