Eduardo MARTÍNEZ CARNICER 27/09/2009
Qué caprichosa soy, tengo cuatro primeros para elegir y quiero la ensalada
de aguacate y langostinos que no sale en el menú. Sí, soy caprichosa.
Me gusta ver las películas que aún no han estrenado, probarme el vestido
que ayer adornaba el escaparate, leer un libro descatalogado, me gustaba asomarme
al cuarto de mis padres, quería abrir su mesilla, esconderme en el armario,
me gustaba el novio de mi mejor amiga, me gusta poseer lo imposible. Lo fácil
apenas me seduce. Qué caprichosa soy.
Me identifico con Eva y con la manzana. La fruta prohibida tiene un sabor agridulce,
me da un cosquilleo en el estómago que a veces la escupo y otras la saboreo.
Se me llena la boca de un jugo afrodisíaco, con la lengua juego a hacer ruiditos
con la saliva, hincho los carrillos y mi cabeza empieza a dar vueltas como si celebrara
un baile de neuronas. Esa manzana ya no la encuentro en casa. Cuando abro la puerta
oigo la televisión y a Julio adormecido en el sofá. Ya sé que no
es culpa suya el que no tenga trabajo. Ya sé que tuvo mala suerte en el último
empleo, que fue víctima de una que llevaba a la práctica mis sueños
y huyó despavorido, mi Julio.
Me cuenta, Julio, que ha subrayado varios anuncios en el diario, que mañana
buscará las calles, intentará precisar algún dato más. Pasado
se decidirá a abordarlos. No le digo nada. Por eso me lo repite, bajando la
voz, a la espera de mi confirmación. No se me ocurre nada. No quiero herirle.
No quiero herirle más.
A mí en el trabajo me va bien. Me han nombrado responsable de zona. Exactamente
no es un ascenso, lo llaman una promoción. Dependerá de las ventas que
obtengamos este mes para que me dejen fija en el despacho, para que no tenga que
salir a diario a vender los productos de limpieza por los comercios. Yo me lo paso
bien de vendedora, charlando con los clientes, enseñando los muestrarios, comentando
lo caro que está todo, la inflación y esas cosas, tomando cafés en
vasos de plástico, aparcando en doble fila. Se crean unos lazos de afecto en
estas visitas de comercial que me dejo seducir por mensajes en el móvil, por
las tarjetas que me caen en los bolsillos. Cuando las miro tengo ganas de contactar,
de saber más de esos comerciantes que sólo pudieron dedicarme unos segundos.
Llego a casa cansada. Julio me mira desde su soledad, desde el puente que se eleva
entre nosotros.
Me han invitado a esquiar. De niña no aprendí a esquiar. El fin de semana
aprenderé a esquiar. Me apetece aceptar la invitación. Me iré a esquiar.
Un capricho.
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