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Flor del desierto

Aziza Brahim actuó en el Matadero.
La saharaui Aziza Brahim cautivó al público oscense



Luis LLES
29/03/2009

HUESCA.- La actuación de Aziza Brahim en el Centro Cultural del Matadero, que formaba parte del programa de la Muestra de Cine Realizado por Mujeres, fue un hermoso espejismo sonoro. Porque, ¿de dónde sale toda esa belleza ¿Cómo es posible que entre tantas pequeñas tragedias surjan voces tan puras, melodías tan deslumbrantes Hablar de espejismo en el caso de esta cantante saharaui, desde luego, no es una licencia poética. Es una verdad incuestionable.

Su actuación atrajo a un numeroso y entusiasta público (a destacar la presencia de las mujeres saharauis, como siempre de punta en blanco, con sus mejores galas, haciendo exhibición de su elegancia natural), que se dejó seducir y cautivar por la voz prístina y melodiosa de Aziza Brahim. Nada que ver con la desértica aridez de su compatriota Mariem Hassan (que ya ha actuado dos veces en Huesca), una mujer de voz grave y profunda que evoca el embrujo del Sahel. Por el contrario, Aziza Brahim posee una voz cálida y dulce, como si se tratara de una flor en medio del desierto, capaz de hipnotizar al oyente con sus melismas y sus fascinantes melodías. Canciones que hablan de orgullo y libertad, de amor y lucha, de alegrías y pesares.

A Huesca llegó Aziza Brahim con una versión reducida de su grupo Gulili Mankoo. Con el único acompañamiento de un djembé, una derbuka (tocada por la propia Aziza) y la guitarra eléctrica de Gonzalo Ordás, esta valiente saharaui fue tejiendo un entramado hipnótico, que alcanzó su cenit en la emocionante "La tierra derrama lágrimas". Su mezcla de blues del desierto y psicodelia africana se emparenta con la música tuareg de Toumast y Tinariwen, con el afroblues del fallecido Ali Farka Toure y con la música mora de cantantes mauritanas como Dimi Mint Abba y Malouma. Al final, en los bises, arropada únicamente por la percusión, Aziza Brahim nos hizo partícipes de los latidos del desierto. El corazón del Sáhara.