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CARTAS AL DIRECTOR

La "restauración" de la muralla de Huesca




Chesús Á. GIMÉNEZ ARBUÉS
28/05/2009

Pobre muralla oscense ¡quién te ha visto y quién te ve! ¡Qué solitaria te encuentras! ante los desmanes y atropellos a los que te están sometiendo ¡y nadie es capaz de levantar una voz en tu defensa! Hay como digamos una especie de silencio pactado, un sospechoso silencio, donde parece que todos (instituciones con competencia en la materia, defensores del casco antiguo, historiadores, historiadores del arte, "huesquetas" y no "huesquetas", partidos políticos, etc) han enmudecido de repente; es como si no tuvieras derecho a nada, como si fueras un cobaya en el que están experimentando cosas nuevas ante la total indiferencia.

¡Pobre muralla de Huesca!, sí, hay que decir a grito pelado ¡pobre muralla de Huesca! porque la "restauración" que le están haciendo actualmente no es una "restauración" es una auténtica y vergonzosa chapuza, muy especialmente el tramo orientado hacia el norte; vamos que ni los famosos personajes del tebeo Pepe Gotera y Otilio harían semejante irrespetuoso despropósito.

Porque lo que están haciendo en ti, muralla, es eso; una falta de respeto hacia ti y hacia la historia, es una burla claramente manifiesta hacia todos y un ejemplo de cómo se despilfarra el dinero público en actuaciones absurdas que lo único que van a lograr es que seamos el hazmerreír del mundo entero, para vergüenza de quienes han autorizado y están permitiendo este atentado contra ti.

Pero fíjate, muralla, si tienen poco talento quienes dicen velar por ti, que mientras están afanosamente haciéndote las mil y una ignominias, están dejando de lado el Torreón del Amparo; es decir, dicen que quieren dejarte "guapa" (no sé qué entenderán por este término) y justamente a tu lado, un torreón del siglo XIV de la época de Pedro IV el Ceremonioso, que forma parte de ti, está abandonado a su suerte, sin restaurar; vamos que vemos fotos de la Huesca de los años 30 ó 40 del pasado siglo XX y el torreón que te acompaña sigue en la misma situación de dejadez y abandono que estaba entonces.

Espero que esta carta, querida muralla, llegue al corazón de quienes tiene que llegar, éste se ablande, si lo tienen de carne y no de piedra, y actúen en ti como es debido actuar, con respeto y sensibilidad hacia ti, la historia y la ciudadanía en general y responsabilidad.