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LITERATURA

La perdiz blanca



Cecilia Bardají. Ediciones Libertarias.



Luis GÓMEZ CALDÚ
03/10/2010

Esta novela dividida en 16 capítulos tiene como pórtico una cita de Katherine Mansfield sobre la realidad y la imaginación, siendo superior la potencia fantástica de la segunda sobre la fría y rutinaria vivencia de la primera.

La grausina Cecilia Bardají, con una prosa muy cuidada y elaborada, llena de matices sensoriales, especialmente pictóricos, en esta su primera incursión narrativa, se ha atrevido con un relato donde la imaginación tiene un papel decisivo. Está narrada en primera persona y su protagonista es una niña cuya fantasía le permite evadirse de la cruda realidad familiar donde su padre y su abuela paterna ordenan la vida de los demás y en donde la madre ocupa un papel ahogado por los gritos y acoso del marido.

Partiendo de una geografía aragonesa reconocible por los numerosos topónimos que la rodean podríamos decir que parte de lo local, Graus y sus alrededores en este caso, para alcanzar lo universal a través de la imaginación: los sueños imposibles, el deseo de felicidad, el recuerdo de la infancia, la pérdida de la inocencia y la imposibilidad de alcanzar lo anhelado. Los ríos Ésera e Isábena, Monte Perdido y la Maladeta, el Congosto de Ventamillo, el pico de Cotiella, el macizo del Turbón, el Pirineo aragonés en suma, desfilan ante nuestros ojos, pero también la casa imaginada en la cima del monte donde la niña piensa alojar y proteger a su madre de la ira de su progenitor.

No es habitual que una niña del ámbito rural se erija en protagonista de una historia contada con una cadencia rítmica muy notable, bien escrita, que llega a interesar y picar la curiosidad del lector por conocer el inesperado final de esta trama, mitad real, mitad ficticia.

La faceta profesional de la autora, profesora de Literatura española (además de pintora y fotógrafa), se deja sentir en las alusiones literarias a Lewis Carroll, William Shakespeare, Goëthe y Óscar Wilde. A veces percibimos también su paleta pictórica: "teñidas de óxidos naturales: azul cobalto, verde hoja, rojo en ocasiones, casi sangre, ocre a menudo, y color siena y otros muchos".

En definitiva, un primer acercamiento al lector lleno de sensibilidad y encanto, con las relaciones familiares al fondo de un cuadro donde con inteligencia y buenas maneras Cecilia Bardají ha acertado a transmitirnos un potente mundo imaginario, fruto de su demostrada preparación y de su amplia capacidad de sugestión.