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Entre humo y poesía

Ángel Petisme, durante el concierto ofrecido el pasado viernes en Huesca.
Ángel Petisme inauguró la nueva temporada de conciertos de la Sala Edén



Luis LLES
18/10/2009

HUESCA.- A Ángel Petisme se le ha podido ver en Huesca en los más diversos escenarios: en la intimidad del Centro Cultural del Matadero con el público acomodado, al aire libre en el Parque Miguel Servet con motivo de la Feria del Libro (lloviendo o con un árbol ardiendo sirviendo de incómoda escenografía), o al calor del público bullicioso de la Sala Edén. Allí actuó hace unos años con su proyecto Sacco y Vanzetti (junto a El Mecánico del Swing), y allí regresó el viernes para presentar su nuevo disco, "Río Ebrio".

Como si se tratara de una reedición del espíritu de la generación beat, el cantautor bilbilitano desgranó sus canciones entre humo y poesía, entre el barullo del público y la emoción de sus versos. El resultado fue una actuación tan entrañable como desconcertante, con unos ciertos tintes surrealistas de su adorado Buñuel. Acompañado por una banda solvente y poderosa, paradójicamente (dado su conocido poco aprecio por todo lo yanqui) Petisme se presentó más "americano" y rockero que nunca, aunque bien es cierto que también es muy conocida su pasión por mitos americanos como Bob Dylan o Lou Reed. El magnífico guitarrista que Petisme lleva en su banda es precisamente el "culpable" de que canciones como "El pozo de San Lázaro" y "Yo qué sé" nos hagan recordar al Lou Reed de "Rock & roll animal" y "Coney Island baby" respectivamente. Pero por encima de todo está la personalidad de un Ángel Petisme cada vez más seguro de si mismo que se ha ido labrando su trayectoria y su prestigio a base de combinar, con una sensibilidad no exenta de ironía, poesía y canción, rock y compromiso social, todo ello surcado siempre por su amor al territorio aragonés, por sus campos y ciudades, sus paisajes y sus gentes.

Aunque su actuación sirvió sobre todo para presentar las canciones de su nuevo disco, "Río Ebrio", no desdeñó el rescate de algunos de sus temas antiguos. Y así, fue alternando piezas como "Rosa de Jericó", "Miedo", "Para Aragón" (en recuerdo de José Martí y su estancia en Zaragoza), "La habitación salvaje", "Dos bicicletas", "Bailando en campos minados" (con su aire funky y su adecuada traslación a la crisis actual), "Todo fluye", "Donde muere la carretera" o esa deliciosa ranchera que es "Los olvidados". Terminó con "Cierzo", pero echando mano de su sutil ironía, preguntó al respetable (al que, por cierto, estuvo toda la noche complaciendo con las más diversas y peregrinas dedicatorias), "¿he oído otra, otra, o es que soy un chico fácil ". Dicho y hecho, ofreció un bis divertido y hedonista en el que sonaron "El tranvía verde" y "Cuando llego a Huesca", un tema que surgió improvisadamente en su actuación del Centro Cultural del Matadero y que en esta ocasión interpretó acompañado de unas espontáneas fans, a las que él mismo llamó "petismettes". Un fin de fiesta perfecto.