print
 

"La emoción hay que sentirla, no pensarla"

Más de cien personas participan en Huesca en las sesiones sobre resolución de conflictos.
12
Afrontar los sentimientos y perderles el miedo ayuda a solucionar los conflictos cotidianos



S.C.
13/10/2012

HUESCA.- Las relaciones con los demás son fuente de enormes satisfacciones, pero también de quebraderos de cabeza en nuestra vida diaria. Afrontar los conflictos cotidianos que nos hacen sufrir puede ser más sencillo si profundizamos en nuestras emociones y aprendemos a entenderlas. El psicólogo Jesús Jiménez Cascallana distingue en ellos una parte externa y otra interna. La primera es el hecho en sí: La relación con un amigo o un problema con un compañero de trabajo, y la segunda "lo que sucede internamente, las emociones, el pensamiento, las reacciones". Una buena fórmula para afrontarlos es "definir bien qué partes tiene un conflicto y cómo abordar las emociones y el pensamiento, y ver las cosas de una forma que las haga más fáciles de resolver".

Se puede pensar que la solución es tratar de vivir las cosas de una forma diferente a como lo hacemos, "pero no es fácil; en realidad no se puede. Tú reaccionas en función de tus emociones", apunta Jesús Jiménez. Por eso el modo correcto de encararlas debe evitar tanto el choque como la huida. Un error común es escapar de las emociones, frente a lo que el psicólogo propone "aprender a sentirlas y entenderlas". Conforme uno pierde el miedo a sus sentimientos "baja la presión y se puede ver el problema con más facilidad".

La clave es que "la emoción hay que sentirla, no pensarla". Aunque aprendamos a reprimirnos, autoconvencernos o escapar de ella, "queda ahí sin resolver, con lo que la mitad del problema va a seguir incordiando".

Por el contrario, afrontar la emoción ayuda a "perderle el miedo a lo que sientes, así que reaccionas menos, no se acelera el pensamiento, no actúas sin pensar. Puedes sentir algo y ya no te vence, te da el margen para evaluar la situación y ves que puedes dar otra respuesta".

Una vez se aprende a sentir las emociones del cuerpo, sin intervenir en ellas, se puede ejercitar algo tan simple como cerrar los ojos y visualizar lo que sentimos. "Si siento una tensión no intento relajarla, solo la siento. Cuando uno está sintiendo, un ejercicio clásico es recordar algo que nos preocupe y ver cómo reacciona el cuerpo, sentir la angustia, o la presión en el estómago o en los hombros, y prestar atención", propone como ejercicio práctico.

No rechazar nuestros sentimientos ayuda a perderles el miedo, con lo que la tensión emocional disminuye, incluso desaparece. Afrontar la emoción sintiéndola, "desciende mucho el nivel de estrés, incluso la aceleración del pensamiento". Si no se evita esto "no damos respuestas inteligentes, sino impulsivas".

En las preocupaciones cotidianas también deja su huella la crisis, "pero la mayoría de las veces los problemas llegan por las relaciones", asegura el psicólogo. Padres e hijos, amigos, compañeros de trabajo, todas las relaciones entrañan dificultades, pero curiosamente las más cercanas son las que provocan más tensiones.

CURSO DE PSICOLOGÍA PRÁCTICA

Jesús Jiménez asegura que aprender a hacerlo no es tan difícil, "pero requiere un poco de dedicación y aplicarlo a la vida cotidiana, estar un poco atento y en vez de reaccionar intentar ir entendiendo lo que nos pasa".

Resolver los conflictos que nos hacen sufrir en la vida cotidiana es el objetivo del curso que Jesús Jiménez imparte este mes con la psicoterapeuta María Ibáñez Goicoechea en el Centro Cultural del Matadero de Huesca. Es la novena edición de un programa gratuito de la asociación Psicología e Introspección en el que está previsto que participen casi 150 personas. Jiménez asegura que en ediciones anteriores muchos participantes les han asegurado que el sistema funciona. "Es útil y práctico y se nota que a la gente le sirve".

Entre los participantes los hay de todas las edades, aunque predominan las mujeres sobre los hombres. "Ellas están más abiertas; a los hombres les cuesta más, pero va bien a todo el mundo", asegura.

El programa ayuda con los problemas habituales, pero no sustituye a la atención de un profesional cuando existe un trastorno grave. "Cuando uno empieza a ver que no puede llevar una vida cotidiana normal, cuando el problema empieza a ser obsesivo, nos hace encerrarnos en casa o no nos deja dormir, cuando empieza a desbordarnos debemos acudir a alguien, si uno no lo sabe resolver".