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CARTAS AL DIRECTOR

Algunas personas buenas: don José María Aso Buen




José Mariano SERAL
23/03/2010

Corría el año 1975 cuando don José María vino por estas tierras, aunque ya había tomado algún primer contacto con la zona siendo párroco de Santa Eulalia, anteriormente había estado en Anzánigo, Grañén, Sariñena, entre otros.

Pronto fue conociendo a sus feligreses, ganándose su afecto y cariño, al igual que el buen pastor cuida de su rebaño llevándolo por verdes veredas, don José María velaba por sus gentes. El que escribe estos vocablos en mis primeros años de monaguillo, le recuerdo como aquellos profesores que se ganaban el respeto del alumnado por su sabiduría, por su buena didáctica, sin la necesidad de levantar el tono de voz, ni recurrir a ningún tipo de acción punitiva para imponerse.

Siempre preocupado por sus gentes, por los niños que representan el futuro, la mano que regirá más adelante y tendrán la oportunidad de mejorar esta sociedad en constante evolución, preocupado por los ancianos con sus inquietudes, sus historias, siempre al lado de los enfermos. Participando con el pueblo, uniéndose con él en las fiestas, meriendas, matacías, excursiones, etc. También tendiendo su mano al que le pide ayuda, siempre una palabra de aliento en los momentos difíciles, en los momentos de dolor. Conocedor de los problemas del sector agropecuario: si este año habrá buena siega o no, si las blancas flores de los almendros se helarán o no, con sus rogativas en los años de sequía pidiendo que las aguas sacien la sed de los campos, con sus bendiciones de los términos pidiendo que las espigas se tornen doradas, que los olivos den aceitunas en abundancia, que las vides den buen vino, que las tierras den fruto. Viendo con añoranza cómo los vecinos se marchaban en busca de una vida mejor en las ciudades, sumiendo a los pueblos en el silencio, privándolos del bullicio del gentío.

Vivimos en una sociedad en la cual todo se hace deprisa, en ocasiones es una sociedad agresiva, injusta, en la que se pierden los valores humanos, pero de vez en cuando en medio de la oscuridad una luz brilla en el horizonte, te encuentras con personas, humildes, buenas, personas rectas, justas, bondadosas, como es don José María, su diáfana mirada engalanada por el esbozo de una sonrisa lo dice todo, basta con escuchar sus palabras llenas de contenido, transmitiéndonos reglas tan sencillas como saber diferenciar lo que está bien de lo que está mal, ese camino del bien siempre más duro, cuesta arriba, tortuoso, de firme irregular y a pesar del esfuerzo que supone recorrerlo no siempre se obtiene recompensa, pero es el camino a seguir.

Su constante preocupación por nuestras iglesias y ermitas, tirando del carro para que cada sillar permanezca en su posición, su inquietud por que se siga escuchando el tañido festivo de las campanas, su inquietud por que se siga escuchando un cántico nuevo en su interior, su inquietud por que se siga orando en su interior, su inquietud por mantener tradiciones como las romerías, exhortando a sus vecinos para sacar del silencio y soledad a las ermitas, como fue el caso de la de San Pedro.

Cómo no reseñar iniciativas tan loables como la hoja parroquial, de agrado de sus feligreses por su carácter local: "Albor", su significado lo dice todo: Comienzo de una cosa, blancura perfecta.

Persona polifacética, de un gran bagaje cultural, de gran capacidad de trabajo, con una gran vocación por la música. En su extenso curriculum figura entre otros: Profesor, director de la coral de Santo Domingo, de la rondalla de Ayerbe, en la compañía podemos escuchar sus acordes, director de la Residencia Sacerdotal, su gran labor en el hospital Sagrado Corazón de Jesús, de vez en cuando podemos leer su nombre en prensa como capellán de la sociedad deportiva Huesca.

Cada domingo y demás días festivos recorre nuestros pueblos, en el gélido invierno, en la floreciente primavera, en el tórrido verano, en el dorado otoño, siempre está allí puntual a su cita.

Hoy es un día de alegría, de reencuentro, en la tez de tus feligreses se esboza una sonrisa, queremos expresarte nuestro más sincero agradecimiento:

Gracias por tener la mano tendida, gracias por tener la puerta siempre abierta, gracias por tus palabras de aliento, gracias por recordarnos el camino del bien, gracias por recordarnos que debemos cuidar nuestras iglesias y ermitas, gracias por tus palabras llenas de contenidos, llenas de valores, gracias por preocuparte de nosotros estos 35 años. Gracias, don José María.